Juan Carlos Carrasco, experto en personas altamente sensibles.

Juan Carlos Carrasco, experto en personas altamente sensibles. Cedida

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Juan Carlos Carrasco es una persona altamente sensible: "La gran trampa de este rasgo es intentar ser como el resto"

El autor de 'Ser altamente sensible' explica cómo descubrir el rasgo le permitió "dejarse ser" y transformar una sensación de extrañeza para ayudar a otros.

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Desde pequeño, Juan Carlos Carrasco (Gijón, 1974) se sintió diferente. Mientras otros niños naturalizaban la violencia en los juegos o no daban importancia a acciones como, por ejemplo, aplastar un caracol, él no entendía qué sentido tenía dañar a un ser vivo sin motivo.

En el colegio, más que centrarse exclusivamente en las explicaciones, estaba atento al estado de ánimo de sus compañeros y a los cambios en el tono de voz del profesor. "No comprendía la injusticia, la violencia, la manipulación y el sinsentido del mundo", escribe hoy en su libro.

En aquellos años creyó que había algo en él que no encajaba. Formaba parte de ese 15% a 20% de la población —una cifra que algunas investigaciones recientes elevan hasta el 30%— que presenta una sensibilidad de procesamiento más elevada.

El rasgo fue descrito por la psicóloga Elaine Aron en la década de 1990 y se conoce como alta sensibilidad, pero, para cuando Carrasco atravesó su infancia, no existía un nombre que explicara por qué vivía las emociones con tanta intensidad.

En su caso, analizaba todo hasta el extremo y se sentía desajustado en un entorno que parecía funcionar con otras reglas.

"Cuando estás en un porcentaje del 15 o 20% de la población y ves que el resto se mueve en otra dirección, la lógica te lleva a pensar que el problema lo tienes tú", explica Carrasco. Y esa es, a su juicio, la gran trampa de las personas altamente sensibles (PAS): esforzarse por corregir aquello que no necesita ser corregido.

Durante mucho tiempo convivió con ese cuestionamiento constante. "Era un niño muy introvertido, con una vida interior tremenda", recuerda. Dudaba de sí mismo, de su manera de interpretar el mundo y de la aparente indiferencia con la que otras personas afrontaban situaciones que a él le resultaban de lo más perturbadoras.

La cuestión es que la alta sensibilidad no es una enfermedad ni un trastorno. Tampoco significa simplemente ser muy sensible.

Se trata de un rasgo neutro de la personalidad que implica "una mayor sensibilidad a los estímulos, tanto internos como externos", y que combina una intensa vida emocional, una profunda capacidad de análisis, una extraordinaria atención a los detalles y una mayor tendencia a la sobreestimulación.

Y esa es la realidad que resume Carrasco al comienzo de su obra: "Las personas altamente sensibles son seres humanos muy humanos".

Un nombre

La explicación que buscó durante décadas llegó de forma inesperada. Fue una amiga quien, tras escucharle describir su intensidad emocional y ese "vértigo existencial" que le había acompañado desde siempre, le sugirió que podía ser una persona altamente sensible.

"Por un lado encontré respuestas y, por otro, se abrieron muchísimas incógnitas", recuerda. Aun así, aquel descubrimiento supuso un punto de inflexión.

Comprendió que muchas de las características que había intentado reprimir —su necesidad de analizarlo todo, su empatía o su tendencia a emocionarse profundamente— no eran defectos, sino expresiones naturales de su personalidad.

"Fue redescubrirme. Tomar el control, tener dirección y permitirme ser yo mismo", afirma. Esa comprensión tuvo un efecto directo sobre su autoestima y sobre su manera de relacionarse consigo mismo y con los demás.

"Saber que era altamente sensible transformó mi vida y me permitió lograr algo contra lo que había luchado siempre: dejarme ser", asegura.

Entre un 15 y un 20% de la población mundial es una persona altamente sensible.

Entre un 15 y un 20% de la población mundial es una persona altamente sensible. iStock

Ese proceso personal es también el núcleo de Ser altamente sensible. Todo lo que necesitas saber para identificar, entender y gestionar el rasgo (Kitaeru, 2026), un libro que combina experiencia autobiográfica, divulgación científica y herramientas prácticas para ayudar a quienes han vivido con la sensación de ser distintos sin saber por qué.

La obra explica que el rasgo se manifiesta a través de cuatro características fundamentales. La primera es el procesamiento profundo de la información; pues las PAS analizan y conectan datos de manera constante. La segunda, la emocionalidad y la empatía, especialmente desarrolladas.

La tercera, la sensibilidad a las sutilezas, que permite detectar cambios mínimos en el entorno y en las personas. Y la cuarta, la sobreestimulación, que aparece cuando el sistema nervioso se satura por un exceso de estímulos.

De hecho, según un estudio publicado en 2014, las personas con alta sensibilidad muestran una actividad cerebral más intensa en áreas relacionadas con la empatía, la conciencia y la planificación de acciones, incluso en momentos de reposo.

Asimismo, otra investigación realizada en Francia en 2024 observó que muchas de ellas tienden a preocuparse más por su salud, especialmente cuando les cuesta identificar con claridad si lo que sienten tiene un origen físico o emocional.

El riesgo de la incomprensión

Carrasco insiste en que la alta sensibilidad, en sí misma, no es problemática. El verdadero peligro surge cuando la persona desconoce su funcionamiento y convierte sus capacidades en una fuente de sufrimiento.

"El principal riesgo es enfermar por malinterpretar el entorno y lo que sucede dentro de ti", advierte. Pues, esa desconexión puede derivar en ansiedad, depresión o una sensación crónica de inadecuación.

Tanto es así que, en su experiencia como coach, Carrasco ha comprobado que muchas personas altamente sensibles llegan a terapia convencidas de que tienen un defecto. Cuestionan cada decisión, rumian durante horas y dudan de su propio criterio. Pero, cuando entienden el rasgo, la percepción cambia radicalmente.

"Comprender la alta sensibilidad te permite liberar todo tu potencial", sostiene. Ese potencial puede expresarse de formas muy diversas: creatividad, intuición, capacidad de anticipación, habilidad para gestionar equipos o un disfrute especialmente intenso de la belleza, la naturaleza y las relaciones profundas.

La sobreestimulación es, no obstante, uno de los grandes desafíos del rasgo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que vivimos en un entorno saturado de ruido, pantallas, información y exigencias constantes, donde el sistema nervioso de una PAS tiende a agotarse con mayor rapidez.

"En un mundo cada vez más deshumanizado, las personas altamente sensibles sufren mucho", señala. De ahí que, tras una jornada laboral intensa, necesiten más descanso y silencio que la media para recuperar el equilibrio.

Por ese motivo, entre sus recomendaciones, Carrasco destaca el contacto con la naturaleza, la actividad física, el descanso adecuado, una alimentación equilibrada, la escritura y el aprendizaje de un diálogo interno más amable.

Humanizar la sociedad

Lejos de considerar la alta sensibilidad como una debilidad, Carrasco la interpreta como una estrategia evolutiva que ha sido esencial para la supervivencia del grupo.

De hecho, según explica, la diversidad de temperamentos —personas más cautas y otras más impulsivas— permitió a nuestros antepasados adaptarse mejor a entornos hostiles.

"Necesitamos que haya personas intrépidas y necesitamos que haya personas cautas", explica.

Esa reflexión adquiere especial relevancia en la infancia. Y, por ese motivo, Carrasco dedica un capítulo a los Niños Altamente Sensibles (NAS), que suelen mostrar introversión, gran observación y una intensa respuesta emocional desde edades tempranas.

Juan Carlos Carrasco, autor de 'Ser altamente sensible. Todo lo que necesitas saber para identificar, entender y gestionar el rasgo PAS' (Kitaeru, 2026).

Juan Carlos Carrasco, autor de 'Ser altamente sensible. Todo lo que necesitas saber para identificar, entender y gestionar el rasgo PAS' (Kitaeru, 2026). Cedida

Aunque, para las familias, el mensaje es claro: no deben intentar cambiar al niño, sino acompañarlo.

"Educar no tiene que ser modificar; tiene que ser una guía", afirma. Y resume esa tarea en una idea sencilla: "Hay que darle seguridad y hacerle atender que ser él está bien".

La cuestión es que precisamente en un escenario marcado por el individualismo, la hiperestimulación y la desconexión emocional, Carrasco aboga por que la sensibilidad es más necesaria que nunca. "Es algo positivo, necesario y humaniza la sociedad", defiende.

Y ese, en resumidas cuentas, es el propósito último de su libro: ofrecer un mapa a quienes han vivido sintiéndose fuera de lugar y demostrar que, cuando se comprende y se gestiona adecuadamente, la alta sensibilidad deja de ser una carga para convertirse en una de las formas más profundas para comprender el mundo y de relacionarse con los demás.