Ted Danson en una imagen de archivo.

Ted Danson en una imagen de archivo. Franz Mahr

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Ted Danson, actor y fundador de Oceana: "España es un actor importante y podría cambiar el sector pesquero en el mundo"

El intérprete celebra el 25 aniversario de la institución preocupado por los retos actuales y a futuro en la protección de los océanos.

Más información: Nùria Casacuberta, oceanógrafa: "Solo las decisiones políticas podrán hacer grandes cambios [en la crisis climática]"

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Ted Danson (San Diego, California (Estados Unidos), 78 años) es un actor presente en la vida de varias generaciones. Desde los adolescentes que crecieron viendo Cheers (1982), a los que lo hicieron con CSI: En la escena del crimen (popularmente conocido como CSI: Las Vegas) (2000).

Los más jóvenes podrán reconocerlo en series como The Good Place (2016) (El buen lugar, en español) o, la más reciente, El hombre infiltrado (2024). Estos son solo algunos títulos de su prolija filmografía, pero su labor va más allá de las pantallas.

Cuando no actúa, invierte su energía en su otra pasión: la protección de los océanos. Unos ecosistemas de los que se enamoró durante su adolescencia en una visita a Los Ángeles para ver a sus primos.

Como alguien que había crecido en el desierto, fue una gran sorpresa encontrarse ante esa masa enorme de agua. "Eso me hizo amarlo y preocuparme por él", cuenta el intérprete.

Danson es uno de los fundadores de Oceana, la organización internacional más grande dedicada exclusivamente a la conservación de los océanos. No obstante, se reconoce más como cara visible y destaca, como clave de su éxito en esta empresa, a todos los expertos y científicos que le rodean.

El actor charla durante la celebración del 25 aniversario de Oceana con ENCLAVE ODS sobre los retos actuales y a futuro en la protección de estos entornos.

Su padre era arqueólogo y antropólogo. ¿Cómo ha influido eso en su percepción de la importancia de conservar el planeta?

Me enseñó que han pasado muchas cosas antes que nosotros y espero que vengan muchas más después. Para eso, la clave es cómo administramos lo que se nos ha dado. Es decir, cómo cuidamos el planeta.

También crecí cerca de las tribus de los hopi y los navajos, que toda su vida espiritual consiste en celebrar la tierra. La combinación de estar cerca de mi padre, como arqueólogo y antropólogo, y de estos pueblos fue lo que más me influyó cuando era joven.

¿Fue entonces cuando empezó a luchar por la naturaleza?

No. Comencé en el cuarto o quinto año de protagonizar Cheers. La serie era muy popular, yo ganaba mucho dinero y empecé a pensar que tenía que ser responsable.

Entonces conocí a un abogado ambientalista llamado Robert Solnit, que estaba intentando impedir que una empresa petrolera realizara perforaciones parciales en la bahía de Santa Mónica. Querían construir 60 pozos de petróleo. Nosotros nos reunimos y evitamos que se llevara a cabo.

Después de eso, decidimos crear la organización American Oceans Campaign [entidad que posteriormente se integraría con otras fundaciones similares para conformar Oceana].

¿Cuáles son para usted los principales retos en la protección de los océanos?

El mayor problema es que corremos el riesgo de vaciar nuestros océanos con la sobrepesca. La gente tiene que entender que solo salvando los océanos podremos alimentar al mundo.

Hay que dejar de pescar con redes de arrastre de fondo, que destruyen el hábitat marino. Si no se escucha a la ciencia y las cuotas que recomienda, la pesquería se derrumbará.

En Oceana también nos hemos dado cuenta del enorme despilfarro que hay en este sector. El pescado que los pescadores no quieren lo tiran por la borda. Un tercio de lo que se captura en el mundo acaba arrojado de vuelta al mar, animales muertos o moribundos.

Si esto se acaba traduciendo en un 20% de reducción de las poblaciones de peces, no es seguro que puedan recuperarse. Solo se logrará si se toman las medidas adecuadas.

Además, nos preocupa la extracción de petróleo en alta mar, que es horrible para la pesca y siempre acaba en derrames de crudo.

Ted Danson durante un acto organizado por Oceana.

Ted Danson durante un acto organizado por Oceana. Molly O’Keeffe

¿Cómo se está traduciendo esto?

Es preocupante porque ya hay países de África cuyas aldeas no pueden pescar. Gente que realiza esta tarea de forma artesana, en canoas o botes pequeños, para alimentar a sus hijos. Ahora no pueden hacerlo, por lo que el debate va, incluso, más allá de la población de peces. Estamos hablando de personas y vidas.

En foros como Our Ocean se anuncian millones de dólares y miles de kilómetros cuadrados protegidos. Desde su experiencia en Oceana, ¿cómo distinguimos la protección real del simple bluewashing [estrategia de márketing que exagera el compromiso de una empresa con los océanos], y qué mecanismos exigiría para que los gobiernos cumplan lo que prometen?"

Europa está bastante mal en ese sentido. Internacionalmente hay países que, cuando desarrollan medidas de protección, lo hacen de forma real porque, por defecto, prohíben dragar, minar y pescar.

Sin embargo, en Europa y España, hay muchas zonas marinas preservadas en las que todavía se puede continuar realizando algunas de las actividades más destructivas. Es absurdo.

Hay una cosa muy interesante que se le ocurrió a Oceana, una herramienta llamada Global Fishing Watch. Permite observar cualquier barco durante un período de tiempo determinado y en cualquier parte del mundo. Solo hace falta que tenga su transmisor incorporado, algo obligatorio por ley.

Solo hace falta abrir el ordenador e ir a Global Fishing Watch para ver dónde ha estado un barco, por ejemplo, en las últimas 12 horas.

Las áreas marinas protegidas son reconocibles en el mapa, si se ve un barco que se acerca y navega por ella a gran velocidad, ya está, simplemente la ha atravesado. Por otro lado, si comienza a hacer zigzag, se sabrá que están pescando ilegalmente en una zona protegida.

Hablando de España, es una potencia pesquera y, al mismo tiempo, se ha comprometido a proteger estrictamente el 10% de sus mares para 2030. ¿Diría que el país es hoy parte de la solución o parte del problema?

Creo que es muy capaz de convertirse en parte de la solución. Lo interesante es que la huella que deja su capacidad de pesca en todo el mundo es enorme. Si [las autoridades] empezaran a convertir esas zonas supuestamente protegidas en áreas preservadas de verdad, prohibiendo las redes de arrastre de fondo, marcaría una diferencia enorme.

España es un actor muy importante y creo que podría cambiar la pesquería a nivel mundial.

¿Qué medidas se deben tomar con urgencia?

Eliminar las prácticas pesqueras más industriales e impactantes. Es la única forma de crear oportunidades para los pescadores a pequeña escala, cuyo trabajo es de bajo impacto. Aunque de miedo, es una medida que crearía más puestos de trabajo entre quienes trabajan de esta forma.

Usted ha utilizado deliberadamente su fama para amplificar el mensaje de científicos y oenegés. Mirando a las nuevas generaciones de activistas climáticos y oceánicos, ¿qué les diría que funciona de verdad para cambiar leyes y comportamiento?

Lo principal es tomar las decisiones basándose en la ciencia. Solo de esta manera podrán saber dónde están y mejorar las cosas. Es importante trabajar con los gobiernos, pero también con los medios de comunicación y las empresas.

A veces intentamos reunirnos con personas o compañías que se encuentran en medio del problema. Ahí, si podemos convencerlos de que cambien su forma de actuar, lo celebramos. Si no lo hacen, los presionamos mediante los medios de comunicación, la opinión pública y, con suerte, cambiando las leyes a la vez.

Hay que hacer todo ese trabajo, pero empezando por la ciencia, porque no queremos simplemente sentirnos bien y poner mala cara a los problemas. Queremos cambiarlos.

Pensemos en 2030: si ese año nos sentáramos de nuevo a hablar de todo esto, ¿qué tres cambios muy concretos le gustaría poder señalar para poder decir que no hemos fallado al océano?

Lo primero, que no hubiera más sobrepesca, prácticas ilegales ni destructivas. El arrastre de fondo convierte el lecho marino en pozos de grava al rodar sobre los arrecifes de coral. Me gustaría ninguno de ellos se siguiera utilizando porque son enormemente dañinos para los océanos.

Además, me gustaría que la ciencia volviera al trono que le pertenece, que se la volviera a respetar y sirviera de base para pescar en nuestros océanos. No es suficiente con poner reglas, también quiero que se cumplan.