El ambientólogo y divulgador valenciano Andreu Escrivà. Kike Taberner Cedida

El ambientólogo y divulgador valenciano Andreu Escrivà. Kike Taberner Cedida

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Andreu Escrivà, divulgador, sobre la amnesia ambiental: "Se nos olvida que hemos vivido inviernos menos caóticos"

El doctor en Biodiversidad explica qué hace que perdamos la conciencia de la realidad de la crisis climática que vivimos.

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"Las personas nos adaptamos a las temperaturas o el clima de los últimos cinco o seis años", indica el ambientólogo y divulgador Andreu Escrivà (Valencia, 1983).

Y lo explica: "Es algo psicológico, hacemos una especie de reset mental y el calor o la lluvia siempre han sido los que vivimos en ese lapso temporal, relativamente corto y que se convierte en nuestra normalidad".

El autor de dos libros sobre la crisis climática y nuestra percepción sobre ella: Y ahora yo qué hago (Capitán Swing, 2020) y Contra la sostenibilidad (Arpa Editores, 2023), es uno de los expertos españoles que intenta combatir la llamada amnesia climática.

O, más bien, como dice, la "amnesia ambiental", que viene a ser la extraordinaria capacidad de adaptación del ser humano que hace que no tenga percepción de cómo ha ido cambiando el entorno natural, para mal, en los últimos 30 o 40 años.

"A los más mayores nos afecta en el sentido de que aunque hemos vivido veranos más suaves, sequías menos extremas o inviernos menos caóticos, se nos olvida por ese reset. Pero luego están todas esas personas que han nacido después de que la crisis climática empeorase", aclara.

La amnesia ambiental, que se refiere tanto al clima como a la misma biodiversidad que nos rodea, no es la misma para un nacido en los 60, 70 y 80 que "para alguien de 2005, que ahora mismo tenga 20 años".

Porque, dice, "desde 2015 hemos vivido récord tras récord de temperatura anual, pero para esa persona es lo habitual. No sabe cómo era el verano antes, cómo eran los incendios, nada de nada. Su línea de referencia es diferente".

Borrado de la memoria colectiva

La organización ecologista Greenpeace define este concepto como una suerte de "amnesia generacional", que determina cómo cada cohorte de humanos que vienen al mundo ve las cosas "olvidando" como eran antes. Cada nueva "camada" de personas "acepta la realidad que le toca vivir como el estado natural de las cosas".

"El ejemplo más claro es la tecnología", explica la web de Greenpeace. Y matiza: "Para los jóvenes que hoy tienen 20 años los teléfonos inteligentes, las criptomonedas o internet son algo normal, herramientas con las que nacieron".

Y continúa: "La persona promedio hoy cuenta con adelantos impensados en el pasado, pero no se percata de eso porque el registro de lo previo queda borrado de la memoria colectiva. Lo mismo ocurre con cambios sociales positivos, como el sufragio universal o las vacunas".

El caso de la amnesia ambiental más evidente está el llamado fenómeno del parabrisas. Está comprobado que todas las generaciones, excepto las nacidas en el siglo XXI, tienen la sensación de que en la actualidad menos insectos se estrellan contra la ventana delantera de sus coches. Es decir, antes había más bichos, pero los más jóvenes no han llegado a conocerlos.

Otros ejemplos, muy propios de zonas rurales y que cita Greenpeace, son los abuelos que recuerdan bañarse en ríos o lagos que ahora no tienen caudal suficiente o están tan contaminados que sería malo para la salud hacerlo. O, trayéndolo a los nacidos en los 70 y 80, la disminución de los gorriones en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, a veces sustituidos por especies invasoras.

La trampa de la adaptación

"Puedes argumentar que los registros están ahí, que no hay más que mirar las cifras, pero no es lo mismo tener 42 años y recordar cuando en Valencia las noches de verano hacía falta chaqueta, que haber crecido ahora. La percepción personal importa", comenta Escrivà.

Esa amnesia se extiende a la parte ambiental que mencionaba Greenpeace: "La presencia de mariposas, libélulas o luciérnagas, o el estado ecológico de los océanos, por ejemplo, ese ir a mojarte los pies en la playa y que haya pececitos o no. Son muchas cosas que se han ido degradando o han ido perdiendo complejidad a nivel ambiental durante las últimas décadas".

Dicho mal y pronto: "Hemos aceptado como la normalidad encontrarnos plástico en la playa o en un río. Y no lo es. No era habitual hace 30 o 40 años, y mucho menos hace 60", indica Escrivà.

Por otra parte, el ambientólogo recuerda que las generaciones más mayores "ahora nos adaptamos más". Y apunta: "En los 90, por ejemplo, al menos en España, el aire acondicionado no estaba tan generalizado. Muchas personas pasan ahora menos horas efectivas de calor sofocante si no salen mucho de casa. Para alguien de 70 años, igual sus veranos ahora son más frescos que con 25 años, pero gracias a la tecnología, no al clima".

Y el otro factor es que nuestra memoria no es de fiar. "No es solo ese reset de cinco o seis años, es que cuesta mucho acordarse de cómo fue un verano o un invierno concreto hace 20 años. Recordamos hechos extraordinarios, como la ola de calor de Valencia en 1975, que me recordó una vez alguien por redes. Hizo mucho calor para esa época, pero, estrictamente, menos que en los últimos cinco años", zanja.

Recuperar la memoria climática

La amnesia ambiental se relaciona con otro fenómeno del que se ha hablado en ENCLAVE ODS: el silencio climático. Estudios como el de la Universidad de Bonn, publicado en Nature en 2024, desvelan como el 89% de la población mundial "querría ver más acción política contra la crisis medioambiental". Sin embargo, a la mayoría no le gusta hablar de ello "porque cree que el resto de la gente no comparte ese miedo".

"Es un tema recurrente desde hace más de 20 años al que nadie sabe responder", opina Escrivà. E insiste: "La mayoría de la gente, no en España o en Europa, sino en el mundo, cree que el resto de gente no está preocupada, pero ellos sí".

En ese sentido, sigue a la climatóloga canadiense Katharine Hayhoe: "Lo más importante que puedes hacer sobre el cambio climático es hablar de él. Tiene todo el sentido".

Para Escrivá, la amnesia ambiental o el silencio climático van de la mano de "la atomización de la sociedad". Es decir, explica, "esa loa al individualismo" con la que "separamos a los más mayores de los más jóvenes o nos separamos de nuestros propios vecinos, sin compartir preocupaciones".

Su recomendación, más allá de la necesidad de la educación ambiental, es "ser el turras; no tener miedo". Porque, concluye, "cuando empiezas a hablar, descubres que todo el mundo está agobiado y con la sensación de que no sabe lo que hacer, o no se atreve; viene bien recordarnos que no estamos solos".