Recientemente hemos celebrado el Día Mundial de la Salud Mental, y conviene recordar que las terapias ayudan, pero no bastan si el trabajo y otras cuestiones en la vida cotidiana siguen enfermando. Necesitamos entornos donde cuidar la mente no sea un lujo ni una excepción.
Según la OMS, más de mil millones de personas viven con un trastorno de salud mental, una de cada siete en el mundo. Son quienes trabajan a nuestro lado. Detrás de cada cifra hay alguien que soporta, en silencio, un ritmo que no se detiene.
La salud mental también se erosiona por la falta de empatía profesional. Por mensajes fríos, decisiones mal comunicadas o silencios que dejan a las personas sin explicación. Comunicar bien es una forma de prevención, y quizá, la más olvidada.
Hace falta que los departamentos de recursos humanos estén profesionalizados y que los equipos trabajen de forma orgánica, en lugar de sentirse aislados. Quien se va, y quien se queda, observa cómo se trata a las personas y cómo se las cuida.
Las generaciones jóvenes lo dicen con hechos. Según Deloitte, el 96 % de la Generación Z y el 97 % de los millennials consideran el propósito importante para su satisfacción y bienestar laboral, y alrededor del 40 % ha rechazado a un posible empleador por sus valores.
Y, aun así, cuidarse cuesta. Según Deloitte, el 71 % de la Generación Z y el 63 % de los millennials han necesitado tomarse tiempo libre por estrés, pero solo el 41 % y el 35 %, respectivamente, lo hicieron. Visibilizarlo y compartirlo también requiere permiso.
Creo que una compañía puede dar mucho más que un sueldo: crecimiento, buen trato, una voz que se escucha, un relato que se respeta y un lugar donde hablar de salud mental sin miedo.
En 2024 murieron por suicidio 3.953 personas, según el INE. Quien lo intenta suele buscar acabar con su sufrimiento, no con su vida; faltan profesionales y sistemas de acompañamiento, y sin seguimiento el riesgo persiste. Las empresas pueden prevenir acompañando las bajas por salud mental.
Por eso, las empresas deberían poner a disposición de las personas herramientas concretas: formación en comunicación, acompañamiento y guías para gestionar cualquier situación difícil. Entre ellas, las despedidas, para las que nadie nos prepara, ni en lo laboral ni en lo personal.
Hace poco compartí una reflexión: nos enseñan a dar la bienvenida, a celebrar y a empezar, pero nadie nos enseña a despedirnos. Ni de una pareja, ni de un ser querido que muere, ni de un amigo que se va a otro país.
La raíz es educativa. Una educación de calidad incluye aquello que rara vez figura en el currículo: despedirse, reconocer, escuchar, liderar, ayudar a quien lo necesita, independientemente de su situación en el organigrama. Por ello, también es importante alfabetizar la salud de las personas, una mayor empatía, empezando desde la escuela.
Hablar de salud mental ya no es suficiente. Hay que protegerla donde pasamos tantas horas: en el trabajo. Las empresas, además de cuidar la salud mental, deben evitar dañarla, y así, cumplen su responsabilidad. Una mente sana no debería ser un privilegio, sino la norma.
*** Ana Gómez de Castro es consultora estratégica en cultura, música e impacto social.