Fruit Attraction ha vuelto a reunir a los protagonistas de la cadena hortofrutícola y ha permitido tomar el pulso a una industria que afronta una transformación profunda con el packaging ocupando un lugar cada vez más relevante por su capacidad para responder a las nuevas exigencias ambientales, regulatorias y comerciales.
El sector hortofrutícola parte, además, de una realidad especialmente compleja ya que frutas y hortalizas requieren soluciones capaces de proteger productos muy diferentes, facilitar su manipulación y transporte y mantener su calidad hasta el consumidor. Al mismo tiempo, deben incorporar criterios de sostenibilidad y responder a una regulación europea cada vez más exigente.
La aplicación del Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases, conocido como PPWR, está acelerando esta transformación. La normativa introduce nuevas exigencias relacionadas con la reducción de materiales, la reciclabilidad y la gestión de los envases, y anima a toda la cadena de valor a incorporar estas cuestiones desde las primeras fases de diseño y desarrollo.
Un cambio que supone una oportunidad para revisar cómo entendemos el packaging porque la sostenibilidad no puede abordarse de forma aislada ni limitarse a sustituir un material por otro. Un envase debe seguir protegiendo el producto, funcionar dentro de las líneas existentes, facilitar el transporte y almacenamiento y, al mismo tiempo, ofrecer una respuesta adecuada a los objetivos de circularidad.
En este contexto, el diseño adquiere una importancia fundamental; al igual que la elección de materiales, la estructura del envase, sus dimensiones, su capacidad de plegado y reciclaje son decisiones que pueden contribuir a reducir ineficiencias a lo largo de la cadena. Por eso, el verdadero reto consiste en integrar todas ellas sin comprometer las prestaciones que necesita el producto.
A todo ello se suma que, en el sector hortofrutícola, el packaging cumple una función que va más allá de la protección ya que es uno de los primeros puntos de contacto entre el producto y el consumidor.
Es en este instante cuando la visibilidad, la información, la identificación de la marca o la presentación adquieren especial relevancia en un entorno donde muchas decisiones de compra se toman directamente frente al lineal.
Es por eso que el futuro del packaging hortofrutícola pasa por soluciones capaces de combinar sostenibilidad, protección y eficiencia de forma que no existe una única respuesta válida para todos los productos: las necesidades de unas fresas, unos tomates o unos cítricos son diferentes, y el envase debe adaptarse a sus características, a los procesos industriales y a los distintos modelos de distribución.
Esta adaptación exige también una visión de toda la cadena de valor y se debe tener en cuenta que un nuevo formato puede tener implicaciones sobre las líneas de envasado, la logística, el almacenamiento o la manipulación.
Así, la innovación solo puede consolidarse cuando, además de responder a un reto ambiental, resulta viable para quienes tienen que incorporarla a sus operaciones cotidianas.
Ante este escenario, la PPWR está acelerando esta conversación y anima a anticiparse porque las decisiones que permitirán cumplir los objetivos futuros requieren tiempo: evaluar materiales, rediseñar formatos, validar alternativas, adaptar procesos y generar la documentación necesaria.
Por el contrario, esperar a que cada obligación sea inmediata puede limitar la capacidad de las empresas para abordar la transición de manera ordenada.
Fruit Attraction nos ha permitido conocer las necesidades de productores, distribuidores, marcas y proveedores tecnológicos y compartir soluciones que ya están dando respuesta a los nuevos desafíos, porque la transformación del packaging no será fruto de una única innovación, sino de la colaboración de toda la cadena.
El envase ya no es solo lo que protege un producto, es una herramienta que puede contribuir a mejorar la eficiencia de una operación, reducir determinados impactos, facilitar la circularidad y reforzar la relación con el consumidor.
Es la nueva regulación la que marca el rumbo, pero será la capacidad de innovar y colaborar la que permita convertir este reto en una oportunidad para el sector hortofrutícola.
*** Susana Amaya es responsable de sostenibilidad de Smurfit Westrock para España, Portugal y Marruecos.