Durante mucho tiempo, la educación en sostenibilidad en las aulas ha estado asociada a actividades puntuales, como campañas de reciclaje o contenidos que se imparten únicamente a las clases de ciencias. Pero en el contexto actual, en el que el cambio climático y la gestión de residuos son ya problemas reales, la enseñanza debe ir más allá.

La educación en sostenibilidad exige una mirada más amplia y transversal. Los niños y adolescentes tienen que comprender que sus decisiones cotidianas tienen un impacto en el medioambiente. Para ello, es fundamental que la educación no se quede únicamente en el plano teórico. Debe reflejarse en la vida diaria de los centros educativos.

El compromiso debe ser real y esto se demuestra con medidas en las que estén implicados todos los estamentos de los colegios: desde dirección, pasando por el profesorado y, por supuesto, los alumnos. En este sentido, contar con políticas o planes internos, que se revisen cada año, marcará una línea a seguir por todos.

En nuestro caso, hemos implementado un Plan de Acción de Sostenibilidad en el que participa todo el colegio. Este plan se renueva cada curso, con el objetivo de analizar los resultados obtenidos e implementar mejoras. La implicación alcanza también servicios externos, como el transporte escolar o el servicio de comedor.

Cuando los alumnos experimentan en primera persona que las acciones puestas en marcha por ellos mismos tienen un resultado, comprenden que sus acciones tienen un valor. Con ello, pasan de ser un mero observador a ser protagonista y el aprendizaje se convierte en experiencia. Reciclar, tomar conciencia del desperdicio de alimentos y priorizar formas de movilidad sostenible, son gestos cotidianos que calan en su concienciación medioambiental.

Los alumnos que hoy ocupan nuestras aulas serán quienes mañana lideren empresas, impulsen investigaciones o tomen decisiones públicas. Por ello, es fundamental que, además de una sólida formación académica, tengan el criterio y la sensibilidad social para tomar las decisiones adecuadas. Gracias a ello, podrán desarrollar otras muchas competencias que serán relevantes para los desafíos del siglo XXI.

La labor de los colegios debe continuarse en casa. Las familias tienen un papel muy relevante para consolidar estos valores. Al igual que en la escuela, hay hábitos muy sencillos de aplicar que hacen mella en los más pequeños. Por ejemplo, optar por la bicicleta o transporte público en vez del coche o el reciclaje son acciones que refuerzan lo aprendido en las aulas.

Educar en sostenibilidad es educar ciudadanos capaces de tomar decisiones responsables. Es formar a alumnos que entenderán que cada decisión cuenta y que el progreso solo es posible si se actúa en conjunto. Apostar por este tipo de educación es sembrar las bases de un futuro más responsable, más justo y más sostenible para todos.

***Eva Gallego Puente es responsable de Sostenibilidad de Hastings School.