Chinche en primer plano.

Chinche en primer plano. IRTA. CC BY-NC-ND 4.0

Historias

El control biológico de plagas en la agricultura española se convierte en la alternativa sostenible a los pesticidas

España se consolida como referente en manejo integrado de plagas, una técnica que ya se aplica en numerosos cultivos del territorio.

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Durante décadas, la agricultura se ha apoyado en pesticidas químicos como principal defensa frente a insectos y malas hierbas que pudieran arruinar la cosecha. Sin embargo, el avance de resistencias, la pérdida de biodiversidad y la creciente preocupación por los residuos en alimentos y agua han impulsado un cambio hacia modelos más sostenibles.

Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Comisión Europea sitúan el manejo integrado de plagas entre las herramientas clave para una agricultura más sostenible.

Se trata de un sistema que combina prevención, vigilancia y métodos biológicos, físicos o agronómicos para reducir al mínimo el recurso a productos químicos.

Dicho de otro modo, "el manejo integrado de plagas consiste en la aplicación combinada de todas las estrategias disponibles para lograr un control sostenible, eficaz y económicamente viable, dando preferencia al control biológico mediante el uso de enemigos naturales y a las barreras físicas frente al empleo de materias activas químicas". Así lo explica Jordi Riudavets, coordinador del área de Producción Vegetal y jefe del Programa de Protección Vegetal Sostenible del IRTA.

En este sentido, la idea es: cuanto más equilibrado y diverso es un agroecosistema, mayor capacidad tiene para autorregularse. Rotaciones de cultivo, variedades resistentes, bandas florales, setos, trampas o cubiertas vegetales forman parte de ese enfoque.

En la práctica, estas estrategias se adaptan a cada sistema productivo. Como explica Josefina Contreras, profesora titular de la Universidad Politécnica de Cartagena, UPCT, en el Área de Producción Vegetal, y miembro de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE), "existen diferencias entre los invernaderos hortícolas del sureste y los cultivos al aire libre como cítricos, frutales o viñedo".

Pino piñero dentro de jaulas para estudiar los efectos de la plaga de la chinche americana.

Pino piñero dentro de jaulas para estudiar los efectos de la plaga de la chinche americana. IRTA. CC BY-NC-ND 4.0

En ambos casos, el objetivo es combinar la conservación de enemigos naturales con la introducción de insectos y ácaros auxiliares o microorganismos que refuercen el control de plagas.

"El control integrado no excluye los pesticidas, pero los limita a cuando no hay alternativas eficaces", precisa Riudavets, quien insiste en la necesidad de emplear materias activas selectivas y respetuosas con la fauna auxiliar.

Enemigos naturales

Explica el investigador del IRTA que el control biológico de plagas "se basa en la utilización de insectos y ácaros depredadores y parasitoides para el control de las plagas. Estos enemigos naturales requieren refugios donde puedan sobrevivir, alimentarse y reproducirse durante los periodos previos a la implantación del cultivo o mientras las plagas aún no están presentes en él".

Añade que "las plantas y flores melíferas, productoras de néctar y polen, constituyen una fuente de alimento fundamental, ya que proporcionan a los enemigos naturales la energía necesaria para desplazarse desde los refugios hasta los cultivos y localizar de forma eficaz a las plagas".

Esa infraestructura ecológica resulta clave para la eficacia del sistema. Según Contreras, los insectos beneficiosos "regulan las poblaciones de las plagas al alimentarse de ellas y, a la larga, consiguen un control eficaz que se mantiene en el tiempo".

Para favorecer su presencia, subraya, es fundamental incorporar plantas refugio o bandas florales que les proporcionen alimento y hábitat, lo que incrementa su actividad y estabilidad dentro del cultivo.

España, país de referencia

España es pionera a nivel mundial en la implantación del control biológico y, en la actualidad, esta técnica se aplica en numerosos cultivos.

En algunos de ellos, "como el tomate, los cítricos o los frutales, constituye una alternativa muy eficaz para el manejo de las plagas que los afectan", señala el responsable del IRTA. Añade que "su implementación se basa tanto en la liberación de una o varias especies de enemigos naturales como en la promoción de su presencia mediante el uso de bandas florales".

Piña de pino piñero afectada por la plaga de la chinche americana. Laboratorio de agroforestal.

Piña de pino piñero afectada por la plaga de la chinche americana. Laboratorio de agroforestal. IRTA. CC BY-NC-ND 4.0

Por su parte, Contreras destaca el caso del pimiento en invernadero en el Campo de Cartagena, donde "el 100% de las explotaciones realizan control biológico frente a plagas como trips, pulgones o mosca blanca". También señala resultados positivos en cítricos, donde enemigos naturales permiten controlar cochinillas como el cotonet o el piojo rojo de California.

En estos contextos, apunta, muchos agricultores han comprobado que el uso intensivo de plaguicidas genera resistencias y puede resultar menos eficaz y más costoso.

Herramienta inocua

El control biológico es una herramienta inocua para usuarios y consumidores, y además es respetuosa con el medio ambiente.

Según el responsable del IRTA, "no conlleva el riesgo de que las plagas desarrollen resistencias, resulta más eficaz en la localización y regulación de las poblaciones de plagas y se integra con facilidad en los programas de manejo integrado de plagas".

Además, diversos estudios respaldan su eficacia. Como explica Contreras, los enemigos naturales "reducen la incidencia de las plagas en igual medida que los plaguicidas químicos y, además, disminuyen las explosiones poblacionales, manteniéndolas por debajo de los umbrales de tratamiento durante más tiempo".

Estas prácticas también favorecen la biodiversidad, especialmente cuando se combinan con bandas florales, cubiertas vegetales o setos.

No obstante, advierte Riudavets que "su aplicación requiere un conocimiento profundo de la biología de la plaga y de sus enemigos naturales, así como un seguimiento exhaustivo mediante un muestreo continuo de las poblaciones. Por este motivo, en muchos casos es imprescindible contar con el asesoramiento técnico de especialistas".

En esta misma línea, Contreras subraya que uno de los principales retos es esa complejidad. "No es un sistema fijo, sino vivo y cambiante", explica. La aparición de nuevas plagas invasivas sin enemigos naturales eficaces, la necesidad de formación o la incompatibilidad con ciertos tratamientos químicos dificultan su implantación.

"No es un método automático: hay que observar, hacer seguimiento continuo y entender lo que ocurre en el cultivo", resume.

Mirando al futuro

De cara al futuro, el investigador del IRTA considera probable una mayor expansión de estas prácticas. Recuerda que los consumidores son cada vez más exigentes y demandan productos libres de residuos de pesticidas. Al mismo tiempo, el número de materias activas autorizadas se ha reducido, lo que limita la disponibilidad de alternativas químicas.

"Esta situación hace prever un aumento en la adopción del control biológico en los próximos años", asegura.

Una previsión que comparte Contreras, quien se muestra "bastante optimista" y considera que estas estrategias "dejarán de verse como una alternativa para convertirse en la base del manejo fitosanitario en muchos cultivos".

Aun así, advierte de que el ritmo de adopción será desigual, condicionado por factores como la aparición de nuevas plagas, la falta de formación o la necesidad de mayor coordinación territorial.

No obstante, advierte Riudavets de un factor de presión añadido: la aparición constante de nuevas plagas invasivas o emergentes, ligada en parte al comercio internacional, que en algunos casos provoca repuntes en el uso de pesticidas.

"Resulta imprescindible disponer de medidas eficaces que permitan prevenir y limitar el movimiento y la introducción de plagas", señala.

Invernadero como ecosistema

En una explotación de una hectárea y media bajo abrigo en Almería, la agricultora Esther Molina Pérez aplica desde hace años control biológico basado en la biodiversidad. Su modelo, de producción ecológica se apoya en rotaciones de cultivo y en la creación de un ecosistema funcional dentro y fuera del invernadero.

Ha conseguido formar un ecosistema con biodiversidad: "plantas reservorio, refugios y espacios donde los enemigos naturales pueden reproducirse. Solo así el control biológico resulta realmente eficaz y más económico", explica.

Para combatir plagas como el trips, la tuta, el pulgón o la araña roja, su estrategia se basa en favorecer el equilibrio natural entre plaga y enemigo natural. "Si no hay biodiversidad, el control biológico deja de ser estable y pasa a depender de sueltas masivas de insectos, lo que encarece mucho el sistema".

La agricultora almeriense Esther Molina lleva años aplicando el control biológico de plagas en su explotación ecológica.

La agricultora almeriense Esther Molina lleva años aplicando el control biológico de plagas en su explotación ecológica. Esther Molina

Los resultados, asegura, han sido claros: "La planta no sufre daño y el cultivo es rentable. Además, en su opinión, los tratamientos convencionales generan resistencias y cada vez son menos eficaces".

No obstante, reconoce que no es un modelo sencillo de implantar. "Hay que observar, interpretar y saber cuándo y cómo introducir fauna auxiliar". Desde su punto de vista "falta formación y también confianza en que esto funciona en sistemas intensivos".

A ello se suma la inercia del modelo convencional y el riesgo económico que perciben muchos agricultores ante posibles fallos, que les hace decantarse por el uso de fitosanitarios.

En el exterior del invernadero, Molina ha apostado por setos perimetrales con plantas autóctonas que actúan como barrera y refugio para fauna auxiliar. "Funcionan como corredores ecológicos: dificultan la entrada de plagas y permiten que los enemigos naturales estén activos todo el año".

A su juicio, "si este modelo se aplicara de forma generalizada, el problema de las plagas sería mucho menor. La biodiversidad es la base. Es la solución", concluye.