Con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña, la Fundación Madre de la Esperanza de Talavera de la Reina ha renovado el mobiliario de las cuatro viviendas de apoyo.

Con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña, la Fundación Madre de la Esperanza de Talavera de la Reina ha renovado el mobiliario de las cuatro viviendas de apoyo. Cedida

Historias

El proyecto de Talavera que abre la puerta a la independencia de las personas con discapacidad intelectual: "Es como un hogar"

La Fundación Madre de la Esperanza impulsa, con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña, un modelo residencial que apuesta por la inclusión social.

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Mariana Goya
Publicada

"Crear hogar implica generar un entorno similar al de una familia sustitutoria o un piso compartido". Con esa premisa, la Fundación Madre de la Esperanza de Talavera de la Reina ha consolidado un modelo de vivienda que rompe con los esquemas tradicionales de atención a personas con discapacidad intelectual.

El proyecto Creando hogar, respaldado por la XIII Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social de la Fundación Mutua Madrileña, ha permitido renovar los espacios donde viven 29 personas, pero, sobre todo, ha reforzado un enfoque que pone el acento en la autonomía y la vida en comunidad.

Lejos de grandes centros residenciales, estas cuatro viviendas de apoyo se han convertido en alternativas reales para quienes, por motivos familiares, sociales o geográficos, no pueden vivir en su hogar de origen.

"La necesidad de evitar largos desplazamientos y la dependencia de horarios de transportes poco flexibles impulsó la creación de un recurso más cercano y accesible", explican desde la entidad. El proyecto responde así a una doble realidad.

Por un lado, la dificultad de muchas familias para garantizar la atención diaria debido a la distancia con los centros ocupacionales. Por otro, el momento vital de quienes alcanzan la mayoría de edad y demandan "un estilo de vida más acorde a su edad", que les permita avanzar en independencia y desarrollo personal.

Con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña, la Fundación Madre de la Esperanza de Talavera de la Reina ha renovado el mobiliario de las cuatro viviendas de apoyo.

Con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña, la Fundación Madre de la Esperanza de Talavera de la Reina ha renovado el mobiliario de las cuatro viviendas de apoyo. Cedida

Actualmente, las viviendas acogen a personas mayores de 18 años con discapacidad intelectual que comparten un denominador común: la necesidad de un entorno estable que les permita crecer.

"En estos casos, por distintos motivos —ya sean personales, sociales o de convivencia— no pueden residir en sus hogares", señalan. Frente a esa realidad, el proyecto ofrece un espacio donde construir un proyecto de vida.

Adiós a la macroasistencia

El corazón de Creando hogar está en su propio diseño. Frente a los modelos institucionales, apuesta por viviendas con pocas plazas y una atención personalizada. "Se pasa de un modelo de macroasistencia a una prestación de apoyo mucho más centrada en la persona", explican.

Este cambio no es menor. Pues, supone que los residentes puedan desarrollar rutinas similares a las de cualquier ciudadano, asumir responsabilidades y participar en la vida cotidiana. Porque aquí el hogar no es un concepto abstracto; se construye día a día.

"La vivienda la conforman las personas que viven en ella, donde cada una tiene un papel fundamental y una responsabilidad compartida", aseguran desde la entidad.

Ese enfoque se traduce en decisiones colectivas, tareas rotativas y una organización diaria en la que los profesionales acompañan, pero no sustituyen.

"Son ellos quienes deben llevar las riendas de su propia vida", subrayan. Y es que las asambleas, la distribución de tareas o la planificación del día a día forman parte de un proceso que refuerza la autonomía y la corresponsabilidad.

Lo cotidiano

El apoyo de la Fundación Mutua Madrileña ha servido para la reciente renovación del mobiliario. Podría parecer un cambio menor, pero sin embargo su impacto es profundo.

"Como a cualquier persona, les gusta vivir en un entorno agradable, cómodo y adaptado a sus necesidades", explican desde la fundación.

El mobiliario anterior, en uso desde la apertura de las primeras viviendas en el año 2000, había quedado obsoleto. Por ese motivo, la actualización además de mejorar la estética, adecúa la funcionalidad, la seguridad y la accesibilidad.

Estas viviendas son el hogar de 29 personas con discapacidad intelectual que, por diferentes motivos, necesitan esta alternativa residencial.

Estas viviendas son el hogar de 29 personas con discapacidad intelectual que, por diferentes motivos, necesitan esta alternativa residencial. Cedida

Pero hay un elemento clave que marca la diferencia, y este es la participación de los propios residentes en el proceso. "El hecho de poder elegir, opinar y contribuir a la creación de su espacio refuerza su sentido de pertenencia y responsabilidad".

De este modo, el entorno físico se convierte así en un catalizador del bienestar emocional. "Un espacio accesible, organizado y adaptado facilita que puedan desenvolverse con mayor independencia", señalan.

Pues, la posibilidad de personalizar su vivienda —decidir cómo decorarla o distribuirla— contribuye a fortalecer la identidad y la seguridad personal. Porque vivir en un lugar que reconocen como propio mejora su calidad de vida, pero también impulsa su motivación y participación social.

Inclusión real

Los resultados del proyecto van más allá de la cobertura residencial. "Hemos observado avances muy significativos en términos de inclusión social, independencia y desarrollo personal", destacan.

El modelo ha permitido que los usuarios adquieran habilidades para la vida diaria, ganen confianza y participen activamente en su entorno.

De este modo, la vida en comunidad deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en una realidad tangible. Los beneficiados amplían sus relaciones sociales, utilizan recursos del entorno y construyen su propio proyecto vital.

Sin embargo, el camino hacia la inclusión plena no está exento de desafíos. "Como sociedad aún tenemos un largo recorrido por delante para comprender plenamente que estas personas son ciudadanos de pleno derecho", advierten.

De ahí que la clave no esté únicamente en ofrecer apoyos, sino también en reconocer su capacidad de participar y aportar en igualdad de condiciones.

En ese horizonte, los retos son claros: más financiación, mayor oferta de viviendas inclusivas y un cambio de mirada social que supere la sobreprotección. "Una parte importante de las personas con discapacidad intelectual que desearían independizarse encuentran dificultades porque la oferta actual no cubre la demanda", explican.

La solución pasa por reforzar la colaboración entre administraciones, entidades sociales y comunidad, y por apostar decididamente por modelos que ya han demostrado su impacto.

Porque, en última instancia, de lo que se trata es de garantizar un derecho básico: "Seguir avanzando hacia un modelo que priorice la vida en comunidad, los apoyos personalizados y el derecho de todas las personas a elegir cómo y dónde vivir".