Pueblo e iglesia abandonados en la provincia de Soria.

Pueblo e iglesia abandonados en la provincia de Soria. iStock

Historias

La soledad que mata a los castillos e iglesias de España: la otra cara de la despoblación

La pérdida de habitantes y el envejecimiento afectan al mantenimiento de edificios históricos y protegidos que se quedan sin quien los vigile o mantenga.

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A mediados del pasado enero saltaba a los titulares de prensa una pérdida: el temporal de viento había derribado un muro del ábside mudéjar de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo en Muriel de Zapardiel, provincia de Valladolid.

Un edificio, por su valor histórico, protegido como Bien de Interés Cultural (BIC) y Monumento Nacional, pero situado en un municipio de apenas 100 habitantes en la región con más problemas de despoblación de España, Castilla y León. Es decir, condenado, casi por definición, al abandono.

La despoblación pone el patrimonio histórico en peligro por varios factores, explica a Enclave ODS Luis Hernando Sebastián, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza y director del Museo de Arte Sacro de Teruel. En primer lugar, el de su conservación.

"Tradicionalmente se realizaban labores de mantenimiento por la propia gente que vivía en los pueblos. Ahora, además de no haber mano de obra, un ayuntamiento, por ejemplo, difícilmente va a tener fondos para reparaciones".

En segundo lugar, añade, "está la cuestión de la seguridad. Se producen muchos casos de expolios en yacimientos arqueológicos, robos en iglesias… que se dan por la falta de población en el medio".

Y en tercero, explica "la despoblación hace más difícil justificar socialmente dedicar grandes sumas de dinero a unos bienes que apenas nadie va a disfrutar, o que han perdido el uso que les daba sentido".

Casos parecidos al de Nuestra Señora del Castillo serían los de la Casa de la Salina, de Bujaraloz y Sástago, en Zaragoza; la portada de la Anunciación de la Iglesia de Santa María de la Encarnación de Baza, en Granada, o el Torreón de Villagonzalo Arenas, en Burgos, por citar solo tres ejemplos de la Lista Roja de la Asociación Hispania Nostra, dedicada a denunciar el abandono y promover la protección de este tipo de elementos.

Algunos expertos han propuesto ya asumir el papel clave de la población local que permanece en los municipios en dicha conservación, como Alfonso Sánchez Sánchez, investigador español, doctorando por la Universidad de California y profesor en cursos sobre patrimonio rural de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Sánchez ha estudiado el famoso caso del Ecce Homo de Borja, cuya restauración 'amateur' a manos de la jubilada Cecilia Giménez Zueco en 2012 se hizo viral, y cuya situación considera representativa "pues gran parte de ese patrimonio es de carácter eclesiástico y está en manos de mujeres de la tercera edad que hacen un trabajo voluntario".

Escombros del ábside de la Iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Muriel de Zapardiel (Valladolid).

Escombros del ábside de la Iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Muriel de Zapardiel (Valladolid). JCYL

Este investigador pone como ejemplo en sus clases las guías de conservación que el Gobierno de Aragón ha lanzado, "muy didácticas, muy fáciles, para explicar a la gente, por ejemplo, que no tienen la formación necesaria y pueden hacer cosas con su mejor intención que sean perjudiciales para esos bienes".

Sánchez aclara que es complicado porque "desde la profesión de conservador, del personal formado, siempre se ha reclamado una regularización en la que se especifique que en los bienes culturales no pueden intervenir personas que no tengan formación específica".

Pero, opina, "eso choca mucho con la realidad de España, que es un país que tiene muchísimo patrimonio y muy pocos medios, en comparación, para mantenerlo". Por eso es defensor de combinar el trabajo experto con "la implicación de la sociedad civil", dando por sentado "no se puede exigir que las administraciones lleguen a todo, porque con la cantidad que hay en España, es imposible".

Lo que sí, en su análisis, se puede exigir a las administraciones "es que faciliten, que apoyen y que ayuden a que la sociedad civil contribuyan a la conservación del patrimonio y hablo tanto de asociaciones como de propietarios particulares".

Y añade: "un palacio del siglo XIV en el centro de Madrid, Barcelona o Sevilla no va a tener ningún problema, pero, ¿y en un pueblo pequeñito de Castilla donde solo quedan 50 habitantes? No le puedes exigir al ayuntamiento que lo compre cuando a lo mejor tampoco va a tener forma luego de darle mantenimiento", concluye.

Además de la mencionada Hispania Nostra, en nuestro país existen numerosas asociaciones o iniciativas más o menos independientes para cuidar patrimonios concretos. Por ejemplo, la Fundación Rehabitar en la comarca de Tierra de Campos. O Asociación Cultural Venta de Borondo y Patrimonio Manchego, dedicada desde 2016 a la conservación de esta antigua venta que por aquel entonces amenazaba ruina.

Para Alfonso Sánchez, "el patrimonio no debe ser visto como una carga, sino como un recurso y una herramienta. Una iglesia en un pueblo recóndito de Soria puede servir para generar actividad en torno a ella. Quizás no todas las iglesias en todos los pueblos recónditos de Soria, porque a lo mejor no hay masa crítica suficiente, pero en algunos casos sí".

Pone como ejemplo los problemas con escorrentías que han motivado el cierre del Parador de Molina de Aragón, construido y situado fuera del casco antiguo del municipio, "mientras en el centro hay edificios históricos cayéndose, incluido el Palacio del Virrey de Manila, que es un edificio espectacular, con unos frescos en la fachada que representan escenas de Manila en el siglo XVIII, que prácticamente han desaparecido".

Basándose en su experiencia en Estados Unidos, Sánchez recomienda un sistema de incentivos y también medidas como las que obligan, cuando es necesario abrir una nueva institución en una ciudad, comprobar en primer lugar si hay edificios históricos en la misma. "¿Que hay que hacer una oficina de Correos? Pues darle uso a un viejo palacio", explica.

Y, sobre todo, "facilitar si la que le quiere dar uso es la iniciativa privada o los grupos sin ánimo de lucro. Que se respeten unos mínimos de conservación, obviamente, pero usando el palo y la zanahoria, no solo poniendo trabas".

El profesor Luis Hernando coincide, pero añade: "el patrimonio por sí solo no podemos considerarlo un factor de fijación de población. Puede ser un factor para la mejora de la vida de los habitantes de un lugar, ya que en torno al patrimonio se puede conseguir que se mantenga el bar o el club social del pueblo, que se ofrezca algún alojamiento rural para el turismo… pero debe formar parte de un conjunto de medidas más amplias".

Para él, "el patrimonio cultural, ha de conservarse independientemente de que sirva o no para solucionar los problemas de desequilibrio demográfico de España, porque es de todos y su existencia nos afecta a todos".