Un grupo de niños y niñas aplaudiendo en la escuela.

Un grupo de niños y niñas aplaudiendo en la escuela. Istock

Historias

Las grietas del sistema educativo por las que abandona un 30% de alumnos migrantes: "Concentrar es un problema"

Expertos y organizaciones alertan de fallos estructurales que cronifican el abandono escolar entre jóvenes de origen migrante.

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Arantza García
Publicada

Hay una brecha en el sistema educativo español, poco visible en el debate público. En los últimos años, según datos de Eurostat, el abandono escolar entre jóvenes con nacionalidad extranjera ha superado el 30%, más del doble que entre los nacidos en España.

Existen desigualdades persistentes que afectan de forma desproporcionada a jóvenes de origen migrante, menores en situación de pobreza, extutelados y miembros de minorías como la comunidad gitana.

Para Adrián Neubauer Esteban, profesor de la UNED y autor del estudio Políticas contra el abandono escolar de la infancia inmigrante: un estudio comparado, una de las claves menos visibles del problema reside en el propio diseño del sistema educativo español.

"La edad de inicio y de finalización de la educación obligatoria es determinante en la trayectoria académica de cualquier estudiante", explica.

En España, la educación infantil no es ni obligatoria ni plenamente gratuita, lo que limita el acceso temprano de muchas familias vulnerables y debilita las bases educativas desde los primeros años.

A ello se suma que la escolarización obligatoria finaliza a los 16 años, dos años antes que en otros países europeos. "Ese margen facilita la salida temprana del sistema, especialmente cuando las alternativas formativas no resultan atractivas ni ofrecen expectativas reales de inserción laboral", señala Neubauer.

El investigador apunta además a un problema estructural: la falta de continuidad en las políticas educativas. "Cada cambio de gobierno trae una nueva reforma. Así es imposible evaluar qué funciona y qué no. No se construye un proyecto inclusivo a largo plazo", advierte.

Desigualdad en los resultados

Desde una perspectiva complementaria, Silvia Carrasco Pons, doctora en Antropología y profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona, subraya que el abandono escolar responde a patrones sociales muy claros.

El alumnado que no continúa estudiando tras la ESO se concentra en la clase trabajadora, afecta más a los chicos que a las chicas y se da con mayor frecuencia entre jóvenes de origen migrante y alumnado gitano.

"El sistema educativo no está respondiendo adecuadamente a las necesidades de apoyo lingüístico y aceleración curricular", afirma Carrasco, que atribuye esta carencia a la falta de recursos, de formación especializada del profesorado y a metodologías poco adaptadas a la diversidad real del alumnado.

Sin embargo, sus investigaciones también desmontan algunos prejuicios. Cuando el alumnado de origen extranjero logra superar la educación obligatoria, continúa estudiando en mayor proporción que el alumnado nacional de la misma clase social.

Una niña sentada frente a su escuela.

Una niña sentada frente a su escuela. Istock

"Siguen funcionando las altas aspiraciones del proyecto migratorio", explica. El problema, por tanto, no es la falta de motivación, sino los obstáculos estructurales.

Carrasco alerta además de una realidad poco atendida: las chicas de origen migrante que abandonan el sistema educativo lo hacen por razones diferentes a las de los chicos, y "no existe ningún programa específico que proteja sus derechos educativos".

Pobreza, segregación y abandono

Desde Plataforma de Infancia insisten en que el abandono escolar temprano no puede entenderse sin atender a las barreras estructurales que condicionan la vida de miles de niños y adolescentes, especialmente aquellos de origen migrante.

"La precariedad laboral y los bajos ingresos de muchas familias hacen que algunos jóvenes se vean obligados a dejar los estudios para incorporarse al mercado laboral y contribuir a la economía familiar", explica Claudia Ponce de León, técnica de la organización.

A esta presión económica se suman los costes indirectos de la educación. "Gastos como el material escolar, el transporte o las actividades extraescolares siguen siendo una barrera real para muchas familias", señala Ponce de León, que advierte de que estas dificultades afectan de manera desigual y agravan las brechas educativas existentes.

En el plano educativo, España presenta una de las tasas de segregación escolar más altas de la Unión Europea, una situación que se ha intensificado en los últimos años en relación con el origen migrante.

"La concentración de alumnado vulnerable en determinados centros, junto con las dificultades lingüísticas, la falta de apoyos académicos y la alta rotación del profesorado debido a condiciones laborales precarias, acaba impactando directamente en la calidad educativa", subraya la técnica de Plataforma de Infancia.

Las barreras no son solo económicas o educativas, sino también sociales y culturales. Según Ponce de León, "la discriminación y la estigmatización estructural dificultan una inclusión real del alumnado migrante en el sistema educativo y afectan a su sentido de pertenencia y motivación".

Los posicionamientos recientes de la organización ponen el foco en la necesidad de ir más allá de la escolarización formal. "Garantizar el derecho a la educación implica asegurar la permanencia y el éxito escolar", apunta.

En este sentido, Plataforma de Infancia recuerda que España destina alrededor del 1,5% del PIB a políticas familiares, frente al 2,4 % de media europea, una inversión insuficiente para compensar desigualdades de origen.

Espacio de acogida y protección

El informe Escuela Refugio, Escuela que acoge, elaborado por Entreculturas y Alboan, sitúa la educación en el centro de la respuesta a esta realidad.

Irene Ortega, directora del Área de Ciudadanía de Entreculturas, destaca que la inclusión de niños, niñas y adolescentes migrantes enfrenta "retos estructurales, sociales y pedagógicos", incluyendo irregularidades administrativas, desfase curricular y lingüístico, incorporación a mitad de curso y falta de programas compensatorios que garanticen la igualdad de oportunidades.

Ortega subraya que los obstáculos más difíciles no son solo académicos, sino emocionales. Hay niños y niñas que llegan con una "mochila psicológica" derivada de la migración forzada, la separación familiar o experiencias traumáticas durante el desplazamiento, que afecta directamente su capacidad de aprendizaje y concentración.

Cuando los estudiantes perciben apoyo y acompañamiento en la escuela, su integración y rendimiento aumentan significativamente, señala la experta.

Asimismo, la concentración de alumnado migrante en determinadas zonas puede conducir a la segregación. "El reto no es solo que el niño o la niña entienda el idioma, sino que el sistema compense las consecuencias de la falta de recursos materiales y evite guetos educativos", advierte Ortega.

Recomienda experiencias exitosas como la escolarización inmediata, redes de apoyo comunitario, estrategias de nivelación académica flexible y educación para la ciudadanía global.

El informe recuerda que más de 41 millones de menores viven fuera de sus países de nacimiento y que muchos de ellos enfrentan discriminación en el acceso a derechos básicos, incluida la educación.

Ortega apunta que visibilizar estas dificultades es clave, pero también lo es "poner en valor experiencias y buenas prácticas que señalan caminos posibles".

Como concluye Adrián Neubauer, "el abandono escolar no es un fallo individual, sino el resultado de decisiones colectivas". La escuela no puede hacerlo sola, pero sí puede ser un punto de apoyo clave para romper la transmisión intergeneracional de la pobreza.