Un gato camina sobre una playa de plástico en Jakarta.

Un gato camina sobre una playa de plástico en Jakarta. Willy Kurniawan Reuters Indonesia

Historias

La victoria de los petroestados en Ginebra: el tratado sobre contaminación por plástico se diluye en un texto "inaceptable"

"Sin ambición" o "inadecuado" son los adjetivos que más de cien países, incluida la UE, han utilizado para designar el documento.

Más información: Los residuos plásticos se triplicarán de cara a 2060: el daño "al planeta y la salud" que Ginebra podría evitar

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Tras dos semanas de intensas negociaciones, la cumbre de Ginebra, auspiciada por Naciones Unidas, llega a su fin. Y lo hace con un borrador de texto "débil" que no contenta a nadie. 

La sombra de que el acuerdo al que llegasen los países fuese un "no hay tratado" ha sobrevolado la sede de la ONU en Suiza. Y es esa idea ha permeado en las negociaciones desde su inicio, el pasado 5 de agosto.

Las palabras que la comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, pronunciaba el pasado martes 12 resumían a la perfección el espíritu de las conversaciones: "A falta de cuatro días, tenemos más corchetes en el texto que plástico en el mar", dijo.

Hacía referencia, así, a todas las partes del documento de trabajo en que los países no se ponían de acuerdo. Que era, por cierto, muchas —tal vez demasiadas—.

Historia de un fracaso anunciado

Esos "corchetes" de los que Roswall se quejaba fueron, precisamente, lo que llevaron a que el borrador presentado apenas 30 horas antes de que acabasen las negociaciones se tradujese en que una arrolladora mayoría de países y organizaciones de la sociedad civil manifestaba "decepción" y "rechazo" al tratado. 

El miércoles 13, el presidente del órgano negociador, el embajador ecuatoriano Luis Vayas, presentaba un documento en el que se habían retirado elementos que, como indica EFE, "molestaban a un grupo de países petroleros y a su industria petroquímica".

Plástico acumulado en una playa de Panamá.

Plástico acumulado en una playa de Panamá. Carlos Lemos EFE

La respuesta de las delegaciones negociadoras de los países de Latinoamérica, Asia, África, los Estados insulares y la Unión Europa fue un rotundo no. Las críticas a este tratado se han centrado, desde entonces, en su "escasa ambición" y en su "debilidad". 

Y es que todo ello se reflejan en la ausencia de medidas de control a la producción del plástico o de las referencias al impacto en la salud humana. Además, en ese primer borrador final habían desaparecido las restricciones al uso de aditivos químicos tóxicos.

La mayoría de negociadores y oenegés lo tildan de retroceso. Mientras, países como Colombia, Chile, Panamá y México calificaron el borrador de "inaceptable", posición que fue aplaudida durante el plenario y que luego apoyó un país tras otro.

El jefe negociador de Panamá, Juan Carlos Monterrey, durante el pleno recordó que la cumbre se convocó para "alcanzar un acuerdo sobre contaminación de plásticos" y no "para llegar a un arreglo político".

Motivo por el que Monterrey pidió que "la justicia y la ciencia" volviesen al "corazón" de un texto, que catalogó de "repulsivo".

"No es ambición, es rendición"

Panamá, además, recordó que el tratado, tal y como estaba presentado en ese borrador, es "una rendición" a los deseos de los petroestados y carece por completo de "ambición".

La Unión Europea apoyó el discurso de Monterrey y sumó a la retahíla de calificativos negativos un "no aceptable". Señaló, además, la falta de "medidas claras, robustas y factibles"

Para los pequeños Estados insulares, representados en la cumbre por Tuvalu, el documento negociado "corría el riesgo de producir un tratado que no proteja ni a las personas, ni las culturas, ni los ecosistemas cuya existencia está amenazada por la contaminación plástica". 

Instalación artística frente al edificio donde las delegaciones negociaron el tratado sobre el plástico en una de las anteriores rondas de discusión en Canadá.

Instalación artística frente al edificio donde las delegaciones negociaron el tratado sobre el plástico en una de las anteriores rondas de discusión en Canadá. Kyaw Soe Oo Reuters

Reino Unido, por su parte, habló de "un texto que recoge el mínimo común denominador" para los países. Y Noruega recordó que la cumbre no estaba "cumpliendo su promesa: acabar con la contaminación por plástico". 

La delegación de Kenia no pudo resumir mejor los ánimos de las últimas jornadas de negociación: "Esto se va a quedar en un tratado sobre gestión de residuos"

Y es que eso es, precisamente, la posición de los petroestados, una coalición a la que, además de los países del Golfo, se han unido Rusia e Irán, todos ellos preocupados por los posibles vetos a la fabricación de plástico virgen que pudiese conllevar un tratado como el que el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, pedía. 

Estados Unidos, por su parte, se ha situado desde el momento cero en contra de este tratado. Durante los primeros días de cumbre, incluso, la Administración Trump llegó a animar a sus homólogos a rechazarlo por completo. 

"Nos quedamos sin tiempo"

El tic tac del reloj ha sido una constante durante las negociaciones del tratado sobre la contaminación por plástico. Y esas mismas manecillas lanzan una amenaza de las que muchas delegaciones han sido conscientes durante las últimas semanas.

Porque, como publican en The Guardian, el sentimiento común era un "nos quedamos sin tiempo", en su sentido literal —con el final de la cumbre— y figurado —estamos ante el ahora o nunca de la acción climática—.

Precisamente por eso, informan desde Reuters, alrededor de 300 empresas, entre las que se encuentra Unilever, han ejercido presión durante la cumbre para conseguir un "tratado ambicioso que armonizase las reglas a nivel global". 

Tres años de negociaciones

La quinta sesión de la Asamblea de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (UNEA-5.2), que tuvo lugar en marzo de 2022 en Nairobi, fue histórica: se adoptó una ambiciosa resolución que obligaba a los Estados a formalizar un instrumento legal vinculante que legislase la contaminación por plásticos. Y allí empezó toda esta odisea.

Imagen del arranque del plenario de las negociaciones de Ginebra.

Imagen del arranque del plenario de las negociaciones de Ginebra.

Claro que eso fue hace tres años. El tratado que tendría que salir de las negociaciones, cuya ronda final se ha llevado a cabo estas últimas dos semanas en Ginebra, no tiene visos de ser tan histórico como Naciones Unidas había planteado. 

La idea detrás de la UNEA-5.2 no era otra que atajar el problema del plástico desde la base, cerrando el círculo de un material que ha revolucionado la vida humana, pero también los ecosistemas. 

460 millones de toneladas

El problema del plástico no es nimio ni permite mucho margen de maniobra. Tal y como recuerdan desde la plataforma Global Plastic Action (GPA), "la contaminación ha llegado incluso a los rincones más remotos del planeta, desde la fosa de las Marianas hasta el monte Everest".

En la actualidad, se producen anualmente alrededor de 460 millones de toneladas de este producto que se suman a las que ya viven con nosotros. De ellos, solo el 9% se recicla, según esta entidad. 

Varios estudios científicos indican que la producción de plástico ha experimentado un crecimiento exponencial. En 1950 se producían alrededor de 2 millones de toneladas; en 2015, la cifra alcanzaba los 380 millones de toneladas.

Según el estudio pionero publicado en Science Advances por Roland Geyer y su equipo de las universidades de California, Georgia y la Sea Education Association, se estima que solo entre 1950 y 2015 se produjeron 8.300 millones de toneladas métricas de plástico virgen.

Ahora nos encontramos con una producción de cerca de 100 millones de toneladas por encima en comparación con una década atrás. Los datos son claros: en los últimos 20 años se ha producido aproximadamente la mitad de todo el plástico creado en la historia de este material.

Asimismo, según las estimaciones de la OCDE, sin intervención alguna, estos residuos  se triplicarán para 2060. Esto es, precisamente, lo que la ONU quiere evitar con el tratado fallido que se ha venido negociando en Ginebra estos días.