Gabriela V. Agosto
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Hace medio siglo, el golpe del 24 de marzo de 1976 marcó un quiebre en la historia argentina. La dictadura cívico-militar que se instituyó no solo sembró muerte, desaparición y dolor, sino que también puso una pausa a un proceso internacional e histórico más amplio que caracterizó a Iberoamérica a lo largo del siglo XX.

Hablamos de la oscilación pendular entre los regímenes autoritarios y períodos democráticos, una dinámica que Guillermo O’Donnell conceptualizó con notable precisión al analizar el surgimiento de los Estados burocrático-autoritarios en el Cono Sur (O’Donnell, 1982).

Desde la década de 1930, el continente vivió una sucesión de golpes de Estado que interrumpieron reiteradamente el orden constitucional: en Brasil (1964), Uruguay (1973), Chile (1973), Bolivia (múltiples episodios), Paraguay (1954), Portugal (1926), España (1936) y en la propia Argentina con los golpes de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y, finalmente, 1976.

Esta pendularidad no fue azarosa, respondió a las tensiones estructurales entre los proyectos de modernización, las demandas de distribución social y las resistencias de las élites económicas y militares, que encontraron en el golpismo un instrumento de reordenamiento político.

Comprender el golpe de 1976 exige, entonces, situarlo en esa trayectoria iberoamericana de larga duración. Solo así puede apreciarse en su justa dimensión lo que significó la transición democrática argentina de 1983 y el inicio de la llamada tercera ola democratizadora en la región iniciada por la República Dominicana en el año 1978.

Samuel Huntington acuñó el concepto de "tercera ola" para describir el proceso global de transiciones democráticas que se inició aproximadamente en 1974 con la Revolución de los Claveles en Portugal y se extendió a lo largo de América Latina, Europa del Sur y, posteriormente, Europa del Este (Huntington, 1994).

En Iberoamérica, esta ola tuvo un carácter particular: fue, en gran medida, una ola de restauración, de recuperación de las tradiciones constitucionales interrumpidas por décadas de autoritarismo.

Argentina se convirtió en un caso emblemático de esta transición. La derrota en la Guerra de las Malvinas (1982) aceleró la descomposición del régimen militar y abrió paso a las elecciones de octubre de 1983.

La victoria de Raúl Alfonsín y la posterior realización del Juicio a las Juntas (1985) colocaron al país en la vanguardia del procesamiento jurídico de las violaciones de los derechos humanos cometidas durante las dictaduras, un modelo que sería estudiado y referenciado en procesos similares en todo el mundo (Nino, 1997).

El aniversario del golpe del 76 nos convoca a evaluar la solidez de lo construido. En perspectiva regional, los avances son innegables: la democracia electoral se ha consolidado como el único régimen legítimo en casi toda Iberoamérica.

Pero también persisten algunas vulnerabilidades: la desigualdad estructural, la corrupción sistémica, la debilidad institucional y el surgimiento de nuevos autoritarismos —llamados a veces "democracias iliberales"— plantean interrogantes sobre la profundidad de esa consolidación (Linz y Stepan, 1996).

La historia política iberoamericana puede leerse, en parte, como una historia de oscilaciones. No se trata de un péndulo mecánico ni determinista, sino de tensiones recurrentes entre fuerzas que pugnan por diferentes modelos de organización del poder.

Esas tensiones tuvieron en el siglo XX una expresión particularmente violenta: los golpes de Estado se convirtieron en el mecanismo privilegiado de las élites conservadoras para interrumpir procesos redistributivos o de ampliación de derechos que consideraban amenazantes.

El golpe de 1976 en Argentina representó la versión más extrema de esa lógica en el Cono Sur. A diferencia de otros golpismos latinoamericanos, el régimen inaugurado en el 24 de marzo desplegó una violencia sistemática y planificada con el objetivo explícito de reorganizar el tejido social en profundidad.

El terrorismo de Estado —con su aparato de centros clandestinos de detención, desapariciones forzadas y robo de bebés— no fue una anomalía, sino el núcleo del proyecto político.

La comprensión de esa etapa histórica tiene implicancias directas para el presente. Varios especialistas han advertido sobre el riesgo de lo que se denomina retroceso democrático o democratic backsliding (Bermeo, 2016): el debilitamiento gradual de las instituciones y los procedimientos democráticos sin necesidad de un golpe de Estado formal.

En el contexto iberoamericano contemporáneo, con experiencias como las de Venezuela, Nicaragua o el intento de autogolpe en Perú, esa advertencia adquiere una particular relevancia. La memoria del golpismo no es solo un ejercicio de rememoración del pasado: es una herramienta analítica para leer el presente.

La preservación de la memoria colectiva —a través de la educación, los juicios y los espacios de memoria— ha sido clave para evitar la negación y la trivialización del pasado. El recuerdo activo protege a la sociedad de repetir ciertos abusos.

Las organizaciones de derechos humanos demostraron que la restauración ética y política es posible cuando la ciudadanía se organiza y demanda justicia y verdad.

Esa experiencia de organización civil en contextos adversos es una de las herencias más valiosas de la transición democrática en la región, y en Argentina cobra sentido en la presentación de las organizaciones de Abuelas o Madres.

Ilustración elaborada por Cristina Lamara para la OEI.

Ilustración elaborada por Cristina Lamara para la OEI. Cristina Lamara. OEI

Las complicidades —políticas, económicas y mediáticas— que permitieron el régimen muestran la necesidad de instituciones sólidas, independientes y transparentes. La democracia requiere controles, un pluralismo informativo y una separación efectiva de los poderes.

La experiencia iberoamericana enseña que las instituciones son siempre el resultado de disputas sociales, y pueden ser erosionadas tanto por golpes súbitos como por deterioros graduales.

Una cultura que fomente el pensamiento crítico, el debate informado y el respeto por la diversidad evita la reproducción de los prejuicios y discursos autoritarios. El conocimiento histórico debe ser integral, plural y contextualizado, incluyendo la perspectiva regional iberoamericana como marco de comprensión indispensable.

Un análisis reparador debe combinar la búsqueda de la verdad, la sanción de los responsables y la reparación simbólica y material a las víctimas. La impunidad es un riesgo cultural que deslegitima al Estado y hiere la convivencia social.

La experiencia comparada en Iberoamérica muestra que los procesos de justicia transicional, aunque imperfectos, contribuyen a la consolidación democrática más que los modelos de olvido o amnistía generalizada.

A las nuevas generaciones les compete la continuación de una tarea inacabada: transformar la memoria en acción cotidiana desde un compromiso ético con lo público (respeto, responsabilidad y empatía).

Esa tarea tiene una dimensión que va más allá de las fronteras nacionales: significa también comprender los mecanismos regionales e históricos que hacen posibles o vulnerables a las democracias.

El 50º aniversario del golpe de 1976 en Argentina es, más que un recuerdo, una llamada a la acción situada en un contexto histórico preciso: el de una región que conoció la brutalidad del autoritarismo y construyó, con esfuerzo y sacrificio, regímenes democráticos que deben ser cuidados y mejorados en sus limitaciones.

La historia de la pendularidad iberoamericana entre dictadura y democracia no es un ciclo ineludible: es una advertencia y, al mismo tiempo, un legado de resistencia.

Mantener viva la memoria y traducirla en educación, instituciones sólidas y una cultura democrática es la mejor garantía contra la repetición del horror.

Referencias bibliográficas

Bermeo, N. (2016). On democratic backsliding. Journal of Democracy, 27(1), 5-19. https://www.journalofdemocracy.org/articles/on-democratic-backsliding/

Huntington, S.P. (1994). La tercera ola: La democratización a finales del siglo XX. Paidós.

Linz, J.J. y Stepan, A. (1996). Problems of democratic transition and consolidation: Southern Europe, South America, and post-communist Europe. Johns Hopkins University Press.

Nino, C.S. (1997). Juicio al mal absoluto: Los fundamentos y la historia del juicio a las juntas del proceso. Emecé.

O’Donnell, G. (1982). El Estado burocrático autoritario: Triunfos, derrotas y crisis. Editorial de Belgrano.

***Gabriela V. Agosto es Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador y miembro de la comisión experta del Programa de Educación en Derechos Humanos, Democracia e Igualdad de la OEI.