Una de las calle de San Pedro (Albacete) con vistas a la parroquia.

Una de las calle de San Pedro (Albacete) con vistas a la parroquia. Ayuntamiento

Turismo

El pueblo de poco más de 1.000 habitantes donde comer los mejores caracoles: a la plancha o guisados con paciencia

Su entorno calizo propicia la abundancia de este molusco que, durante siglos, ha sido la fuente gratuita de proteínas de las familias más humildes.

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La provincia de Albacete esconde auténticos tesoros rurales donde la gastronomía es un arte. Uno de estos destinos ideales para una escapada de fin de semana es San Pedro, un acogedor pueblo de 1.155 habitantes que se ha ganado a pulso el título de la capital de los caracoles.

Este rincón de la Sierra de Alcaraz y Campo de Montiel destaca, entre muchas otras cosas, por sus deliciosas y tradicionales formas de cocinar este molusco. Los caracoles no solo son el plato estrella local, sino una seña de identidad del municipio.

Los orígenes de esta localidad están ligados a la poderosa ciudad de Alcaraz y a la vecina fortaleza de Peñas de San Pedro, de la que se independizó en el siglo XIX. Hoy, lo primero que llama la atención al llegar a San Pedro es la peculiar disposición de casco urbano que está literalmente partido en dos mitades.

Vista aérea de San Pedro.

Vista aérea de San Pedro. Ayuntamiento

El río Quéjola y su verde vega dividen el municipio en dos barrios que hoy en día quedan unidos por el emblemático puente de La Madre. Por un lado se encuentra el barrio viejo, que alberga la plaza mayor, el ayuntamiento y la iglesia de San Pedro Apóstol, esta última cuenta con una llamativa torre de piedra terminada en 1846.

Por otro lado, emerge la zona de La Peñica, un cerro situado en la cima del pueblo que dispone de un mirador excepcional. Pero si hay un punto de encuentro social para vecinos y visitantes, ese es La Fuente: un parque natural y área recreativa idóneo para un picnic o una barbacoa al aire libre.

Además, en la pedanía de Cuevas del Molino de las Dos Piedras aún se pueden observar las curiosas casas-cueva excavadas en el cerro. En el plano gastronómico, los caracoles son el principal motivo de visita de los que deciden parar en San Pedro.

Los hosteleros y vecinos dominan especialmente dos preparaciones: a la plancha o guisados con paciencia y a fuego lento utilizando las especias típicas de la comarca. El consumo de caracoles en San Pedro alcanza su máximo esplendor en las fiestas patronales del 29 y 30 de junio.

Un plato de caracoles en salsa.

Un plato de caracoles en salsa. Pinterest

Según marca la tradición, tras los actos religiosos y las procesiones, todo el mundo se reúne en los bares para disfrutar de una buena ración de caracoles. La humedad del río Quéjola y su entorno calizo propician la abundancia de este molusco que durante siglos ha sido la fuente gratuita de proteínas de las familias más humildes.

Con el paso del tiempo, lo que comenzó como un alimento de subsistencia evolucionó hasta transformarse en el mayor reclamo turístico del pueblo. La oferta culinaria se completa con otros platos típicos como la piparra de conejo con almendras o el ajo mataero.

La escapada a San Pedro no se queda aquí, ya que la vía verde de la Sierra de Alcaraz que discurre en paralelo por la mítica e inacabada línea ferroviaria Baeza-Utiel del siglo XX es perfecta para hacer senderismo.

Su ubicación estratégica lo convierte también en el punto de partida para explorar el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima o visitar el impresionante nacimiento del río Mundo.