Jóvenes rezan en una iglesia de Toledo.

Jóvenes rezan en una iglesia de Toledo. Javier Longobardo

Sociedad IGLESIA

Hay menos católicos, pero son más practicantes: así ha cambiado la fe en Castilla-La Mancha en los últimos años

El porcentaje de creyentes en la región cae casi veinte puntos desde 2019, aunque dos de cada tres vecinos manifiestan su religiosidad.

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El peso del catolicismo en Castilla-La Mancha ha menguado en los últimos años, aunque su retroceso se concreta principalmente entre los no practicantes. Dos de cada tres vecinos se declaran creyentes (63,7 %), casi 20 puntos menos que en 2019, cuando cuatro de cinco residentes decía seguir a Cristo (82,6 %).

La serie Religiosidad de la persona entrevistada, que elabora con periodicidad mensual el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), confirma que el retroceso de la fe cristiana se concentra sobre todo entre quienes se definen católicos, pero ni acuden con regularidad a los oficios ni participan en la vida comunitaria de la Iglesia.

En 2019, el 51,5 % de los castellanomanchegos se encuadraban bajo esta etiqueta. En el último estudio del CIS que ha preguntado por la devoción de la población, correspondiente al pasado mes de abril, el peso de los no practicantes ha disminuido hasta el 35,1 %.

La región también cuenta con menos católicos practicantes, aunque en una proporción mucho menor: en 2019, suponían el 31,1 % de la población; ahora representan el 28,6 %, una caída de poco más de dos puntos.

Por tanto, la evolución temporal de ambas categorías perfila dos trayectorias divergentes. Los no practicantes han perdido peso de forma clara —y más o menos lineal— respecto a 2019: se intuye que el aumento de agnósticos y ateos se nutre de antiguos miembros de esta categoría.

Sin embargo, los católicos activos en la comunidad autónoma —un colectivo cuyo peso relativo se hundió en los primeros años del periodo analizado— han remontado desde 2022. Aquel año, eran el 18,5 % de todos los censados en la región; ahora, son diez puntos más.

De forma mayoritaria, la sociedad de Castilla-La Mancha se aferra al catolicismo, aunque su base social se ha estrechado de forma considerable en pocos años.

No obstante, el último dato conocido de 2026 apunta a una composición más concentrada. Hay menos devotos, pero entre los fieles ganan terreno los más comprometidos: casi el 45 % de los católicos de la región siguen los preceptos con regularidad; hace seis años, menos del 38 % de los miembros de este colectivo lo hacían.

La erosión de la fe resultó más acusada en el tramo inicial de la serie: fue entre 2019 y 2022 cuando se produjo un fuerte descenso de la religiosidad. De hecho, ya en 2022 el número total de personas que se declaraban católicas en Castilla-La Mancha alcanzó un nivel muy similar al actual.

Desde entonces se ha producido una cierta recomposición del catolicismo: la proporción de creyentes se mantiene en tasas similares —aproximadamente, dos de cada tres vecinos— mientras los observantes aumentan. Esta forma más pasional de vivir la fe se antoja como una de las razones que podrían explicar ese giro católico del que han advertido diferentes voces.

¿Más jóvenes fieles?

El 33,8 % de los jóvenes con entre 18 y 24 años se declaran católicos practicantes. En 2019 (se ha tomado como referencia mayo, el mes en que el CIS inició esta serie mensual) eran el 20 %.

En el resto de estudios analizados, los resultados para tal cohorte y dicha respuesta sobre su religiosidad son los siguientes: 8,3 % en 2020; 18,2 % en 2021; 0 % en 2022 y 2023; 17,5 % en 2024; 9 % en 2025.

En todo caso, se debe advertir de la distorsión estadística que puede generar la pequeña muestra analizada —dado que corresponde a un periodo de solo siete años de vida y a una región de poco más de dos millones de habitantes—.