Remedios y su marido junto a Francisco.

Remedios y su marido junto a Francisco. Cedida

Sociedad

Francisco, el niño de acogida que cambió la visión del mundo de Remedios: "Nos ha enseñado más de lo que nosotros a él"

Tras más de 15 años de convivencia, su familia de acogida en Mora (Toledo) refleja a este medio como esta llegada transformó su vida y su forma de entender la familia.

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Francisco llegó a casa de Remedios Vázquez y su marido con dos años y medio y una vida que aún no sabía nombrar, pero que ya arrastraba demasiadas cosas para su corta edad. Corría el año 2011 en Mora (Toledo), y aquella llamada que la pareja había esperado tras un proceso de formación e idoneidad para ser un hogar de acogida se convirtió en el inicio de una convivencia que cambiaría por completo su idea de lo que significa ser una familia.

Vázquez no habla de aquel momento como algo extraordinario, sino como una llegada natural, casi inevitable, en la que todo encajó con una sencillez difícil de explicar. En la segunda visita, recuerda, el niño los reconoció y repitió un gesto de la primera vez, y ahí apareció la certeza: había vínculo posible.

El 31 de mayo, Día Internacional del Acogimiento Familiar, su historia se cruza con la de cientos de menores en Castilla-La Mancha que viven bajo medidas de protección, en un sistema donde el acogimiento familiar se ha consolidado como alternativa al residencial.

Remedios Vázquez junto a Francisco en el metro.

Remedios Vázquez junto a Francisco en el metro. Cedida

La llegada de Francisco no supuso una transformación inmediata en la casa, sino un proceso progresivo de adaptación en el que la convivencia se fue construyendo día a día. Vázquez recuerda que no hubo grandes gestos ni cambios abruptos, sino una suma de pequeñas decisiones cotidianas que fueron configurando una nueva normalidad.

Realidad adaptada

Francisco presentaba una discapacidad intelectual moderada que condicionaba su desarrollo, aunque en el relato de su madre de acogida no aparece como un límite absoluto, sino como una realidad que exigía otros ritmos, otra forma de entender los avances y los retrocesos.

La familia asumió desde el principio la necesidad de acudir a terapias, consultas médicas y apoyos especializados, pero siempre con la idea de que el objetivo no era corregir una situación, sino acompañar una infancia dentro de las posibilidades reales del niño.

Remedios lo resume con una idea que ha marcado todo el proceso: no imponer ritmos ajenos a su desarrollo, sino respetar los suyos propios, incluso cuando eso implicaba aceptar que no todo llegaría de la misma manera ni en el mismo momento que en otros niños.

Con el paso del tiempo, Francisco fue integrándose en la vida del entorno, en el colegio, en las relaciones cotidianas del pueblo y en la dinámica familiar. Ese proceso no estuvo exento de miradas externas que, al principio, no terminaban de comprender la decisión de la familia.

Remedios recuerda incredulidad en algunas personas e incluso comentarios que cuestionaban la necesidad de "complicarse la vida" cuando, aparentemente, ya tenían estabilidad. Con los años, esas percepciones fueron cambiando a medida que la convivencia con Francisco se hacía visible y cotidiana.

Un miembro más

La propia presencia del niño en los espacios comunes, su integración en la vida social y la naturalidad con la que fue ocupando su lugar dentro de la familia acabaron desmontando muchas de esas dudas iniciales, hasta el punto de que, con el tiempo, dejó de ser "el niño acogido" para ser simplemente Francisco, un miembro más del entorno familiar y social.

La experiencia de Remedios no se entiende únicamente desde la llegada de Francisco, sino desde su propia forma de entender el acogimiento como forma de vida. Ya con la convivencia estabilizada, la familia acogió a una niña de cuatro años que estaba esperando una adopción junto con su hermana. La menor había asumido desde muy pequeña un rol de cuidado hacia su hermana, una responsabilidad que no correspondía a su edad.

Francisco junto con la niña de acogida que estuvo en su hogar de acogimiento.

Francisco junto con la niña de acogida que estuvo en su hogar de acogimiento. Cedida

Durante el tiempo que convivieron, aquella niña y Francisco fueron compañeros de juegos dentro de la dinámica cotidiana del hogar. Él ejercía de hermano mayor, y ella, por primera vez, pudo experimentar un entorno en el que jugar, descansar y dejar de asumir cargas que no le correspondían formaba parte de la normalidad.

La familia recuerda aquella etapa como intensa, tanto en lo emocional como en lo cotidiano, pero también como profundamente significativa dentro de su experiencia como hogar de acogida.

Acompañamiento en esta "nueva realidad"

Detrás de esta historia personal se encuentra una realidad más amplia que ayuda a entender su contexto. En España, decenas de miles de menores forman parte del sistema de protección, con situaciones que se reparten entre el acogimiento residencial y el familiar, siendo este último una medida que ha ido ganando peso en los últimos años como alternativa prioritaria siempre que es posible.

En Castilla-La Mancha, el sistema cuenta con centenares de menores en acogimiento familiar y otros tantos en centros residenciales, en un equilibrio que refleja tanto los avances del modelo como las limitaciones estructurales que aún persisten, especialmente en la disponibilidad de familias acogedoras.

En ese entramado institucional y humano, la ASOFACAM desempeña un papel fundamental en el acompañamiento de las familias de acogida en la región. No se limita a la formación inicial o a la valoración de idoneidad, sino que incluye el seguimiento continuo, el apoyo emocional en las distintas fases del proceso y la creación de una red entre familias que permite compartir experiencias, dudas y aprendizajes.

Remedios la define como "un faro", un espacio donde no solo se recibe orientación técnica, sino también comprensión desde la experiencia compartida.

En procesos largos como el de Remedios, ese acompañamiento se convierte en un sostén silencioso que ayuda a sostener la convivencia cuando las certezas se construyen día a día.

La experiencia de esta madre de acogida no se entiende únicamente desde la llegada de Francisco, sino también desde su propio recorrido vital. Su familia ya mantenía una cultura de acogida en sentido amplio, no necesariamente vinculada a la infancia, pero sí a la idea de abrir la casa y sostener a otros en momentos de dificultad. Ese contexto previo facilitó la decisión, aunque no eliminó las incertidumbres ni las dudas externas propias del proceso.

Fase preadoptiva

Con el tiempo, Remedios ha ido construyendo una visión muy clara del acogimiento como una forma de vida que no se mide solo en términos de duración o resultados, sino en la capacidad de ofrecer a un menor un entorno estable en el que poder desarrollarse, incluso cuando existen dificultades que no desaparecen del todo.

En su caso, el vínculo con Francisco ha evolucionado hasta convertirse en una relación consolidada que hoy se encuentra en fase preadoptiva, tras más de una década de convivencia.

La familia durante un viaje.

La familia durante un viaje. Cedida

Hoy, más de una década después de aquella primera llamada, la historia de Francisco no se entiende como un episodio cerrado, sino como un proceso en curso dentro de una familia que no estaba escrita de antemano, pero que se ha ido construyendo en la convivencia diaria.

El acogimiento familiar, más allá de su definición institucional, aparece aquí como una manera de transformación tanto a quienes llegan como a quienes acogen, y que encuentra su sentido no en la permanencia absoluta, sino en la posibilidad de ofrecer un lugar estable en medio de trayectorias que, en muchos casos, habían comenzado desde la incertidumbre.