En el verano de 2024 consiguió una plaza como bombero forestal de la Empresa Pública de Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha (GEACAM).

En el verano de 2024 consiguió una plaza como bombero forestal de la Empresa Pública de Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha (GEACAM). Cedida

Cuenca

Carlos, resinero con 28 años: "Pasas frío, te duelen las lumbares y eres autónomo, pero este trabajo me lo ha dado todo"

Este joven de 28 años dejó su Valencia natal para instalarse en un pequeño pueblo de Cuenca.

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Su oficina es el bosque y sus compañeros de trabajo los corzos que corretean entre la maleza. Carlos es uno de los 700 resineros que todavía sobreviven en España pese a la dureza del oficio y los bajos precios, aunque su caso es más especial aún si cabe: tiene solo 28 años y ya afronta su sexta campaña de resina.

"Esto te encanta o no duras ni dos días. Pasas frío, te duelen las lumbares y encima eres autónomo agrario", relata a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. Nacido y criado en Valencia, su historia es la de un joven cansado de la vida urbanita que en 2021 desembarcó en Talayuelas (Cuenca), el pueblo donde sus abuelos maternos mantenían una casa de verano.

Tras una primera etapa trabajando en una granja local, su amor por la naturaleza le llevó a estudiar el grado superior de Gestión Forestal y de forma inesperada, el padre de un amigo le mostró el oficio: "Me dijo: «Nada, esto eres autónomo, arrendas unos pinos al ayuntamiento que tiene monte público y los gestionas tú»".

Uno de los pinos de donde extrae resina Carlos.

Uno de los pinos de donde extrae resina Carlos. Cedida

El recibimiento por parte de los veteranos fue muy cálido al ver a un chico dispuesto a mantener viva una profesión centenaria. "Los resineros del pueblo me dieron todas las herramientas ilusionados porque alguien continuara con esto. He llegado a usar un mazo de madera del año 96", cuenta.

En su caso, la resina le sirvió para costearse los estudios, además de los gastos de luz y agua de su casa de verano. Tras concluir la titulación, Carlos consiguió en el verano de 2024 una plaza como bombero forestal de la Empresa Pública de Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha (GEACAM). "Ahora trabajo como resinero en mis días de libranza", aclara.

Carlos en la Sierra de Cuenca. Foto personal.

Carlos en la Sierra de Cuenca. Foto personal. Cedida

Cómo recolecta la resina

La extracción requiere una preparación laboriosa. En pleno invierno comienza "el desroñe" que consiste en reducir la corteza exterior del tronco. Tras esa labor previa llega "el enclavado": con un mazo se clava una chapa metálica en el árbol, debajo de esta se coloca un clavo y después se sitúa un bote de barro o plástico descansando justo encima del clavo.

Con la llegada del calor, la savia despierta y arranca la extracción. "En abril ya comienza la cosecha", subraya el joven resinero. En ese momento se realiza "la pica", un corte en la corteza donde se aplica una pasta de ácido sulfúrico en baja concentración que permite mantener abierta esa "herida" durante 15 a 21 días, sin ella, el pino solo produciría durante cuatro días.

Vista detallada de la chapa metálica y el bote que se utilizan para la extracción de resina de pino.

Vista detallada de la chapa metálica y el bote que se utilizan para la extracción de resina de pino. Cedida

Ese margen de dos semanas exige un ritmo de trabajo voraz. "En verano, que es cuando hay mayor trabajo, a las seis de la mañana ya estás en el monte. Suelo estar hasta las doce del mediodía y luego vuelvo de cinco a ocho/nueve de la noche. He tenido años que he llevado 3.500 árboles. Al día me puedo picar unos 700 pinos", detalla.

A lo largo de la campaña, que se prolonga hasta noviembre, se realizan varias "remesas" del producto acumulado en los botes para verterlo en barriles. "Con un colador vas retirando las impurezas, la pinocha y la vegetación que haya caído dentro".

La gestión del pinar no se hace al libre albedrío, "sigues un manual de buenas prácticas que te propone la ingeniera de montes y del que no te puedes salir. Tienes que cumplir unas normas para garantizar la llamada 'resinación a vida', que asegura la supervivencia del árbol incluso cuando termina su etapa aprovechable tras 25 años o más", explica Carlos.

Además, explica que paga un alquiler de 10 céntimos por pino al año al Ayuntamiento de Talayuelas por su actividad, un coste que incluye tasas para tareas de mantenimiento y mejora del espacio forestal.

El mapa resinero español tiene su núcleo en Castilla y León, concretamente en la provincia de Segovia y la comarca de Tierra de Pinares, al concentrar cerca del 85 % de la producción nacional. Por su parte, Cuenca se coloca como la segunda provincia productora.

Precio y producción

Esa materia virgen que se conoce como miera del pino se destina para derivados como la colofonia y la trementina (aguarrás), esenciales en la fabricación de adhesivos, pinturas, barnices, cosméticos, productos farmacéuticos e incluso como alternativa ecológica a los plásticos derivados del petróleo.

En su caso, Carlos comercializa toda la resina que recolecta a la empresa conquense Industrial Resinera Valcán, un referente del sector. Sin embargo, la rentabilidad de la resina en Cuenca está muy lejos de la que se obtiene en Castilla y León debido a que la producción es mucho mayor.

"En Segovia sacan cinco kilos por pino al año, pero aquí sacamos dos. Este año la resina se paga a 1,14 euros el kilo, aunque yo he llegado a venderla a 1,50 euros. Hoy, con 2.000 pinos no ganas ni 5.000€ al año", lamenta.

Una de las carretillas con las que Carlos trasporta la resina a los barriles.

Una de las carretillas con las que Carlos trasporta la resina a los barriles. Cedida

Los costes de la actividad como transporte y herramientas corren a cuenta propia, por ello, considera que "actualmente no merece la pena". Esta brecha entre esfuerzo e ingresos convierte el pluriempleo en el único camino posible para la inmensa mayoría de los resineros. "El 95 % del sector es gente que lo tiene como complemento y se ganan un extra".

Detrás de todas las dificultades del oficio de resinero, se esconde un contacto directo con el bosque que para Carlos es una de las mayores recompensas. "Somos los primeros en detectar una plaga, ver un cazador furtivo, una trampa o un fuego porque estamos todo el día en la montaña".

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resina-arbol E.E.

Reivindica el papel crucial que desempeñan en la conservación del medio natural y la prevención de incendios. "Nuestros pasos diarios abren pequeños senderos que hacen de cortafuegos. Además, un monte que se pisa no cría tanta hierba baja", argumenta.

El futuro de esa profesión pasa por la investigación e innovación técnica a través de proyectos como RESINLAB o iniciativas como GEA Forestal y CESEFOR que están planteando sistemas que permitan la mecanización de los diferentes procesos. "Necesitamos herramientas para reducir las horas y el esfuerzo si el precio no acompaña", apunta.

Aunque el camino sea cada vez más empinado, este joven valenciano se niega a soltar el mazo de forma definitiva: "Yo voy a continuar como resinero, aunque sea casi como una afición. Este trabajo me lo ha dado todo".