Niños a las puertas de un colegio.

Niños a las puertas de un colegio. Óscar Huertas

Región

Los alumnos con necesidades especiales crecen un 60 % en Castilla-La Mancha y los profes avisan: "No llegamos a todos"

En tan solo cinco años, la cifra ha pasado de 8.279 a 13.246 en los centros educativos de la región.

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Castilla-La Mancha arrancó el curso académico 2020/2021 con 8.279 niños y niñas con necesidades educativas especiales. Solo cinco años después, el curso 2025/2026 arrancó con 13.246, un 60 % más.

Es decir, tres de cada 100 alumnos presentan dificultades de aprendizaje; discapacidades de tipo intelectual, física o sensorial; trastornos del espectro autista y TDAH, trastornos de la comunicación o problemas emocionales/conductuales, entre otros.

Aunque desde la Consejería de Educación castellanomanchega reconocen que estas cifras "obligan a seguir adaptando el sistema educativo a una realidad que cambia" y destacan los esfuerzos que se están llevando a cabo en ese sentido, entre los docentes al frente de las aulas se repite un sentimiento de "frustración" al verse "atados de pies y manos" ante unas necesidades que aumentan y unos recursos que consideran insuficientes.

Mientras la Consejería asegura que el aumento de niños con necesidades educativas especiales ha ido a la par con los recursos para atenderlas, los profesores se sienten "desbordados".

Marta Arias, orientadora en un colegio ordinario de casi 700 alumnos situado en la comarca Mesa de Ocaña de la provincia de Toledo, asegura que cada día se enfrentan "a complicaciones para poder atender a todos los niños".

Aunque considera que los recursos han aumentado con respecto a años anteriores, la "escasez" sigue destacando: "En el colegio somos una orientadora y media para el volumen de niños que tenemos. No llegamos a dar respuesta a todos".

Arias explica que, además de la "orientadora y media", en el colegio cuentan con un PT (docente especialista en Pedagogía Terapéutica) ordinario y un AL (especialista en Audición y Lenguaje) ordinario a jornada completa, un equipo TEA, un PT a media jornada, dos ATE (Auxiliar Técnico Educativo), una fisioterapeuta educativa una vez a la semana y una enfermera "compartida con media comarca".

Aún con estos profesionales, esta orientadora asegura que se sienten "frustrados y desbordados" al atender a 80 alumnos con necesidades educativas especiales de diferentes tipos con recursos limitados: "Hacemos lo que podemos con lo que tenemos".

Según los datos de Educación, la Consejería ha pasado de invertir alrededor de 70 millones de euros en 2015 a 204 millones en 2026, lo que supone un gasto educativo por alumno de 8.226 euros, más de un 80 % por encima del de 2015.

El personal también ha aumentado con 4.174 profesionales vinculados a la inclusión educativa, 173 más que el curso pasado y aproximadamente un 70 % más que en 2015.

"Nuestro modelo apuesta porque el centro ordinario sea el entorno de referencia siempre que pueda ofrecer la respuesta que el alumno necesita, dotándolo de profesionales, recursos y medidas de apoyo", señalan.

Aunque son "conscientes de que queda camino por recorrer", desde el Gobierno presidido por Emiliano García-Page recuerdan que "se han adoptado medidas que benefician" al conjunto del alumnado como la reducción progresiva de los ratios, la disminución de las horas lectivas del profesorado y el aumento de los programas de refuerzo y éxito educativo.

"El objetivo es actuar antes, porque una política inclusiva también consiste en detectar una dificultad y abordarla antes de que termine convirtiéndose en fracaso escolar o abandono", aseguran.

Los docentes reclaman más especialistas

"Lo que dice la ley sobre cómo debería ser la atención a este alumno está bien, pero luego no se lleva a la práctica", dice Raquel Díaz-Jiménez, maestra especialista en pedagogía terapéutica (PT) en un colegio de más de 600 alumnos en la provincia de Toledo.

Esta profesional asegura sentirse "desbordada todos los días para atender al número de alumnos" que tiene: "Mi sensación es de frustración diaria. No llegamos, necesitamos más especialistas".

La inclusión, recuerda Martín Navarro, presidente de Anpe Castilla-La Mancha, debe "ir ligada a la palabra equidad". La realidad actual de las aulas muestra, según el dirigente sindical, una heterogeneidad "muy diversa" con "alumnos que van muy bien", pero también "con alumnos con dificultades".

Es en esa diversidad donde reivindica que "la equidad es dar a cada uno lo que necesita" y que cada niño tenga "igualdad de oportunidades" en su atención y educación.

A.R., que prefiere mantener su anonimato, es maestra especialista en Audición y Lenguaje (AL) a un tercio de jornada en un colegio ordinario de la provincia toledana.

En su actividad laboral hace "malabares" para atender a los 16 alumnos con necesidades especiales en el "poquito tiempo" que puede estar con ellos y asegura que los docentes están "atados de pies y manos" al no tener las herramientas y recursos necesarios.

Esta maestra cuenta que los propios docentes están "sorprendidos con el aumento de niños con necesidades educativas especiales". Una situación que les hace ir "a contrarreloj" y les deja con un sentimiento de "impotencia y frustración". "Ves que las necesidades están y quieres ayudar, pero no puedes porque no hay recursos", dice.

Un sentimiento de "frustración" generalizado

Enrique Espinosa, maestro ordinario en un CEIP de Ciudad Real, resume que alcanzar la inclusión en los centros teniendo en cuenta el ratio de alumnos por profesor, el aumento de niños con necesidades especiales y las herramientas con las que se dotan a los docentes es una tarea "complicada".

"Cuando ves que lo intentas todo pero te falta una coordinación con ese profesional, una sesión con ese orientador o te falta un recurso que haría que tu atención fuera óptima, te da rabia porque como profesor quieres que tus alumnos estén completamente atendidos", dice.

Enrique asegura que el "sentimiento de agobio, rabia y frustración" está generalizado entre el profesorado.

"Los padres quieren que sus hijos reciban la atención que merecen y saben que no la están recibiendo porque desde el colegio no se puede, porque no hay recursos". Para este maestro, cada niño con necesidades especiales "es un mundo" y los colegios, asegura, "no están preparados todavía para ese mundo".

Navarro recalca que "sin recursos no hay inclusión real" y que para eso "se necesita una memoria económica, profesionales de apoyo y nuevas figuras especializadas". "Cuanto más profesionales haya, más se puede repartir la carga y cada niño podría recibir la atención que verdaderamente merece", dice.

Niños que "no computan"

El presidente de Anpe explica que para que un niño con necesidades educativas especiales quede registrado como tal, necesita una documentación validada por la Junta. Este trámite, según indica, puede entorpecer o retrasar la llegada de los recursos necesarios para ser atendido, pues en ocasiones las familias "no van a los centros base" y no solicitan los informes correspondientes, "con lo cual esos niños no computan y no tienen asociado el recurso que requieren".

Ante esta situación, Enrique, maestro ordinario, pide conocer de cerca la realidad de las aulas: "Lo que hace falta es conocer las aulas, pasarse por ellas, porque cuando los centros piden algo es porque verdaderamente lo necesitan".