Carla con una imagen de nuégados.
El dulce típico de Castilla-La Mancha que ha conquistado a esta chef catalana: "No es difícil y está buenísimo"
"Me flipó que algo tan sencillo pudiera ser tan resultón", confiesa.
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Recetas tradicionales de Castilla-La Mancha como las migas o el pisto han traspasado las fronteras de la región y se han convertido en un imprescindible de la gastronomía española.
En el apartado dulce, una elaboración típica manchega ha conquistado recientemente a una de las creadoras de contenido gastronómico del momento: la chef Carla Soldevilla (Terrassa, 1996), más conocida como @chefenial y que suma más de 300.000 seguidores entre Instagram y TikTok.
Los nuégados han sido los protagonistas de su serie de vídeos denominada "gastronomía española de la A a la Z". Este bocado crujiente y meloso es todo un clásico manchego especialmente durante el Día de Todos los Santos.
Nuégados de Castilla-La Mancha. Foto: Julián Cazallas
"No es difícil y está buenísimo", resume la catalana convencida de que este dulce de Castilla-La Mancha merece un hueco en las cocinas de toda España.
Carla se ha convertido en uno de los altavoces más activos de las recetas de nuestras abuelas que se niega a "que se pierdan". Por ello, ha dedicado un filme a explicar paso a paso cómo se elaboran los nuégados.
"Me flipó que algo tan sencillo pudiera ser tan resultón", admite. Soldevilla argumenta que estas bolitas de masa frita tienen todo lo que le gusta de la repostería de pueblo: son entretenidas de hacer, te obligan a estar con las manos en la masa, pero al mismo tiempo "no son técnicamente complicadas".
Historia
Los nuégados son esferas que se elaboran a base de harina, huevo y aceite de oliva que se fríen y después se amalgaman con miel formando una rosca crujiente y dulce.
Sus orígenes se remontan a épocas medievales y posiblemente árabes. Aunque su nombre proviene del latín nux (nuez), en Castilla-La Mancha evolucionó hacia un falso turrón ligado a fechas señaladas como Semana Santa y el Día de Todos los Santos.
En localidades como Torrenueva, Valdepeñas o Membrilla son un imprescindible, aunque cada receta alberga pequeñas variaciones en las proporciones o el tipo de miel empleado. Durante generaciones, se preparaban en las casas, se servían en grandes bandejas y se repartían entre los familiares y vecinos como gesto de hospitalidad.
Nuégados de Castilla-La Mancha. Foto: Julián Cazallas
Ingredientes para 2 o 3 personas
- 1 huevo (preferiblemente de gran tamaño).
- Vino blanco: un chorro pequeño.
- Harina de trigo: aproximadamente 150-200 gramos, hasta que la masa no se pegue a las manos.
- Aceite de oliva: una cucharada sopera (previamente calentada y enfriada).
- Aromatizante: un chorro pequeño de anís o aguardiente (opcional).
- Aceite de girasol: cantidad necesaria para freír las bolitas.
- Miel: unas 6-8 cucharadas soperas colmadas.
- Azúcar: una cucharada ayuda a que la rosca endurezca antes (opcional).
A partir de este listado, Carla explica que primero, se mezcla el huevo con vino blanco, el aceite de oliva y harina. Esta masa se amasa durante unos diez minutos hasta que quede lisa y elástica. Después se envuelve en un film y se deja reposar unos quince minutos.
Pasado ese tiempo, estira la masa hasta dejarla de aproximadamente un centímetro de grosor y la corta en tiras. Cada tira se enrolla dándole forma de churro y se deja reposar unos treinta minutos sin tapar, para que la superficie se seque ligeramente.
Luego corta esos churros en pequeños trocitos: son las futuras bolitas de nuégados que se fríen hasta que queden ligeramente doradas y crujientes por fuera.
En paralelo, la catalana prepara el almíbar con agua, azúcar y miel. Este endulzante se lleva al hervor hasta el punto que, al dejarlo caer en un vaso de agua fría, se solidifica y mantiene la forma.
"El único punto de dificultad es el caramelo; si lo dejas poco tiempo, luego no se solidifica y las bolitas no se pegan entre sí…", bromea Carla.
Por último, cada nuégado se impregna en ese almíbar y se vuelca sobre una fuente o plata donde, con las manos, se va dando forma de corona o montículo. Una vez se enfría, este dulce manchego está listo para cortar y servir.
Más allá de lo vistoso, para la chef catalana lo importante es lo que representa. "Este tipo de recetas habla de fiestas, de familia, de tardes largas en la cocina", reflexiona. "Si nadie las hace, desaparecerán. Por eso me gusta tanto contarlas y animar a la gente a probar", concluye.