Me atrevo a soñar para Castilla-La Mancha un Centro de Arte de Alto Nivel, que se defina por su capacidad de operar de forma "glocal" —universalizando la identidad y el talento de su territorio frente a los circuitos internacionales del Arte—. Me atrevo a soñar con un modelo de institución que sirva como motor transformador del tejido social y con programas públicos de mediación que apoyen ampliamente el acceso a la cultura. Me atrevo a soñar un faro de generación de conocimiento a alto nivel a partir de un ecosistema artístico-cultural dinámico y que funcione como un punto de intersección de pensamiento crítico. Sueño con un centro plenamente consciente de su patrimonio cultural como motor de aprendizaje, innovación y con conexión educativa con otros centros nacionales e internacionales. Un centro que entienda que el genio no tiene género.
Me atrevo a soñar con un Centro con el espíritu pionero de un "IVAM" y con el potencial luminoso de un "PRADO" en Castilla-La Mancha conformado según nuestra realidad. Un Ágora de nuestra historia y un futuro para la soberanía de nuestra cultura. Me atrevo a soñar con un Museo Centro de las Artes de Castilla-La Mancha que pueda ofrecer la mejor colección de obras de Antonio López, de Rafael Canogar, Amalia Avia, Alberto Sánchez… conviviendo con legendarias obras de el Greco, Correa de Vivar… y a la vez proyectando a jóvenes artistas.
Me atrevo a soñar con un centro en el que nuestros alumnos y alumnas desde infantil a la universidad puedan ir a aprender y a enriquecerse con el legado artístico de su tierra de forma conjunta y sientan orgullo. Sueño con ese lugar para nuestras Escuelas de Arte y Universidades. Para nuestra ciudadanía, agrupaciones culturales, mayores, personas en situación de vulnerabilidad… Quizá alguien de Castilla-La Mancha que viaje por otra comunidad y se encuentre con instituciones museísticas emblemáticas, se pregunte por qué allí se está viviendo un sueño parecido y aquí no.
Ejemplar de 'Valor del arte' de Tápies dedicado a Ángel Tomás.
Tenemos una amplia red de museos que cumplen una incuestionable labor por toda nuestra geografía gracias a la presidencia, a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte y a las múltiples instituciones que lo hacen posible. Justamente por el reconocido valor que aportan a nuestra sociedad deberíamos sentirnos impulsados a seguir apostando por enriquecer nuestro patrimonio. Invito a seguir un sueño que amplía el horizonte para nuestra ciudadanía, que sirve de plataforma para nuestros creadores y creadoras y que pone una gran base sobre la que construir nuestro futuro cultural. Sería un magnífico legado y un logro incuestionable de la clase política que lo active. En el libro Valor del Arte, Tàpies defiende su potencial y la función espiritual, social y moral del arte. En las últimas décadas, la sociología, la neurociencia, la economía de la cultura y la psicología médica han desarrollado estudios empíricos y científicos de gran rigor que demuestran el impacto cuantificable del arte en el desarrollo humano.
Agradezco a nuestros dirigentes la gran voluntad y el esfuerzo que pusieron en marcha para proporcionar a Castilla-La Mancha un Centro de Arte con la Colección Roberto Polo, se arriesgaron por una buena causa. Aunque yo siempre me pregunté. ¿En qué consistía allí la representación de nuestro Arte, no se le estaba dando la espalda? Parece que algo no ha funcionado como se esperaba. No obstante, más que en coleccionistas externos, podemos apoyarnos en nuestro potencial interno, espero que ahora estemos listos para poner el foco en el arte de nuestra tierra y nos quede ilusión para arriesgar en mayor medida por lo nuestro. Dos ejemplos: Antonio López es un activo cultural de primer orden, con una buena colección de su obra podríamos entablar un diálogo con cualquier museo a nivel internacional, desde el Museum of Fine Arts de Boston al The Bunkamura Museum of Art de Tokio. Con una buena colección de la obra de Cristina García Rodero, otro activo de primer orden, sucedería lo mismo, podríamos entablar diálogos fotográficos desde el International Center of Photography (ICP) de Nueva York a la Maison Européenne de la Photographie (MEP) de París. Estos artistas aportan la internacionalización, a nosotros nos queda acogerles en nuestras colecciones y ofrecerles un lugar donde custodiar su obra. ¿No creen que necesitamos invertir en nuestro arte, en nuestros y nuestras artistas y en un Centro de Arte de alto nivel? ¿O aprovechar el espacio de Santa Fe, o cualquier otro para un fin tal? ¡Seamos los mejores coleccionistas de lo nuestro!
Sería triste que para conocer la obra de Amalia Avia tuviéramos que esperar a que la Comunidad de Madrid le dedique una antológica, o que si queremos contemplar obras de Antonio López tuviéramos que coger un avión a Italia o a los Países Bajos o al país que en ese momento le dedique una muestra. No deberíamos esperar a que viniese alguien, posiblemente dentro de unos siglos a decirnos el valor de lo que no supimos o no quisimos custodiar, tal vez un nuevo barón francés que nos vuelva a comprar nueve Grecos, los que hay en el Louvre que dejaron maravillados a Delacroix o Manet y que aquí incluso menospreciábamos. Quizá entonces nos rasguemos las vestiduras por nuestros y nuestras artistas ¿Quién dará entonces las oportunas explicaciones a nuestras generaciones futuras?
Yo levanto la voz con mi sueño. Como creador formado bajo el magisterio de Antonio López, Manuel López Villaseñor, Cristina García Rodero y Lucio Muñoz, esposo de Amalia Avia, entre otros. Me resulta profundamente hiriente, casi un agravio, constatar que mis figuras de referencia —pilares de nuestra modernidad plástica— sigan huérfanas de una custodia institucional de alto nivel que los blinde como patrimonio común. Trabajo con la abstracción y con Antonio López aprendí a poner en cada pincelada la esencia de un diálogo con el alma. Cristina García Rodero me enseñó algo que no te pueden enseñar los libros, en enfocarte en capturar las profundas inquietudes humanas con el espíritu de la luz. Durante mi magisterio siempre he hablado de ella a mi alumnado. Las obras de estos artistas poseen un enorme potencial para sumar grandeza a nuestra comunidad.
Mi sueño no es un lujo suntuario para una región; es la infraestructura fundamental que evita la diáspora del talento y la desmemoria de su pueblo. Un lugar esencial donde la sociedad se mira a la cara a través de los ojos de sus creadores y creadoras, y por fin, reconoce el tesoro de su luz. Un centro que reclama su soberanía cultural, poniéndola en valor y demostrando que la tierra de los quijotes y los soñadores tiene un lenguaje plástico con derecho a la eternidad frente al mundo.
Creo en este sueño e invito a impulsarlo y a ponerlo en marcha. Gracias a quienes sueñan. Con la firme convicción de que el Arte es una necesidad del alma colectiva.
Ángel Tomás Lázaro Puebla es doctor en Bellas Artes, hijo de una artista, sobrino de un artista y hermano de un poeta, alumno de grandes maestros y maestras de nuestra tierra y profesor de futuras generaciones de artistas en nuestra región, un soñador.