El Comentario CRÓNICAS DE BABILONIA

En qué momento nos cargamos la Atención Primaria

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Este fin de semana me encontré con un amigo del pueblo al que llevaba un par de meses sin ver. Tenía mala cara. Le pregunté por qué. "Tengo a mi madre ingresada, llevamos una semana en el Hospital del Valle". "¿Qué le pasa? ¿Algo grave?", le dije. "Lo de siempre, una ausencia total de Atención Primaria", me contestó con una media sonrisa, esa que nos sale mitad por resignación, mitad por hartazgo.

Paramos a tomar un café y, más tranquilo, me contó su historia. La misma que, según me explicó, lleva meses reviviendo una y otra vez. Su madre, de 90 años, tiene un problema cardiaco crónico, lo que le hace pasar de vez en cuando por su médico de cabecera. Rara es la vez que coincide con el mismo doctor más de dos veces. En Navidad, les tocó ir al centro de salud porque se fatigaba. No pasó nada. A los pocos días volvieron y les atendió otro médico. Ni se levantó a mirarla. Les informó que en breve llegaría un médico titular. Entre médico y médico, la situación de su madre se agravaba por momentos. Solución: irse a las Urgencias del Hospital Universitario de Toledo.

Urgencias que, como me contó, se han convertido en un 'sálvese quién pueda'. En esta ocasión, les tocó hacer tres horas de cola (recuerdo que su madre tiene 90 años) para entrar en los boxes de observación. La imagen era dantesca: una procesión de enfermos sentados en sillas de ruedas, esperando su turno para ser atendidos. Un par de horas y unas cuantas pruebas después, llegó lo que mi amigo ya se temía: ese ingreso hospitalario que sus reiteradas visitas a Atención Primaria hubieran podido evitar. Y es que, el malestar de las últimas semanas se había convertido ya en una insuficiencia cardíaca, que había provocado una insuficiencia renal y la acumulación de líquidos en un pulmón.

Después de conocer la noticia del ingreso, tocaba esperar cama libre. "Esta vez -bromeó- fue rápido. En solo 13 horas y 19 euros en el parking, la trasladaron al Valle". "Y allí seguimos, tocando madera para no salir de aquí con otra cosa", suspiró.

Mi amigo se marchó -tenía que ir a ver a su madre- y yo me quedé sola con una pregunta: ¿En qué momento nos cargamos la Atención Primaria? ¿Cuándo convertimos las Urgencias en el lugar donde vamos todos para todo, porque no nos queda más remedio? ¿En qué momento se ha convertido en algo normal el encontramos a una mujer de 90 años haciendo tres horas de cola para entrar en un box de observación?

Este es el problema, pero ¿cuál es la solución? Me temo que es imposible dar una solución fácil a un problema tan complejo (y quien la dé, miente como un bellaco). Lo que sí tengo claro es que todo pasa por invertir más. Porque los sanitarios bastante tienen con lidiar con este caos, de ellos sí que no es la culpa. Ahora, que tanto se habla de financiación autonómica, no cabe duda de que en esta región se necesita más dinero para financiar la sanidad. Nos lo deben, es nuestra ‘deuda histórica’, la de una tierra que se quedó fuera de todo durante décadas (por no decir siglos).

Como usted, querido lector, pago impuestos -y me quejo lo justo- para tener una sanidad digna, una educación de calidad y unos servicios públicos dispuestos para cuando los necesite. Hace tiempo que estoy dejando de ver el retorno de mis impuestos. Muchos dirán que hay dinero para todo, menos para lo necesario. Quizás terminen teniendo razón… O quizá toca plantarse y decir ¡Basta ya! Y es que, no me importa pagar impuestos, pero exijo una gestión excelente de los mismos. O quizá estemos ya condenados a colapsar a diario las urgencias hospitalarias con lo que ya no se atiende la Atención Primaria, hasta que el sistema se rompa definitivamente… Corren malos tiempos, también para la salud. Cada vez veo más negro el futuro, puede que sea cosa de la edad… o no. Se verá.