Me pasó en el aeropuerto el otro día. Vuelo de Pascuas a Ramos y no recuerdo la normativa de equipaje ni lo que puede llevarse dentro de la maleta. El caso es que requisaron la mía porque vieron algo de dimensiones muy grandes en su interior. Podría ser un consolador, pensé que pensarían. Pero mi mente turbulenta no halló relato para más cuando abrieron y encontraron un frasco de Nenuco de medio litro. Nuestro gozo en un pozo. Sin embargo, me lo quitaron porque no puede subirse al avión un objeto tan contundente como ese entre el pasaje. Qué sé yo qué pensaron quienes redactaron los reglamentos aeroportuarios. Quizá rociase desesperadamente a los viajeros igual que la niña del exorcista, apretando la botella hasta extenuarla. No entiendo yo bien esto de los protocolos, pero tampoco estudié para ello. Pasé, sin embargo, una navaja de Albacete que llevo en el bolsillo como amuleto y nadie dijo nada. Ni el PP en el Congreso. Menos mal que no se me ocurrió después sacarla para que me devolvieran el bote de Nenuco. En eso no cayó quien redactó el protocolo. Sí, ya sé que tiene alcohol y podría quemar el avión. Pero no llevaba mechero. Son tiempos líquidos donde nada es lo que parece.
Quién nos iba a decir que Zapatero era el robobo de la jojoya e iba a meter en el ajo a sus hijas. La militancia llora, escribe Lucía Méndez en El Mundo. Algunos seguimos llorando, pero desde 2010, cuando casi quiebra el país con su gestión. La vida no es justa y no estábamos preparados para esto. Lo mismo que quien presentara la moción de censura contra la corrupción se volviera después corrupto mayor del reino con posada en paradores. Son las paradojas que presenta la vida moderna. Te quitan el Nenuco por si se te ocurre echarlo a los ojos de los pasajeros, pero te dejan una navajita en la maleta. Yo iba asustado por lo de la navaja, que ya les vale. Zapatero pasa las joyas en la aduana, pero tú no puedes pasar nada.
Cunde el desánimo por la inteligencia artificial entre la clase trabajadora, presuponiendo que quitará muchos oficios dentro de poco. Sucede, sin embargo, que sin alguien que dirija la IA, puede ser tan esperpéntica como el Nenuco y la navaja. Podría disparar tu negocio, pero también hundirlo hasta la muerte. Depende de los parámetros que se establezcan. Igual que los protocolos. Lo cierto es que la vida está llena de paradojas, como que Pedro se haya vuelto católico, apostólico y romano.
Conviértete y cree en el Evangelio, debería haberle dicho el Papa mientras lo rociase de agua bendita. En este mundo nuestro, nada parece lo que es y las cosas acaban siendo las contrarias. Como la esposa que hoy irá a declarar por dar clases en un máster sin titulación. La etiqueta de anís del mono de Chiquito lucía más, desde luego. Todo es mentira, todo es quimera, como la torre de arena que cantaba Marifé de Triana. Todo es delirio.
Así las cosas, que te quiten el Nenuco y te guarden la navaja es lo menos que puede pasarte en la actualidad. Los aeropuertos tienen un ecosistema distinto al que hay que adaptarse. Pero si uno lo piensa, ni tan mal ni tan fuera de la realidad. Yo sigo aquí con mi navajita de la suerte y ya si eso, compro otra colonia más fuerte. Perfume de frasco pequeño para que pase y embriague a la tripulación entera. Luego las quejas, al maestro armero.