Si no lo leo no lo creo. Otra vez nos quedamos sin reforma del Estatuto de Autonomía en Castilla-La Mancha, y ya van… ni me acuerdo de intentos. Y mira que la cosa pintaba bien: reuniones, fotos, acuerdo en las Cortes regionales entre el PSOE y el PP... Pero este buen rollo ha durado lo que ha tardado el PP nacional en dar el alto a las aspiraciones de la región.
Todo esto me recuerda a lo que pasó hace ya mucho tiempo, allá por 2010. Entonces llegamos a Madrid con un proyecto de Estatuto que ponía fecha de caducidad al trasvase Tajo-Segura (nos flipamos un poco) y nos fuimos unos meses después por la puerta de atrás del Congreso, sin Estatuto, sin agua y, como se dice vulgarmente, con el rabo entre las piernas.
No voy a insistir en lo que pasó en 2010 en el Congreso (ni el PSOE ni el PP tuvieron nunca intención alguna de dar nada a Castilla-La Mancha, y menos agua), me quedo con lo que está pasando ahora, que no es poco. Cada nueva noticia que leo supera, con creces, a la anterior… y no para bien.
La última es que el PP regional dice ahora que son ellos -y no Génova- los piden que no se suba el número de diputados autonómicos. Un aumento de escaños que -hasta nueva orden- estaba dentro de su acuerdo estatutario con el PSOE. Vamos, que ahora resulta que la enmienda presentada en el Congreso por los populares es cosa suya y que en nada ha intervenido Génova y sus gerifaltes. Ver para creer.
Las declaraciones de Carolina Agudo, secretaria general del PP de Castilla-La Mancha, al respecto no tienen desperdicio. Según afirma, "Paco Núñez siempre ha defendido que Castilla-La Mancha no necesita más diputados. El PP no va a participar en que haya más diputados. Lo dejamos claro en el Estatuto que salió de las Cortes: en esta legislatura no va a haber más diputados". ¿Esto es despiste, torpeza o simplemente cinismo? Paco Núñez de tanto decir y desdecir corre el riesgo de terminar afirmando cualquier cosa. En unos días lo podríamos ver confesando el asesinato de Kennedy o que en las últimas autonómicas votó a García-Page.
Lo siento, querido lector, de todo esto me surgen muchas preguntas a las que no puedo dar respuesta:
¿Por qué Paco Núñez, si no quiere más diputados, votó a favor y dando palmas un proyecto de Estatuto que incluía la subida de diputados autonómicos en las Cortes regionales?
¿Tan malos resultados espera el PP en las próximas autonómicas que no quiere aumentar la representatividad de los ciudadanos de Castilla-La Mancha?
¿Tiene miedo Paco Núñez de quedarse con cara de Pilar Alegría en las próximas autonómicas?
¿Qué fue antes, la negativa del PP nacional en plena campaña electoral en Aragón, o el berrinche de los antisistema de Vox, para quien todo vale con tal de truncar el buen funcionamiento del estado de las autonomías?
Si alguien me puede dar una respuesta coherente a estas preguntas, la agradeceré.
¿Y por qué digo todo esto? Porque, en el fondo todavía me creo esto de la soberanía nacional y la representatividad y, lamentablemente, la reforma electoral que hizo Cospedal -y que todavía sufrimos hoy- dejó a Castilla-La Mancha al nivel de una república bananera.
33 diputados autonómicos para una población de 2 millones de habitantes es algo ridículo. 33 diputados son los que tiene La Rioja con poco más de 300.000 habitantes y la mitad de los que tiene Extremadura, con casi un millón menos. Hagan cuentas de lo que vale su voto.
Tener 33 diputados no ahorra dinero -lo siento, populistas- solo ahorra representatividad y condena a los castellanomanchegos a que su voto valga menos que el de los riojanos o los extremeños, por seguir el ejemplo. Empezamos por ahí y terminamos asumiendo una financiación autonómica miserable, viendo como las infraestructuras nunca terminan de pasar por Castilla-La Mancha o como nuestro sistema sanitario tiene más fallos que las Rodalies.
Veo poco futuro a este proyecto de Estatuto regional. No está la política nacional para pactos. Aunque, siempre puede ocurrir un milagro. Se verá.