Estados Unidos ha creado un conflicto con España casi siglo y medio más tarde que el que ya creó para arrebatar Cuba a España. La Historia no es que se repita, pero en ocasiones presenta muchos puntos en común. Por eso conviene conocerla para saber de qué se habla. El actual presidente, Sr. Trump, quiere que España eleve su aportación al gasto militar de la OTAN. Esos recursos se destinarían a las industrias de guerra de los Estados Unidos. Desde hace más de un siglo las guerras son una bendición para los Estados Unidos de América. Engrasa y tonifica al capitalismo americano. España se resiste, pero la presión no cesa. Mientras el responsable del partido de la oposición, Sr. Feijóo, aprovecha la presión para ir proclamando en Bruselas "que España ha dejado de ser un país fiable" y que "tenemos el mayor aislamiento internacional en décadas". Patriotismo de la derecha en estado puro. De nuevo España, un país pequeño, se cruza con los intereses colosales de los Estados Unidos.

Recordemos algunos hechos de la Historia para que los patriotas actuales no se desorienten. Comenzó en los años finales del siglo XIX. Cuba era el último dominio del Imperio español y aún rentable para la economía de la metrópoli. Estados Unidos, por su parte, quería entrar en Cuba para implantar sus negocios en la isla, entonces con una gran productividad. España era el obstáculo aunque no quedaba claro en la política norteamericana que la independencia de la isla fuera lo más conveniente para su política en el Caribe. Un gobierno de "blancos y negros" asustaba a los norteamericanos más que el dominio español, porque sabían que pronto la mayoría del gobierno la tendrían los negros. Un horror para el racismo feroz norteamericano. Pero una cosa era la política y otra los objetivos apremiantes de las grandes corporaciones americanas.

Se ideó un proceso "fortuito" para animar al conflicto bélico. En febrero de 1898 el buque de guerra estadounidense Maine, fondeado en el puerto de la Habana, estalló por los aires. Los datos indican que fue un episodio preparado para empujar al Congreso norteamericano, dubitativo, a declarar la guerra a España. El 11 de abril el presidente solicitó el visto bueno al Congreso para iniciar la guerra contra España. Las tropas españolas fueron derrotadas en tres meses. Había sido lo que el secretario de Estado, John Hay, denominó "una guerrita esplendida". El capital norteamericano entró con el ejército. Un historiador comenta: "Miles de comerciantes, agentes inmobiliarios, especuladores de bolsa, aventureros sin escrúpulos y promotores ávidos de fortuna invadieron Cuba". Acababa el Imperio español.

Dolido por un escenario tan abrupto, mientras en España se discutía lo indiscutible, Unamuno inventó el vocablo despectivo "Yanquilandia". Ahora de nuevo yanquilandia agrede a España con una imposición caprichosa. Incluso envía como embajador a uno de los amigos superrico de Trump con el objetivo de "ablandar" las posiciones del presidente Sánchez. Y la derecha española se pone de parte del país agresor. Pues claro que sí. España, un país pequeño, debe someterse a los deseos del presidente de un país grande. No existe ningún capítulo que beneficie a España con este incremento de gasto bélico. Pero eso no importa. Como tampoco importa de dónde se detraigan esos recursos para complacer la inmensa vanidad de Trump. A los comerciantes y aventureros les urge que Europa compre armas para defender a Ucrania de la agresión de Putin, que también espera obtener beneficios. Las inversiones en armas, de manera obligatoria, se destinarán a la industria de guerra norteamericana. Como siempre extrayendo de las guerras ajenas bendiciones económicas para la maltrecha economía de los Estados Unidos. Ya lo dijo Unamuno: yanquilandia.