He tenido que leer dos veces las declaraciones de Ione Belarra, una de las lideresas de Podemos y ex ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, para saber si estaba despierto o sufriendo una pesadilla. En las últimas horas ha defendido taxativamente que quien no tenga donde residir, que dé una patada a la puerta de un piso que sea del banco y se meta dentro.
Pero puestos a defender el comunismo más rancio que no ha funcionado en ningún país del mundo, también ha pedido al Gobierno que limite la compra de viviendas y que sólo pueda adquirirse para uso residencial.
Parece curioso que un partido que promulga la libertad en su máxima expresión proponga tantas medidas coercitivas y atente contra la propiedad privada.
Puestos a hacer este tipo de declaraciones tan populistas, podríamos pedir que done gran parte de su salario para ser solidaria con los mileuristas.
Y ya puestos en harina, su compañera Irene Montero podría poner el jardín de 2.000 metros de su casita como huerto comunitario y ceder alguna de las habitaciones de su propiedad de 268 metros cuadrados para personas que no tengan vivienda.
Pero ¿para qué vamos a escatimar? Ya que se está haciendo apología de la ocupación, porque no vamos al Mercadona y nos llevamos la comida de las estanterías y a los bancos para llevarnos el dinero.
Hasta para ser populista hay que tener altura de miras y últimamente este tipo de declaraciones no dejan en buen lugar a quienes las pronuncian. Puedo entender que estos disparates garanticen la presencia mediática que busca aunque con ello quede absolutamente retratada.
Es fácil ser un comunista de caviar, langosta y champagne y criminalizar a los empresarios desde una posición de poder, pero quizás alguien debería explicar que es normal recibir una casa en herencia y que la tengas cerradas por miedo a que declaraciones como la suya fomenten que un inquilino entre y no pague el alquiler.
Alguien debería explicar a la señora Belarra que es lícito vender una vivienda que has comprado con años de esfuerzo propio o de tus padres, que no es delito intentar obtener un beneficio de algo que es tuyo y, por supuesto, que es muy sencillo criticar pero no vivirlo en primera persona; es decir, consejos vendo que para mí no tengo.
Señora Belarra, usted no es la heredera de Robin Hood. No tiene nada de romántico dar una patada a la puerta de una vivienda y entrar a vivir dentro en modo ocupa. El banco tiene todo el derecho a garantizar su inversión tras la concesión de un préstamo. Podemos entrar a discutir muchas de las condiciones que nos ponen los bancos, posiblemente abusivas algunas de ellas, pero de ahí a pedir que entren por la fuerza en una de sus viviendas, hay un trecho demasiado grande.
Si no condenamos este tipo de declaraciones, corremos el riesgo de que hoy la patada sea a los bancos, mañana a las inmobiliarias y pasado a todo aquel que tiene más de una casa.
Por favor, seamos serios y no disipemos algunas dudas con nuestras palabras.