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El misterio de este juego te atrapará a pesar de lo simple que es: Obelisk

Obelisk es un juego envuelto en misterio que encierra una calidad oculta sólo apta para quienes consigan entenderla. Lástima que sea tan corto, la verdad.

22 septiembre, 2017 14:15

Obelisk consiste en un mini juego con una calidad y un aura de misterio dignas de mención. Aquellos que sepan apreciar la calidad en frascos pequeños están de enhorabuena.

La calidad de un juego no siempre está relacionada con la duración de este. Hay títulos muy cortos (al igual que series) que, si bien podrían ser algo más extensos, te dejan con un sabor de boca extraño, y para nada malo. De hecho, es un sabor de boca que grita un sonoro «quiero más». Este es el caso de Obelisk, un juego que cumple esta premisa al más estricto pie de la letra, pero con un resultado que merece estar en El Androide Libre.

Obelisk: lo bueno viene en frascos pequeños

Como podréis ver en la imagen de arriba, Obelisk destaca precisamente por lo contrario: no destacar en nada. Su apartado gráfico se resume en una estética retro de 8 bits; ni siquiera tenemos música ni diálogos. De hecho, todo es tan minimalista que da la sensación de que necesitamos algo más. Y aunque algunos ya estéis pensando que esto no merece la pena, esperad, porque Obelisk encierra misterio. Y misterio del adictivo.

La «historia» gira en torno a un obelisco de piedra con grabados que se dirigen a nosotros. Nos dice que debemos despertar, que no tengamos miedo, como si de un padre se tratara. Acto seguido, aparecemos en una pequeña sala (muy pequeña) manejando a una especie de guerrero con una estética parecida al mismo obelisco. Tenemos dos armas: una espada y un gancho. Con el gancho podremos agarrar a nuestros enemigos y con la espada atacarles. No tiene más.

Temdremos sólo 3 golpes para sobrevivir. Cuando acabemos (o cuando queramos) podremos usar el gancho para irnos al obelisco. En el momento en el que hayamos limpiado la zona de enemigos, en el obelisco recuperaremos «nuestra salud» y nos seguirá hablando. Nos preguntará diversas cosas, y nos hablará de una manera misteriosa, a lo que deberemos responderle con unos cortos diálogos. Acto seguido, volveremos a estar en la sala repartiendo leches. Pero con más enemigos y en una habitación con más dificultad.

Tras 4 o 5 mapas, el obelisco nos desvelará un secreto (el cuál no pienso revelaros) y… ya está. El juego acabará ahí, y sólo tendremos opción a rejugarlo exactamente igual. Recuerda mucho al género «Rogue-like» llevado al terreno del Hack and Slash, en el que no tendremos ningún tipo de progreso y en el caso de morir, tendremos que empezar desde el principio. Y ahora muchos os preguntaréis: ¿por qué estoy recomendando este juego?

Bien. Para empezar, me encanta el aura de misterio que rodea a todo el juego. No sabemos absolutamente nada de la historia, y lo poco que percibimos está concentrado en una experiencia de pocos niveles sin complejidad. Es decir, es un rompecabezas que nunca resolveremos. Todo con una estética bastante acertada y una sencillez apabullantes. Además, es como si fuera un cuento que empieza desde el final, y que no tiene principio. Y del que sólo nos quedará un buen sabor de boca.

No al gusto de todos

Por supuesto, ya auguro que este no es un «juego» para todos los gustos. Más que un juego, es una mini historia muy misteriosa y contada de una forma muy diferente. Los amantes de este tipo de géneros y de los misterios estarán encantados, mientras que otros lo verán como un ratito de entretenimiento para luego desinstalarlo. Y eso no es malo. Es la magia de la variedad en Android: hay juegos para todos. Pero la calidad que despide Obelisk es suficiente para lo que nos ofrece, bajo mi parecer personal.

Y tiene otra ventaja más: no tiene publicidad ni pagos en la app. No es más que lo que ya he mencionado: una pequeña historia envuelta en un halo de inquietud. Y por ello, lo recomiendo a título personal. Obelisk está gratis en la Google Play, y no perdéis nada por probarlo y dar vuestra impresión. Desde luego, Obelisk no será para todos los públicos, pero consigue lo que promete: que salirse de la zona de confort no tiene por qué ser malo.