Semanas atrás, escribiendo sobre los recién publicados Diarios de Sergio Pitol (Anagrama), les contaba que a Pitol lo conocí en el Puerto de Santa María, en el marco de uno de los simposios internacionales sobre narrativa hispánica contemporánea que organizaba allí anualmente la Fundación Luis Goytisolo. Entre 1993 y 2009 se celebraron diecisiete de estos simposios, en los que, además de las comunicaciones de decenas de ponentes, impartieron conferencias un montón de importantes escritores, académicos y agentes culturales de lo más variado, tanto de España como del extranjero.

Repaso la lista y me quedo asombrado. Por mencionar únicamente a algunos entre los fallecidos, por ahí pasaron Ricardo Piglia, Carmen Balcells, Alain Robbe-Grillet, Juan Marsé, Gonzalo Sobejano, Claudio Guillén, Juan Goytisolo, Fernando Lázaro Carreter, Rodolfo Fogwill, Guillermo Cabrera Infante, Esther Tusquets, Forges, André Schiffrin…

Los simposios solían tener lugar en noviembre y, dado que congregaban cada año a solo un pequeño número de conferenciantes y de asistentes, se desarrollaban en un clima casi conventual, sobre todo en los años en que tanto el alojamiento de los invitados como las sesiones tenían lugar en el Hotel Monasterio de San Miguel, que ocupa un complejo monacal del XVIII.

Supongo que no pocos de los más notables invitados eran atraídos, además de por razones de amistad y los buenos honorarios, por la curiosidad que debía de despertarles tanto el Puerto como el hecho de que un escritor como Luis Goytisolo, nacido en Barcelona, lo hubiera elegido como sede de una fundación propia.

La razón hay que buscarla en la primera mujer de Luis, María Antonia Gil Moreno de Mora, coheredera del Palacio de Purullena, un hermoso edificio del Puerto del que conservaba ella intensos recuerdos de juventud. Abandonado durante años, el palacio estaba en estado ruinoso, y el importante archivo histórico de Indias del marqués de Purullena, que allí se conservaba, corría peligro.

La insólita singladura de la Fundación Luis Goytisolo es otra de tantas burbujas culturales que surgieron en tiempos de mayor bonanza

Luis y María Antonia optaron por comprar el edificio y llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento del Puerto de Santa María conforme al cual este colaboraría en la reconstrucción del palacio, destinado a servir de centro cultural y sede de la fundación, a cuyas actividades también contribuía el ayuntamiento.

Este plan, sin embargo, se vio interrumpido en 2010 por la negativa del ayuntamiento a seguir cumpliendo sus compromisos, lo cual puso a la fundación en jaque, hasta hoy. Entretanto, las dependencias del palacio están ocupadas, al parecer, por oficinas municipales.

Para la buena marcha de la fundación fue decisiva la eficaz complicidad del historiador portuense Javier Maldonado. En la organización de los primeros simposios tuvieron una activa participación los profesores Manuel-Ángel Vázquez Medel y Fernando Valls, buenos conocedores de la obra de Luis. Más adelante el peso recayó sobre Elvira Huelbes, segunda mujer del escritor, con alguna ayuda mía.

Antes de que el ayuntamiento del Puerto se descolgara del proyecto, hubo un amago para que la fundación fuese sede de reuniones de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y en 2007 el palacio de Purullena acogió la primera reunión de la comisión interacadémica para la redacción del Diccionario de americanismos.

Retrospectivamente, la insólita singladura de la Fundación Luis Goytisolo es otra de tantas burbujas culturales que surgieron en tiempos de mayor bonanza y menos descreimiento en lo relativo a cultura. Mi recuerdo de aquellos simposios conserva momentos espectaculares, como, durante una cena, un duelo entre Pombo y Fogwill, cada uno recitando en alternancia poemas de los muchos que se sabían de memoria, a cual más peregrino; o el paseo por Jerez con Robbe-Grillet y su mujer, haciéndonos sorprendentes confidencias sexuales.

En la actualidad, el archivo de Purullena permanece depositado en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz. En cuanto a la fundación, me temo que solo cabe esperar su liquidación.