A finales del pasado mes de agosto, la práctica totalidad de las secciones de cultura de la prensa española, tanto impresa como digital, informó de manera muy destacada de que la última novela de la novelista canadiense Rachel Cusk viene a ser un cruel retrato de la actriz estadounidense Natalie Portman.

Al parecer, Natalie Portman es una lectora empedernida (¡hasta tiene un club de lectura en Instagram!). Tiempo atrás, declaró su entusiasmo por los libros de Cusk, y por ahí prendió una cordial relación entre ambas que la novela de esta, Life of M (La vida de M), vendría a liquidar de la forma más desagradable (la prensa inglesa ha descrito el libro como un “asesinato literario”).

La M del título es, conforme a todos los indicios, una contrafigura de la actriz perfectamente reconocible, por mucho que Cusk –como tampoco la misma Portman– no se haya manifestado al respecto. Que así sea no es raro en el proceder de Cusk, escritora que se ha caracterizado por hacer de sus libros escaparates de sus propias vivencias y relaciones personales. Ya se trate de una ruptura matrimonial, de la experiencia de la maternidad o de sus amistades, a Cusk no le tiembla el pulso a la hora de exhibirlas crudamente.

Son bien conocidas sus declaraciones a propósito de que en literatura ya no existen “personajes”, al menos en el sentido convencional que se suele dar a este término en el ámbito de la ficción. No en vano Cusk es una autora-enseña de la poderosa tendencia a mezclar y confundir literatura y autobiografía. O, como en este último libro, a mezclar y confundir novela y biografía.

El lanzamiento en lengua inglesa de Life of M tuvo lugar el 25 de agosto. La noticia de que la novela despellejaba viva a Natalie Portman fue, en toda la prensa española –y en la extranjera, por supuesto–, simultánea al lanzamiento. De lo que es fácil colegir que el chivatazo de la más que presunta identificación entre M y la Portman forma parte de una bien calculada campaña de promoción que ha conseguido que, ya antes de su publicación, todo el mundo hable del libro, y se alimente el morbo de leerlo.

Me pregunto en qué momento comenzaron a prosperar los malentendidos que vienen haciendo del periodismo cultural una facción más de la prensa rosa

Lo que parece claro es que la mayor parte de quienes han dado publicidad al libro no lo han leído. Las primeras reseñas aparecidas en Inglaterra y Estados Unidos (entre ellas una muy extensa y aguda en el New Yorker, así como un inteligente reportaje en Vanity Fair) no transmiten un gran entusiasmo. ¡Ya sabemos cómo se las gasta Cusk!

Pero el juicio que merezca la novela es accesorio. La noticia no es que Cusk ha publicado una buena novela. Ni siquiera que Cusk ha publicado una novela. La noticia que ha recorrido como un reguero de pólvora las redacciones de cultura de toda la prensa internacional es que Cusk (“¿Y quién demonios es Cusk?”, se preguntará una mayoría de lectores), o quien demonios sea, ha publicado un libro en que despelleja viva a Natalie Portman. Si encima resulta que la autora del libro y la actriz eran amigas, miel sobre hojuelas.

Los editores de Libros del Asteroide deben de estar frotándose las manos. Imagino que Catalina Martínez Muñoz, su traductora habitual, estará trabajando a destajo. Es de prever que el libro se venderá como churros, y que, llegado el momento de su publicación en español, todo el periodismo cultural volverá a desplegar con renovada fruición su cada vez más acusada afición al amarillismo, al cotilleo.

No se trata solo del dudoso estatuto de la “autoficción” o de la “ficción documental”. Me pregunto en qué momento comenzaron a prosperar los malentendidos que vienen haciendo del periodismo cultural una facción más de la prensa rosa y de los departamentos de promoción de las editoriales.