Pere Gimferrer. Foto: Esteban Cobo

Traducción de José María Micó. Tusquets, 2014. 96 páginas, 16 euros / Traducción de Justo Navarro. Fundación J. M. Lara. 56 páginas, 11'90 euros

Que entre las novedades editoriales se encuentren dos libros de Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) es una noticia excelente. Es bien sabido: Gimferrer es un poeta excepcional y no de menor interés es su obra ensayística, tanto sobre literatura como sobre cine o pintura, ni tampoco sus textos narrativos. Aunque todas sus publicaciones merecerían ser destacadas, digamos que Arde el mar, L'espai desert, Mascarada, L'agent provocador, Amor en vilo o Tornado son libros esenciales, al igual que los que aquí se reseñan, de la poesía contemporánea.



Como recuerda Jacobo Cortines en el prólogo a Per riguardo, Gimferrer no es poeta de una lengua: a su primera etapa en español le sucedió otra en catalán, tras la que regresó al español y en El castell de la puresa vuelve al catalán. Y añade ahora un conjunto de poemas en italiano. Cabe agregar que no falta en sus escritos algún poema en francés, lo que hace que a día de hoy Gimferrer sea poeta en cuatro lenguas. Toda una singularidad que, por lo demás, prolonga el multilingüismo de ciertos poetas, y no los menores precisamente, de la modernidad -con antecedentes entre los provenzales y el barroco-, en cuyo marco se inserta la poética gimferreriana.



Pero esa singularidad podría considerarse algo anecdótico si no fuese porque en cualquiera de las lenguas utilizadas, Gimferrer ofrece siempre en sus poemas una intensidad verbal deslumbrante, que es una marca propia de su escritura desde sus comienzos, y un magnífico sentido de la musicalidad.



Esa intensidad verbal se manifiesta, quizá sobre todo, en una poderosa imaginación que hace que el discurso se despliegue como en un proceso sin fin en imágenes que llevan a otras imágenes y éstas a otras en una especie de ebriedad, ya que no del sujeto, sí del lenguaje, lo que apunta a un designio de decir la totalidad. Estas secuencias, o enumeraciones caóticas, tan características de la modernidad, llegan a formar series tan extensas que en ocasiones cubren todo el poema, así, por ejemplo, en "La tierra vista desde la luna", donde incluso falta el verbo principal.



Como todo poeta moderno, Gimferrer escribe desde la lectura, desde la conciencia de formar parte de una tradición, sabiéndose un eslabón en la cadena que la cultura es. Lo que se traduce en las numerosas inserciones de referencias literarias y culturales en general, ya con indicación -"Der müde Tod, como en el film de Fritz Lang"- ya dejada allí sin señal para que el lector la identifique. El título de El castillo de la pureza se deriva del final de Igitur de Mallarmé. Per riguardo tiene, entre otras referencias, "Sea surface full of clouds" el título de un poema de Wallace Stevens. Gimferrer reescribe el verso de Alberti "Nunca vi Granada" como "No he visto nunca a Rafael en Roma" en el poema "Otros retornos", donde "retorno" es también palabra albertina, así en Retornos de lo vivo lejano y otros lugares, o rehace el combate entre Tancredo y Clorinda de la Gerusalemme liberata de Torquato Tasso, que ha dado lugar a no pocas pinturas y a una ópera de Monteverdi. Texto sobre el que se proyectan otros o a la inversa, adensando la lectura como un palimpsesto en el que multitud de escrituras se superponen, una representación de aquello que la cultura es.



Se trata de escribir la cultura pero no faltan otros temas centrales: el amor, la vida, la muerte: "Si nostre vie, como dijo Du Bellay, es menos/ que una jornada", el amor y la poesía redimen la condena. Ese mismo poema presenta hacia la mitad a los enamorados "como bustos de piedra mutilada" y al final dice "sabremos morir [...] pero los dos convertidos en una sola estatua", expresión de la fusión amorosa más allá de la muerte. Y también vivir es vivir poéticamente, la poesía como razón de ser: "saber que somos es vivir ardiendo en las palabras". Y, entre todo ello, las Brigadas Rojas o la marcha sobre Roma, simplemente nombradas, insertan la historia en el poema.



Dos libros nuevos que son ya dos clásicos más.

Fin de trayecto

Esta noche que llega horrorizada,

codiciada de tanto basilisco,

el crepitar del agua en el andén

de plata,

en la estación del aire desconchado,

la ferrovía de la juventud,

guardabarreras de la sonata de los

espectros,

o mejor que el infierno, las leyendas

de Strindberg,

dislocación entre París y Lund,

dislocación desde un interior noche,

el andén ofuscado por la torre

en Novara,

sólo la piedra fúlgida de luz,

tan sólo aquel mirar de lentejuelas,

el navegante con su pantomima,

la brújula trucada en un mar art decó,

para estar vivos, si; como fragmentos

de un mosaico de azul ensangrentado.