Con precedentes tan insignes, solo en español, como Gómez de la Serna, Borges, Rubén Darío, Augusto Monterroso o, en nuestros días, José María Merino, Cristina Fernández Cubas, Pilar Adón o Juan José Millás, el microcuento es un género narrativo que exige tanto talento como concisión, imaginación y expresividad.
Cubierta de 'Mirar el mar'.
Mirar el mar
Pablo Echart
Acantilado, 2026
96 páginas. 14 €
Hay quien lo juega todo al puro ingenio, la anécdota o la humorada. Otros, en cambio, como el debutante Pablo Echart (Irún, 1973), ofrecen en apenas una página, a veces dos o tres, relatos sin estridencias, rebosantes de vida y de verdad, que relatan acontecimientos en apariencia intrascendentes pero cargados de hondura, poesía y sensibilidad.
Catedrático de Humanidades en la Universidad de Navarra, donde imparte clase de guion y cine español, Echart reúne en Mirar el mar cincuenta y seis microrrelatos casi machadianos sobre "lo que pasa en la calle" y en las vidas de sus protagonistas, regresando a menudo a la infancia con más ternura que nostalgia.
De hecho, en casi todos sus cuentos convierte en protagonistas a personajes y situaciones sin excesiva relevancia, casi sin historia, que a menudo pasan desapercibidos.
Así, narra la separación de unos padres y sus consecuencias ("Happy"), una última visita al peluquero de toda la vida ("Peluquería"), las dudas de un marido al comparar a su primer amor con su actual esposa ("Caramelos o verduras"); los intercambios de mensajes nada amistosos de unos vecinos que acaban desvelando secretos inconfesables de todo el edificio ("Ascensor"), el encuentro de unos niños con una antigua estrella de fútbol ("Hidalgo, célebre portero del Athletic"), o la pesadilla del escritor que sueña el cuento perfecto y lo olvida al despertar ("El 111").
Intenso, delicado, estupendo debut de un veterano con mucho cuento.
