Isabel Allende saluda dulcemente a los que han acudido a escucharla un día después de su victoria en la 75.º edición del Premio Planeta. Es una novela que hará historia por una segunda razón: retomará la historia de Alba del Valle donde la dejó el final de La casa de los espíritus, una de las novelas en español más leídas del pasado siglo.
"Después de que terminara La casa de los espíritus hace 45 años me preguntaban continuamente qué pasaba con Alba. La última de los Del Valle que queda viva, porque excepto por ella, la novela es como una ópera, mueren todos", ha empezado contando a los medios de comunicación.
Alba, nieta de Clara del Valle, personaje con quien arranca La casa de los espíritus, sale embarazada de prisión en La hora antes del alba tras un tiempo retenida en el que ha sido torturada. "No se marcha tras salir de prisión porque ama su país. Uno vive en la nostalgia cuando vive fuera. Ella, tan joven, entiende eso. Se queda por su amante. Pero se queda también por la casa. Todo lo que ocurre en esa casa mágica está ocurriendo también a un nivel mucho más grande en el país".
"Hay dos niveles de lectura —ha detallado la autora—. La historia de la casa y la historia del país, igual de dramática".
El conflicto que se desarrolla tanto en su célebre novela como en la recientemente laureada, es un reflejo tácito de su país. "Chile nunca está mencionado en La casa de los espíritus ni en ninguna de mis novelas, pero se supone que es ese el país a lo que me refiero. Siempre quiero volver a Chile y al dolor y la alegría que allí encontré".
"Uno vive en la nostalgia cuando vive fuera de su país". Isabel Allende
Al encuentro con la prensa le ha acompañado Sergio Hernández, finalista del Premio con La añoranza. "Me parece impresionante que los dos hayamos escrito una novela sobre la represión —le ha dicho al joven escritor—. No nos conocíamos de nada ni conocíamos nuestro proyecto, pero a los dos nos preocupa lo mismo. A mí me importa mucho la democracia porque sé lo que significa perderla y cuánto cuesta recuperarla".
Respecto al motivo detrás de la publicación de esta secuela más de 40 años después de la primera parte, ha confesado: "Podría haber escrito este libro en 1985, pero no estaba listo. Como esta es una época en que yo veo que el mundo tal y como lo conocemos peligra, ha sido este el momento en el que he visto la urgencia de escribirlo".
Isabel Allende y Sergio Hernández, ganadora y finalista del Premio Planeta 2026.
La escritora chilena, sin embargo, ha matizado que no trata de ser pedagógica con su nuevo libro: "Hay que tener mucho cuidado con el mensaje. Cuando uno escribe ficción, el mensaje arruina la novela. Si uno trata de escribir con un propósito determinado, condenar una dictadura por ejemplo, ahí la novela se arruina. Si escribes no ficción, ahí ya es distinto. Pero cuidado con la novela, es un terreno peligroso, resbaladizo".
"Yo no tengo la intención de advertir porque no soy adivina, pero sí que escribo sobre lo que me importa —ha continuado—. Y a mí me importa la libertad. Vivo en EE.UU. , donde la democracia peligra. La democracia a veces se pierde de súbito, como en Chile, y a veces se va minando hasta que se derrumba".
En este sentido, ha defendido la función del escritor a la hora de diseccionar el presente: "Los escritores trabajamos en el silencio. En esa habitación cerrada que es nuestra cabeza podemos hacer conexiones que en el mundo normal no se puede hacer. Hay como unas antenas que va captando lo que está en el aire. Y sin saberlo, uno escribe lo que está en el aire, lo que está en la conciencia colectiva. En este sentido cualquier creador puede hablar de esa antena que solo se escucha en el silencio y la soledad del proceso creativo".
La escritora también se ha detenido a hablar sobre los temas que le empujan a escribir: "La gente dice que se cambia. Yo sigo siendo igual de inmadura, me siguen interesando las mismas cosas, me siguen gustando los mismos hombres. Todavía sigo enamorada de Antonio Banderas. Una de esas obsesiones que siempre han estado ahí es esa gente anónima que en el momento en el que se ponen a prueba aflora un heroísmo apabullante".
"La gente dice que se cambia, pero yo sigo igual de inmadura. Todavía sigo enamorada de Antonio Banderas". Isabel Allende
Y ha añadido: "Yo vi en el golpe cuánta gente solidaria había y cuánta cruel también. Pero ese heroísmo todavía me hace llorar. Eso estaba en mis primeros libros y también en este. La edad no te hace mejor, no te hace más sabio. Así que vayan preparándose para los 80 años".
De entre todas las problemáticas que ponen en marcha la maquinaria creativa de Allende, la escritora destaca: "Yo he escrito varias novelas históricas. Siempre los libros de historia están escritos por hombres. Ahí no están las voces silenciadas, que son las más interesantes. Las grandes guerras quedan plasmadas en la historia oficial, que no es la verdadera. Cuando una investiga, se mete en los entretelones y habla con la gente de a pie, ahí descubres realmente lo que pasó, y ese es un trabajo maravilloso".
La escritora chilena también ha tenido unas palabras sobre la polémica prohibición de La casa de los espíritus en algunos estados de EE.UU. :"Basta con que una persona se oponga a que un libro esté en una biblioteca escolar para que lo aparten. Y basta con que lo defienda una persona para que vuelva. Lo han prohibido en algunos estados pero no queda muy claro por qué. No creo que sea por la violencia, porque es un país que vive en la violencia. En todo caso es un honor que a uno le prohíban, quiere decir que todo el mundo te va a leer".
Por último, ha compartido un consejo sobre el oficio de escritor: "Nadie, sobre todo en el caso de las mujeres, tiene el tiempo para escribir. Hay que labrárselo. Nunca vamos a tener 8 horas para concentrarnos en las que alguien nos traiga un café. Hay que construirse esa habitación propia. Aunque solo sea por dos horas para diseñar nuestros mundos. Escribí La casa de los espíritus en mi cocina de Caracas. Lo conseguí porque tenía en mi cabeza ese espacio. Pero esperar al momento propicio... nunca sucederá".
La muerte de Machado
"La añoranza es una obra que reivindica la importancia de la memoria histórica. La protagonista viaja a Francia porque es la única forma de entender los silencios de su país. La memoria es muy necesaria para no repetir los errores que se repitieron. Sé que es un tópico, pero creo que es importante porque en el momento en que vivimos ha recobrado importancia. La añoranza es un mensaje de reconciliación vehiculado por la literatura", ha comenzado reflexionando sobre su novela el finalista del Premio Planeta Sergio Hernández.
Guionista de profesión, Hernández ha recordado cuál fue la inspiración para escribir esta obra que se sale de su zona habitual de trabajo: "El germen de la novela tiene su origen en el año 2022. En ese momento yo estaba firmando por primera vez en Sant Jordi con Planeta Comic. Pregunté por anécdotas de la ciudad. Escuché las historias de las manifestaciones de los años 70 y 80 en el Barrio Gótico. Me contaron entonces que había vecinos que acogían a los manifestantes que huían de la policía".
El distanciamiento generacional con la Guerra Civil también despertó su interés: "Yo tengo un sentimiento de orfandad con la guerra. Mis abuelos no la vivieron, solo mis bisabuelos. Me queda lejano. Las anécdotas que he recibido son costumbristas, no legendarias. Es algo que no conozco de lo que necesitaba saber más".
Sobre el poeta de la generación del 98, ha asegurado que su aparición no es casual en La añoranza: "Yo sabía que quería escribir una historia de amor vehiculada a través del exilio. Precisamente me interesa tanto el exilio de Machado porque hablamos de un poeta muy patriota. Es un hombre que pidió que le enterraran con tierra de España que trajo cuando atravesó la frontera. Pese a ello sigue enterrado en Colliure. Lo hemos convertido en el exiliado por antonomasia".
En la segunda parte de La añoranza, según el autor, veremos al Machado más humano: "El derrotado cerca de la muerte que ha visto que el país que amaba ha sido traicionado. Quiero que los lectores lo descubran. Es un Machado maravilloso y que duele. Esta novela ha sido una excusa para conocer la historia del exilio que es una cicatriz que todos llevamos dentro y que no conocemos como deberíamos".
Preguntado por la relación de la novela con el contexto actual, Hernández ha apuntado: "La historia es cíclica, sabemos cómo empezó el siglo XX y en lo que desembocó. También el siglo XIX, en el que nos pegamos hasta con piedras y con palos. Uno cuando escribe no tiene la ambición de advertir al público de nada, pero sí que tiene la pulsión de transmitir sus inquietudes".
