Soldados españoles rinden homenaje a los caídos en Afganistán. Foto: Mónica Bernabé

Lee y descarga algunos poemas de Guillermo de Jorge

La poesía y la guerra, no por extraña mezcla en nuestro tiempo, deja de ser un clásico que en castellano hizo cumbre en el Siglo de Oro, de Garcilaso a Calderón de la Barca. En esta fecunda tradición pensaba Lorenzo Silva cuando decidió publicar en Playa de Ákaba, editorial que dirige junto a su mujer, los versos guerreros de Guillermo de Jorge (Santa Cruz de Tenerife, 1976), suboficial del Ejército de Tierra destinado en Afganistán entre septiembre de 2011 y enero de 2012.



Para Silva, los poemas del militar contribuyen a dar fin al "ominoso e incomprensible silencio" en que, a su juicio, se ve envuelta hoy esa guerra en España. "Cualquier otro país presta más atención a quienes se lo juegan todo por él, siguiendo las órdenes de su gobierno -dice Silva-. Aquí, por diversas razones, ha sido una historia postergada, puesta en sordina, como lo que no interesa o no conviene". Y defiende el verso como el vehículo propicio para "saber cómo viven y cómo son los soldados que cumplen su misión en zona de operaciones".



De Jorge está lejos de la imagen arquetípica del poeta. Lleva tatuajes, el pelo rapado, está en forma y su piel luce el bronceado de quien se ejercita a diario al aire libre. Se matriculó en Filología Inglesa, pero pronto ("cuando uno debe dejar los dogmas a un lado y dar de comer a una bebé") entendió que su camino sería otro. Habla de "vocación por servir al pueblo" y de comunión con los valores militares, valores "como el trabajo, la honestidad, la integridad, la disciplina, la lealtad bien entendida y el compañerismo". De este último, de cómo arraiga su espíritu en la tropa, dan muestra sus poemas dedicados al sargento Joaquín Moya, muerto por un disparo de los talibanes en 2011. De Jorge lo recuerda como "uno de los momentos más difíciles" de su misión en Afganistán.



El poeta-soldado Guillermo de Jorge en un recital. Foto: Playa de Ákaba

El soldado canario entiende el patriotismo como algo "íntimo", "lejos del concepto tradicional de la patria". La patria, piensa, "no es otra cosa que aquellos valores y principios íntimos que nos devuelven a ser humanos, que nos reconcilian con nosotros mismos". Y pide dejar a un lado "el carácter político de un concepto que, si no se llena de verdadero valor, no sirve para nada".



El poeta ya había estado antes en Irak, y le quedó "la deuda pendiente" de no haber versificado su experiencia. Le dio forma de diario, dice, porque quería "ser fiel a la realidad que vivíamos, sin artificios, sin tretas ni argucias literarias". El único artificio es el que ordena esta realidad. En el diario cabe "el poema, la digresión reflexiva, el aforismo, el pseudo-haiku, etcétera", dice de Jorge. En cuanto a su decisión de hacer primar el verso, cree que así "se mantiene en una cierta plenitud la frescura y la mímesis con la realidad". Ello con el fin de "establecer vínculos emocionales con aquellas personas que se enfrentan al texto".



En cuanto a sus referentes, y además de los citados, los de la tradición castellana, que le animaron, dice, "a seguir escribiendo mientras servía en el Ejército", cita a "los poetas norteamericanos y británicos de la Primera y Segunda Guerra Mundial y a los cavaliers ingleses". En su libro aparecen también, en versos que abren las distintas partes, autores como Bukowski, Julio Alfredo Efea o Jorge Boccanera.



@albertogordom

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