En una habitación que a su vez es prestado estudio de pintura, un hombre rompe un largo silencio, y un secreto familiar. "Hablo como nieto de uno de los guardias de asalto del pelotón que fusiló a una serie de hombres en Víznar, entre ellos al poeta, al maestro de Pulianas y a dos banderilleros… A mí me llega muy hondo el caso del maestro. Hago, de una manera expiatoria estas declaraciones, desde el convencimiento de que es necesario apelar a la reconciliación, y que para mí pasa por visualizar el rostro y los nombres de las víctimas. ¿Perdón? Pediría perdón en nombre de mi linaje".
El testimonio exclusivo de un nieto de uno de los verdugos de Federico García Lorca, transcurridos 90 años del fusilamiento, es la viva voz de un crimen que sigue sin castigo, con las víctimas desaparecidas en tumbas perdidas.
Estampa 1. Agosto de 1936, Granada. En el bar La Pajarera, en la calle Mesones, un meritorio de guardia de asalto, afiliado a Falange desde el mismo 18 de julio, confiesa y saca pecho por la ejecución de su propio pariente. "Le he metido dos tiros en la cabeza al Cabezón". Se llamaba Antonio Benavides, de la familia Pataslargas, y a través de él asoman los odios macerados de la Vega de Granada en la que el padre del poeta era un terrateniente odiado por sus rivales y prestamista reconocido a un interés del 6% desde una mesa en el céntrico Café Suizo.
Y es así, con las estampas de un nieto y un primo, con sus respectivas confesiones ayer y hoy, como se puede construir periodísticamente un puzle al que aún le faltan el cuerpo y la voz del poeta. Hace dos semanas TVE estrenó el documental Lorca, las horas perdidas y la semana pasada llegó a los cines la ya exitosa La bola negra, de los Javis, que recupera el título de una obra teatral perdida de Lorca. La empezó llamando así y luego eligió otro título: La piedra oscura.
Las horas perdidas muestra cómo la investigación histórica, gracias al empeño detectivesco de Miguel Caballero, autor de cuatro libros sobre Federico y su mundo, ha hecho posible conocer el rostro y los nombres de quienes formaron el pelotón de ejecución. Y ha sacado a la luz también el peso que el mundo cerrado de la Vega, tierra de remolacha azucarera, ingenios y poderosas familias, tiene en la precipitación con la que el hijo del potentado Don Federico es detenido y hecho desaparecer en apenas 13 horas.
90 años del asesinato de Lorca, un poeta eterno que sigue fascinándonos mucho más allá de su leyenda.
— RTVE Comunicación y Participación (@RTVE_Com) August 18, 2026
A raíz de esta efeméride, RTVE estrenará MUY PRONTO en @La1_tve el documental 'Lorca, las horas perdidas'. Narrado en clave de true crime y con el actor Ángel Ruiz en el papel… pic.twitter.com/XOOM28RNwZ
Concebido como una cuenta atrás de 33 días, Lorca, las horas perdidas incorpora la fotografía que nadie pudo hacer: el fusilamiento de cuatro hombres alumbrados por los faros de dos coches. Al poeta, en pijama, le pegaron dos tiros a bocajarro, con nocturnidad y alevosía, junto a un maestro de escuela y dos anarquistas.
En la instantánea 'goyesca', obra del especialista en fotografía de batallas históricas Jordi Bru, tiene especial protagonismo Antonio Benavides. Era sobrino nieto de la primera esposa del padre de Federico y primo por partida triple de Lorca. Su nombre, premonitoriamente, ya estaba escrito en la última obra de teatro del genio granadino.
Miguel Caballero ofrece su testimonio en el documental 'Lorca, las horas perdidas'.
El cénit de la nueva pieza documental, que arranca y cierra la narración de los hechos con los 'paseados', nos lleva a unos caminos de tierra una noche sin luna. El poeta más universal de una España que aquella madrugada llevaba un mes en guerra, el creador de Romancero gitano y Bodas de Sangre, es arrastrado, con nocturnidad y sin juicio, a una tumba secreta.
Aún hoy su cuerpo sigue desaparecido. Todas las búsquedas de la fosa, que han contado siempre con la firme oposición de su familia, han fracasado. En la última, realizada en 2016 en unos viejos pozos de agua donde los testimonios más fiables situaron el fusilamiento, sólo apareció una bala deformada de Mauser. Ni rastro de huesos, ropas o la muleta del maestro de escuela.
Por aquella bala deformada, testigo de que aquel fue lugar de terror, el investigador Caballero lanza su pregunta más provocadora: "¿Adónde se llevaron el cuerpo?", convencido de que allí donde apareció el proyectil estuvo su primera tumba.
Lo cierto es que el cuerpo del "desaparecido más llorado del mundo" (según palabras del hispanista irlandés Ian Gibson) sigue perdido, igual que su voz. Aún se sigue buscando en Cuba, Argentina y Uruguay un registro sonoro de García Lorca.
Las conclusiones de Caballero, el investigador histórico que más ha aportado en los últimos años, cuestionan la 'verdad oficial' de la muerte de Lorca y fija acontecimientos clave: el autor de la orden de detención y ejecución no fue el gobernador Valdés sino Velasco Simarro, un ex teniente coronel de la Guardia Civil molesto con su Romance de la Guardia Civil; la fecha de su ejecución fue el 17 de agosto, y no el 18 o el 19; el célebre Manolillo el comunista, supuesto enterrador del poeta, ni era niño (tenía 19 años) ni estuvo en esas fechas en La Colonia…
Pero hay más en Lorca, las horas perdidas (disponible ahora en RTVE Play). Por primera vez un descendiente de uno de los ejecutores rompe el largo silencio de quienes estuvieron dedicados a fusilar. El hombre pide perdón en nombre de su "linaje": "En mi familia nunca se habló de estos hechos, que yo he ido descubriendo progresivamente desde que por azar vi el nombre de mi abuelo en un libro sobre la muerte de García Lorca [se refiere al de Eduardo Molina Fajardo Los últimos días de García Lorca, de 1983 y reeditado por Almuzara en 2011], un poeta a quien hasta entonces no me había acercado porque su vida y obra literaria siempre me habían parecido demasiado trágica y un tanto desgarradora".
El nuevo documental está articulado como una cuenta atrás cargada de elementos premonitorios. Nadie pudo salvarlo, ni los poderosos Rosales, la familia falangista con más mando en aquella Granada, ni el propio padre del poeta, que enseguida movilizó a su abogado para que negociara con las fuerzas vivas de la ciudad, incluido el gobernador militar. Manuel de Falla, en cuya casa Lorca consideró refugiarse en lugar de en la de los Rosales, lamentaría toda la vida haber llegado tarde también con sus gestiones.
11.00 horas del 14 de julio de 1936. Faltan 33 días y 16 horas para el asesinato. Desde la estación de tren y maleta en mano, llega a la casa familiar de verano, en la que sus padres se habían instalado a principios de julio. La decisión de Federico de ir al encuentro de los suyos obedecía a dos razones: el ambiente en Madrid, especialmente hostil tras el asesinato el día 13 del líder conservador Calvo Sotelo, y la proximidad del 18 de julio, San Federico mártir, pues era el día grande en que en la casa de los García Lorca se celebraba la onomástica del padre y del primogénito.
Lorca acababa de terminar su última obra teatral, La casa de Bernarda Alba. Tuvo tiempo de leerla, además de en Madrid, en un carmen de Granada antes del estallido de la Guerra. Para investigadores como Caballero, aquello fue "la última gota que colmó el vaso". El texto dramático, que tardaría casi dos décadas en ser estrenado en un teatro, era, en opinión del investigador histórico, "una venganza literaria contra los enemigos ancestrales de su padre".
Hoja de servicio militar de Antonio Benavides, primo del poeta, que habría participado en su ejecución.
Lleva por subtítulo "Drama de mujeres en los pueblos de España", y en el encabezamiento el apellido de una persona conocida de su familia: Francisca Alba Sierra, viuda con cinco hijas a las que enclaustró al morir su segundo marido, al que Lorca llamó Antonio María Benavides en la obra (en la realidad se llamó Alejandro Rodríguez Capilla).
12.30 horas del 9 de agosto de 1936. Faltan 7 días, 14 horas y 48 minutos. La paz en la arcadia que era para los García Lorca la huerta de San Vicente se ve rota por la irrupción de un grupo de exaltados. Entre ellos destacan los hermanos Miguel y Horacio Roldán, y un personaje que aparece en La Casa de Bernarda Alba, Pepe el Romano.
Buscaban al hermano del casero, como excusa, y hasta golpearon a Federico, al que invitaron a no salir del predio. Tanto se sintió violentado el poeta que decidieron, en cónclave familiar, buscar la protección de Luis Rosales, poeta amigo y admirador de Lorca unos 10 años más joven, y de su familia falangista.
22.00 horas. Faltan 7 días, 5 horas y 18 minutos para que un pelotón mandado por el cabo Mariano Ajenjo, un hombre "frío para fusilar", dispare y remate con tiro de gracia a un poeta en camisa de pijama a rayas azules, un maestro y dos anarquistas que en las corridas de la feria del Corpus de Granada aparecían en el cartel taurino como banderilleros.
La noche del 9 de agosto Federico fue llevado por el chófer familiar desde la Huerta al número 1 de la calle Angulo, a apenas 300 metros del Gobierno Civil. Seis días duró su estancia en la espaciosa vivienda de los Rosales. Tocaba el piano, escuchaba con desazón la radio y, cuando oía explosiones desde lejos, buscaba "el bombario" de la casa para esconderse. Le solía acompañar Esperancita Rosales, a la que Federico motejaba "mi divina carcelera".
14.30 horas del 16 de agosto. Quedan 12 horas y 48 minutos. La madre de los Rosales, la tía Luisa y Esperancita son la mejor compañía en una residencia con 23 habitaciones en tres plantas (hoy es el Hotel Reina Cristina). Hasta allí llegan el empoderado exdiputado derechista Ramón Ruiz Alonso, al que Primo de Rivera acababa de nombrar su hombre de Falange en Granada, y el abogado Juan Luis Trescastro, de Acción Popular. Saben perfectamente que es el domicilio familiar de los viejos 'camisas azules' de la capital de la Alhambra y uno de cuyos hijos, el mayor, es mandamás en Falange, José, apodado Pepiniqui.
"Ruiz Alonso iba con mono, y en él llevaba las insignias de Falange… Federico estaba en el patio, en pijama… Trescastro y los otros se quedaron en la puerta sin entrar", contaría Miguel Rosales en 1969, 33 años después de los hechos.
El propio Ruiz Alonso, padre de las luego actrices Emma Penella, Marisa Montes y Terele Pávez, contaría que interpeló directamente a Lorca tras serle presentado: "Tienes que acompañarme al Gobierno Civil… Pero es sólo para que haga unas declaraciones, dije a todos". Mentía el desencadenador de toda la tragedia, pues fue él quien había redactado la denuncia por escrito contra Federico.
La presentó en el Gobierno Civil, dándosela en mano a Nicolás Velasco Simarro, exteniente coronel de la Guardia Civil que hacía de secretario del gobernador y ejercía como tal cuando Valdés Guzmán estaba ausente. Y ese día estaba en el frente de guerra.
"Lorca ya no tenía escapatoria", sostiene Caballero, conocedor del resentimiento del benemérito contra el autor de Romance de la Guardia Civil Española (1928): "Tienen, por eso no lloran / de plomo las calaveras. /Con el alma de charol/ vienen por la carretera. /Jorobados y nocturnos,/ por donde animan ordenan/ silencios de goma oscura/ y miedos de fina arena. /Pasan, si quieren pasar,/ y ocultan en la cabeza / una vaga astronomía / de pistolas inconcretas".
Las rencillas familiares
Dice Caballero que las rencillas familiares son perceptibles en todas las estaciones de penitencia del poeta: "La detención en casa de los Rosales fue llevada a cabo por Ruiz Alonso, Martín Lagos y el abogado Trescastro, cuya mujer era prima del padre del poeta. Este Trescastro era militante de Acción Popular, al igual que los hermanos Miguel y Horacio Roldán, hijos ambos de El Marquesito, y trabajaba como abogado para esta familia rival, en lo político y en lo empresarial.
Por último, en el pelotón de ejecución del poeta se encontraba Antonio Benavides Benavides, compadre de Trescastro, primo de los Roldán y sobrino nieto de Matilde Palacios Ríos, la primera mujer 'yerma' del padre del poeta. Federico García Rodríguez tuvo disputas judiciales con su anterior familia política a costa de la herencia de Matilde Palacios, "aquella otra que pudo ser mi madre", que decía Federico.
Ese mismo 16 de agosto, unas horas antes de la detención, había sido fusilado en las tapias del cementerio Manuel Fernández Montesinos, médico casado con su hermana Concha que llevaba 10 días de alcalde socialista de Granada cuando se produjo el golpe militar.
23.40 horas del 16 de agosto. Quedan 3 horas y 38 minutos. El coche de los 'sentenciados' salido del Gobierno Militar llega a la plaza de Víznar, delante del Palacio del Obispo, donde se alojaba el capitán africanista José María Nestares. "Serían las 11 y media o las 12 de la noche… Iba un piquete de guardias de asalto al mando del teniente Rafael Martínez Fajardo. Me dijo que llevaba orden directa del comandante Valdés para fusilar a cuatro. Uno de ellos era Federico. A mí me molestaba enormemente aquello. Lo consideraba una canallada".
Ángel Ruiz encarna a Federico García Lorca en el documental 'Lorca: las horas perdidas'.
Ahora el documental de El Rugido incorpora también la voz del militar, que incluso había compartido colegio de niño con Federico, en una grabación que le hizo Ian Gibson: "Era amigo mío. Yo lo conocía perfectamente. No era un hombre de acción, ¿eh? Tenía unos amigos del ala izquierdista… Fue una aberración aquello, una equivocación. La guerra muchas veces pilla por medio a personas inocentes, ¿no? Inocentes en el sentido de que no tienen nada que ver con la política. Personas que caen, como ahora en Vietnam". Era el año 1966.
Bajo la jurisdicción de Nestares quedaba La Colonia, edificio que hasta ese agosto habían ocupado grupos de escolares infantiles (niñas) de campamento. Con la guerra era una especie de anexo a la prisión provincial de Granada, antesala de ejecuciones sin juicio. Un cabo y 6 guardias de asalto formaban en esas fechas la escuadra que paseaba a los detenidos. Hubo cientos de ejecutados hasta noviembre en todo el barranco, hoy lugar de Memoria Histórica.
Desde 2021 esas fosas se están abriendo. El catedrático de arqueología Francisco Carrión y la antropóloga Inmaculada Alemán llevan ya localizadas 29 fosas y restos de 194 personas (40 mujeres entre ellas y un niño). "Han aparecido botones, medallas, anillos, gafas... y el niño con tiro en la nuca que llevaba una goma de borrar y un lápiz", dice para el documental la antropóloga. Carrión, con sus estudios sobre los restos exhumados, opina que "fue la antesala de Auschwitz".
La purga salvaje, en aquel verano del 36, empezó con la toma de Granada, el 20 de julio, por un grupo de conspiradores militares y falangistas que se habían unido a la rebelión militar iniciada dos días antes contra el gobierno de la II República. Todos los que se interpusieron en su camino fueron apartados o fusilados. También Miguel Campins, el jefe militar de la plaza que intentó evitar un baño de sangre en Granada y que acaba de ser protagonista de la última novela de Lorenzo Silva, Con nadie.
En los tres años que duró la Guerra Civil murieron más de medio millón de españoles, unos 200.000 en ejecuciones y fusilamientos. Vencida la República en abril de 1939, Franco se proclamó Caudillo victorioso de España e instituyó una dictadura que duró 36 años, hasta que murió en la cama, en 1975. Su única explicación de lo ocurrido con Lorca la dio en 1937, un año después de su asesinato. Preguntado por un periodista que cubría la guerra para el rotativo mexicano La Prensa, mintió así:
"Ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra. Granada estuvo sitiada durante muchos días, y la locura de las autoridades republicanas, repartiendo armas a la gente, dio lugar a chispazos en el interior, en alguno de los cuales perdió la vida el poeta granadino. Como poeta su pérdida ha sido lamentable y la propaganda roja ha hecho pendón de este accidente… Queda dicho que no hemos fusilado a ningún poeta."
02.40 horas del 17 de agosto. Faltan 38 minutos. Los cuatro detenidos salen para el barranco junto con los tiradores de la Escuadra Alfaguara. El termómetro marca 16 grados. Extraña noche destemplada y oscura de verano. La luna cruza el cielo nublado en cuarto menguante. Solo los haces de luz de dos coches rompen la oscuridad.
En el segundo automóvil, un Buick descapotable de color rojo cereza requisado a un comerciante del centro, hace Federico su último viaje. A su lado lloran su maldita suerte dos banderilleros anarquistas y un maestro que decía a sus alumnos que Dios no existía.
03.10 horas. Faltan 8 minutos. Se detiene la comitiva a la altura del cortijo Pepino, pasado el puentecillo. Los elegidos para ejecutar ponen a los condenados a tiro, alineados. Cuatro hombres saben que van a morir. Seis, que van a matar, porque la guerra los ha convertido en matarifes del disparo en la nuca, o en la frente.
"¿Por qué me matas, primo?"
Uno de ellos busca con especial interés la mirada del poeta, el segundo por la izquierda. Le encara y apela. Miguel Caballero piensa que se pudieron hasta decir palabras: "Si se conocían desde niños y por la familia, algo inquiriría García Lorca a Antonio Benavides Benavides cuando lo vio encañonándole con el fusil Mauser… ¿no? Posible es hasta que se cruzara alguna frase como ¿por qué me matas, primo?"
Los ajustes de cuenta se desbocaron. En Granada, la venganza de una sociedad fracturada que quería aniquilar al otro, por rojo, masón, maricón o pro-ruso fue brutal. Y a ese cóctel se suma el desquite del teniente coronel retirado Velasco Simarro, protector además de los Roldán, por los poemas contra la Guardia Civil de Romancero Gitano. El benemérito fue el dueño último del destino del poeta. En ausencia del gobernador, dio la orden de detención de Federico a las 13.00 horas del 16 de agosto, y luego ordenó también su traslado esa noche a La Colonia para ser fusilado.
Jordi Bru, especializado en inmortalizar desde el presente batallas históricas, retocando el instante del fusilamiento recreado en el documental 'Lorca, las horas perdidas'.
03.18 horas del 17 de agosto. Faltan 3 segundos, 2, 1... El grito de ¡Fuego!, en la recreación de la ejecución realizada para el documental, coincide con los disparos fotográficos de Jordi Bru, especializado en inmortalizar desde el presente batallas históricas. El último 'disparo', y click de la cámara de Bru, es el de Antonio Benavides dando el tiro de gracia a Federico, ya derribado con la primera bala. Benavides simboliza la maldita bola negra que en aquella Granada del 36 le tocó al poeta.
La hostilidad hacia él arranca en su propia cuna, Fuente Vaqueros. El día 1 de agosto, cuando los golpistas tomaron el pueblo, le quitaron su nombre a una calle y le pusieron el del gobernador civil, Valdés Guzmán.
A la vuelta del paseo de Lorca, la persona a la que el capitán Nestares envió de acompañante al coche de los condenados le contó "que los habían matado en el campo de instrucción de las tropas, antes de llegar a la Fuente Grande, a la derecha de la carretera según se va a Alfacar, después de pasado el puentecillo".
"Los ejecutores –según otro testigo– arrojaron los cuerpos a unos antiguos pozos excavados en busca de agua. Federico era el segundo por la izquierda. Y sobre ellos echaron la muleta de Don Dióscoro". El trabajo, añade Caballero, lo terminaron a la mañana siguiente tres presos enterradores de La Colonia.
Recreación de la escena de los reos asesinados en el documental 'Lorca, las horas perdidas'.
No fueron los de Federico unos sepultureros cualquiera. Se trataría del catedrático de Derecho y ex gobernador civil de Sevilla Joaquín García Labella (su casa se la quedó Valdés Guzmán), Francisco Rubio Callejón, gobernador civil de Huelva y de otras provincias, y Jesús Yoldi Bereu, catedrático de Farmacia. Todos fusilados el 25 de agosto. Fueron sustituidos por 8 masones. Sobrevivieron siete. Para lograrlo tuvieron que declararse falangistas.
Las incautaciones de casas y otros bienes de los 'desaparecidos' representan otra de las grandes atrocidades que se escondían tras los fusilamientos del adversario. Además de matarles, sus asesinos disponían de patente de corso para la rapiña: les incautaban sus casas y propiedades. Le ocurrió a Labella, Rubio… y al Camborio del Romancero Gitano.
Todos los pistoleros fueron identificados por Caballero a través de sus expedientes militares. Tanto detalle ha logrado reunir en sus años de pesquisa que en el expediente de Benavides uno de los enterradores de La Colonia lo definió en cuatro palabras: "Con vocación para asesinar". Conocido en la Vega por el apodo de su familia, los Patalargas, nunca se corrigió.
En Málaga, donde fue policía hasta el año 52, se ganó renglones así en su hoja de servicios: "Su conducta moral es mala… Elemento juerguista y de vida alegre y jugador". A su propia mujer, apostólica y conservadora, que le dio cinco hijos, la tuvo engañada a lo grande con la madame de un burdel de fama en la Costa del Sol.
Era el primo Benavides, hijo de un labriego/arrendatario, dos años más joven que Federico. Después de participar en la Guerra de África, en 1925 emigró a Buenos Aires. Allí pudo coincidir con su primo Federico en 1933, en un viaje que éste hizo a Argentina acompañando a Pablo Neruda. Regresó en 1935. Se afilió a Falange el mismo 18 de julio de la sublevación militar de Franco. La pendencia con los García Lorca es probable que arrancara mucho tiempo atrás, cuando el padre del poeta logró hacerse con parte de lo de su rica difunta primera esposa, tía abuela de Benavides.
El padre de Lorca se quedó con la mitad de los gananciales (16.000 pesetas de 32.000); el resto lo consiguió la abuela de Antonio Benavides. Aquel capital de 1894 sería el origen de la gran fortuna de Don Federico, el hombre hecho a sí mismo que llegó a su primer matrimonio con la ropa que vestía "y una muda", según consta en el documento sobre la sociedad de gananciales formada tras la boda al que tuvo acceso Miguel Caballero.
Las mentiras del franquismo
Hoy también se sabe que verdades consideradas incuestionables en el relato que la dictadura y otras habladurías establecieron sobre lo acontecido se pueden considerar falsas. Los propios expertos convocados en Lorca, las horas perdidas explican cuánto hay de mentira en las acusaciones con las que el franquismo quiso justificar años después (en 1965) el fusilamiento de Lorca: masón (nunca lo fue), homosexual y socialista (no militó en partido político alguno). Y aclaramos con precisión el papel que juegan en el crimen los odios en la patria chica.
Viene diciendo Gibson que Federico presentía lo que podría ocurrirle. Su obra está repleta de premonición y presencia de la muerte, una ceremonia que el propio poeta habría representado en unas 200 ocasiones. Lo dice en el documental Ismael Ramos, autor del libro El mundo esotérico de García Lorca.
Desde que terminó la obra teatral Así que pasen 5 años, el 19 de agosto de 1931, transcurrieron exactamente cinco años (menos dos días) hasta su ejecución el 17 de agosto de 1936. Entre sus proyectos inacabados –perdida sigue su obra La piedra oscura, que al principio iba a titular La bola negra– está Comedia sin título. Tan solo alcanzó a escribir completo el primer acto, en el que un grupo de actores ensaya la obra de Shakespeare El sueño de una noche de verano, derribando la cuarta pared. Lean:
"¿Por qué? Si creéis en Dios, ¿por qué tenéis miedo a la muerte? Y si creéis en la muerte, por qué esa crueldad, ese despego al terrible dolor de vuestros semejantes? Diréis que esto es un sermón. Y bien, ¿es que es feo un sermón? Casi todos los que me oyen han dado un portazo y han salido de casa dejando a su padre y a su madre en un momento en que por su bien le reñían, y en este instante darían todo lo que tienen, hasta los ojos, por volver a oír las dulces voces desaparecidas. Lo mismo ahora. Pero ver la realidad es difícil. Y enseñarla mucho más. Es predicar en el desierto. Es firmar tu propia orden de muerte".
