Phil Spencer, el antiguo CEO de Microsoft Gaming, dijo hace ya más de cinco años, cuando estaban preparando el lanzamiento de Halo Infinite (2021), que si perdían el rumbo con Halo, perderían el rumbo con Xbox. La afirmación fue contundente y muy arriesgada viendo que ya por entonces las cosas estaban en terreno pantanoso.

Tenían todas las esperanzas depositadas en un proyecto en el que habían invertido seis años de desarrollo, un nuevo motor gráfico y una cantidad ingente de recursos. Y ya sabemos cómo terminó la historia. Halo Infinite, a pesar de sus virtudes, fue una decepción colosal, exhibiendo unos costurones desastrosos que evidenciaban unos recortes de contenido tremendos, efectuados a última hora para conseguir lanzar el producto.

El fracaso dejó a la franquicia en tierra de nadie, demasiado valiosa para abandonarla sin más pero desprovista por completo de la confianza de la audiencia. ¿Puede un remake del clásico Halo: Combat Evolved de 2001 restaurar el buen nombre de la saga o es un mero brindis al sol a estas alturas?

En el siglo XXVI, la humanidad lleva veinte años de intenso conflicto contra una alianza de razas alienígenas denominada Covenant impulsada por una cruzada religiosa. Después de la caída del planeta Reach, la nave Pillar of Autumn escapa a duras penas del desastre y llega a las inmediaciones de un mundo-anillo artificial: el Halo. Los Covenant intuyen que la instalación esconde un arma de incalculable valor y se desata una carrera contrarreloj para llegar al núcleo y hacerse con ella.

El Jefe Maestro, un exponente de la línea Spartan de super soldados genéticamente modificados, se alía con la poderosa inteligencia artificial Cortana para frustrar los planes de los alienígenas y proteger a una humanidad contra las cuerdas de una tecnología que podría cambiar el curso de la guerra para siempre.

Fotograma de 'Halo: Campaign Evolved' Xbox Game Studios

Halo: Combat Evolved, el título original que Bungie lanzó en 2001, fue un juego seminal que no solo estableció una cabeza de playa para una Microsoft primeriza en el mercado de las consolas, sino que consiguió romper el código que había impedido hasta el momento a las consolas competir contra los ordenadores en el espacio de los FPS. Por primera vez, disparar en primera persona con un mando no solo era plausible, sino que muy satisfactorio, recortando las distancias con la superioridad del esquema teclado/ratón.

Sus dramáticas innovaciones jugables, así como su apabullante presentación audiovisual, no pueden ser subestimadas. En un mismo movimiento puso a Xbox en el mapa e inició una de las franquicias más icónicas de la historia de los videojuegos, con una primera trilogía absolutamente estelar. Su importancia capital explica por sí misma la necesidad de este tratamiento para garantizar su preservación.

Un instante del 'Halo Campaign Evolved' Xbox Game Studios

Para ello, Microsoft ha tenido a bien abandonar por completo el motor gráfico de Infinite y abrazar las bondades de Unreal Engine 5. El resultado es un acabado muy superior tanto al original como a la remasterización de 2011 que sin embargo respeta la particular dirección artística del título, con su expresiva paleta de colores.

También se han incorporado una serie de mejoras jugables de los títulos posteriores que realzan la experiencia y eliminan muchas de sus frustraciones intrínsecas. Nada tan radical como el gancho de Infinite, pero sí ciertas convenciones modernas (como un apuntado más preciso a través de la mirilla) que se agradecen.

El sustrato que subyace en los huesos de la campaña es el mismo, un relato de ciencia ficción militar con un ritmo endiablado, niveles amplios y variados que revelan la épica del conflicto y un giro de guion espectacular que resignifica toda la segunda mitad. A pesar de los 25 años transcurridos, sigue siendo brillante, sin tiempos muertos y sin rastro de grasa por ninguna parte.

Imagen del 'Halo Campaign Evolved' Xbox Game Studios

La principal novedad en cuanto a contenido es la inclusión de tres misiones que se incluyen a modo de precuela, ambientadas un año antes de los acontecimientos de la campaña principal. El Jefe Maestro se infiltra en una instalación alienígena donde un Profeta está realizando una serie de experimentos y donde expone a unos marines capturados a los horrores de una caza en un entorno salvaje. Es evidente que no se han prodigado en recursos al desarrollarlas.

La historia no guarda conexión alguna con los hechos de la campaña principal, pero sirve para introducir a unos enemigos que tienen mucha presencia en títulos posteriores, buscando una cierta coherencia interna que explique su ausencia primigenia. Son misiones correctas aunque parcas en ambición, con una dificultad general bastante elevada pero que no aportan demasiado tampoco.

Halo: Campaign Evolved es quizá el único recurso que tenía Microsoft para mantener el pulso de la franquicia después de una década entera de gestión desastrosa, con títulos que abrían nuevos horizontes para luego abandonarlos a continuación. Es cierto que la audiencia de Halo es especialmente tóxica y difícil de satisfacer, pero el número ingente de hilos narrativos sin resolver que han dejado por el camino es trágico y han conducido a la franquicia a un callejón sin salida. O mejor dicho, a un callejón donde la única salida es abandonar el presente para volver al pasado.

Es evidente que si el juego funciona mínimamente a nivel de ventas, abordarán los siguientes títulos de la trilogía original para otorgarles el mismo tratamiento. Con su presencia en PlayStation 5, algo anatema hasta hace bien poco, tiene visos de conseguirlo, por mucho que se hayan dejado los modos multijugador por el camino, una decisión con cierta polémica pero que se ha revelado acertada, al poder centrar todos sus recursos en actualizar una historia icónica. Los próximos 25 años no pintan nada bien, pero por lo menos se ha salvado esta bola de partido.