Los museos se enfrentan constantemente a los retos que la propia sociedad les plantea. Algunos de los más actuales y urgentes son la convivencia del arte antiguo y contemporáneo, la divulgación, la gestión y la conversión de sus salas en destinos turísticos de masas con su consiguiente aglomeración de público. Para analizar estas cuestiones y tratar de plantear soluciones y alternativas están en Madrid algunos de los máximos responsables de las instituciones más importantes del mundo. Son algo así como los galácticos de los museos, las estrellas de la primera división. Poco antes de que hagan aparición en el auditorio del museo, hemos hablado con Mikhail Piotrovsky (director del Museo del Hermitage de San Petersburgo), Sabine Haag (directora del Kunsthistorisches de Viena), Max Hollein (director del Metropolitan de Nueva York) y Eike Schmidt (director de la Galería Uffizi de Florencia) que proporcionan a El Cultural algunas claves.

“España no es un país fácil para recabar fondos para actividades culturales. Es difícil cambiar los esquemas mentales de la sociedad y más con una legislación que no ayuda”, comenta Miguel Falomir, director del Museo del Prado, que ha ejercido de anfitrión de este Curso de Verano de la Universidad Complutense de Madrid organizado por la Fundación Amigos del Museo del Prado. Son tres los ámbitos que destaca: los desafíos geográficos, intelectuales y tecnológicos. Mientras que la cuestión territorial algunas pinacotecas la han solventado abriendo sedes en otras ciudades, Falomir no ve al Prado haciendo lo mismo. Sin embargo, hace hincapié en que llevan "compartiendo obras desde 1860" y creen "en el refuerzo de las colecciones de otros museos con nuestros fondos". 

La parte intelectual, y por tanto menos material, se resuelve "con la investigación y la puesta en marcha de nuevas narrativas. Cuando te planteas el futuro de un museo de arte antiguo hay que entender que existe cierto desapego hacia los Old Masters, los mismos que hace 50 años atraían al público, hoy ya no". Por eso, los nuevos discursos de género (el año que viene inaugurarán una muestra sobre la visión de la mujer en la pintura española del siglo XIX) o prestar atención al arte virreinal, a la pintura filipina o al arte contemporáneo, son algunas de las propuestas que ya están en marcha.

"Cuando te planteas el futuro de un museo de arte antiguo hay que entender que hay cierto desapego hacia los old masters", Miguel Falomir (Museo del Prado)

Explica Max Hollein, director del Metropolitan, que actualmente ha observado que el papel de los museos del siglo XXI se está expandiendo más allá de la definición de museo del siglo XIX y XX y de la experiencia física. Asegura que "se están convirtiendo en plataformas que facilitan e informan sobre debates importantes entre las comunidades locales e internacionales". Para Sabine Haag, uno de los retos actuales tiene que ver con las actividades dirigidas a un público “más amplio, que no tiene tanto conocimiento pero está interesado en la educación y la diversión al mismo tiempo”. 

Y, precisamente, el director del Hermitage, Mikhail Piotrovsky, cree que uno de los peligros es "convertirse en un medio de entretenimiento y de generación de ingresos". Además, la continua digitalización de la experiencia es, para Eike Schmidt, director de las galerías Uffizi, uno de los mayores problemas: "Por un lado interrumpe y distorsiona una percepción adecuada de la obra de arte y su contexto pero, por otro, ayuda a enfatizar su singularidad y resalta el valor del ‘aquí y ahora’". 

"Los museos se están convirtiendo en plataformas que facilitan e informan sobre debates importantes entre las comunidades", Max Hollein (Metropolitan)

Entonces, ¿cuál debería ser el papel de las redes sociales? Miguel Falomir lo tiene claro: "conseguir que las nuevas generaciones se sientan interesadas por unos objetos bidimensionales". El uso de nuevas herramientas como Twitter, Facebook o Instagram tienen "un valor educacional siempre y cuando se usen para divulgar y no solo para promocionar el museo", opina Schmidt. A través de ellas los usuarios que no tienen la oportunidad de acercarse hasta sus salas "pueden descubrir algunas obras maestras que ni siquiera sospechaban que existían". No obstante, la tecnología no solo sirve para la divulgación del contenido sino que, como ahonda Haag, también "sirve para la protección y conservación de las obras".

La convivencia entre arte antiguo y contemporáneo

"La tecnología interrumpe y distorsiona una percepción adecuada de la obra de arte y su contexto", Eike Schmidt (Galería Uffizi)

"¿Podemos prescindir del arte contemporáneo? La respuesta es no", dice tajante el director del Prado. "No podemos negar la importancia de nuestro museo en la tradición artística y necesitamos que nuestra colección pueda decir algo y que los artistas contemporáneos actualicen nuestro legado". Pero hay que hacerlo "con cuidado", advierte Sabine Haag: "es fundamental que este encuentro pueda añadir significado a las obras de ambas generaciones". Teniendo en cuenta que, como dice el director del Hermitage, "el arte contemporáneo es una parte de la historia del arte", un museo universal debe presentarlo como parte de su "desarrollo general".

Habrá diferentes maneras de hacer que estos diálogos funcionen pero parece que todos coinciden en que, desde luego, sirven para revisar y releer la historia del arte. En el Met es algo común "mostrar piezas contemporáneas en el contexto de una colección que abarca 5.000 años de historia, lo que proporciona perspectivas únicas hacia el arte realizado en las últimas décadas", sostiene Hollein. En definitiva, y como añade Haag, "todo el arte ha sido contemporáneo en algún momento y los artistas de todas las épocas han tratado las mismas cuestiones".

La masificación de los museos



La gran afluencia y consecuente masificación de algunos museos se puede convertir en un problema para una visita placentera. Casi todos apuntan que el número de visitantes no debe de ser la vara de medir el éxito de sus programas pero, ¿se debería restringir el acceso a un determinado número de visitantes? De una manera u otra todos coinciden en que sí y cada uno aporta algunas ideas para que el disfrute de las piezas en vivo sea vea interrumpida mínimamente.

"Uno de los peligros es convertirse en un medio de entretenimiento y de generación de ingresos". Mikhail Piotrovsky (Hermitage)

"Aunque nosotros no llegamos al extremo del Louvre [el año pasado contó hasta diez millones de visitantes], sí es cierto que compartimos con ellos la transformación de los museos en un destino turístico de masas", advierte Falomir. ¿Qué hacer? "Sinceramente -reconoce- tiene difícil solución. El visitante es selectivo y tiene derecho a serlo. Si supiéramos qué va a ver y cuánto tiempo va a estar delante de cada obra sería fácil, pero no es el caso". Algunas medidas, como ampliar los horarios [el Prado solo cierra tres días al año] o prohibir hacer fotos en la pinacoteca han acarreado críticas al director "pero se pueden bajar las imágenes a gran resolución gratis desde la web del museo, no tiene nada que ver con cuestiones económicas", asegura. 

Haag incide en que el creciente turismo está haciendo que grandes masas de gente se acerquen a los museos. "Obviamente es mucho más placentero disfrutar del arte sin tanta gente alrededor", afirma y, para evitar las aglomeraciones, propone "ampliar el horario de apertura, proporcionar entradas con horarios, preparar la experiencia de los visitantes por internet y entregar audioguías y folletos". Claro que, como asegura Piotrovsky, cada museo debe estimar el número de espectadores apropiado para sus exposiciones y, en consonancia, "regular la afluencia haciendo uso de colas y de las redes sociales". 

"Es fundamental que el encuentro entre el arte clásico y el contemporáneo pueda añadir significado a las obras de ambas generaciones", Sabine Haag (Kunsthistorisches)

En este sentido, una de las principales labores que ha acometido Schmidt desde su llegada a la Galería Uffizi en 2015 ha sido "mejorar la seguridad, accesibilidad y la experiencia del visitante". Para ello ha dispuesto más bancos en las salas y jardines y ha mejorado la visibilidad de las obras con nuevas instalaciones como los cristales antireflejantes o una instalación eléctrica que permite que se puedan observar las obras con todo lujo de detalles. De modo que, aunque "es emocionante ver que la programación interesa, la realidad es que el museo del siglo XXI contribuye a una discusión cultural más amplia que excede el objetivo de la visita física", asegura el director del Metropolitan de Nueva York. 

La reputación de los mismos es, de hecho, mayor a la de cualquier otra institución. O eso es lo que se puede extraer de algunos estudios realizados recientemente y que Miguel Falomir ha querido destacar. "En los últimos 20 o 30 años se han producido grandes cambios, los museos nunca han sido tan importantes como ahora. Nunca se han abierto tantos ni han tenido tanta proyección mediática o impacto en la economía. Los museos son las nuevas catedrales", concluye Falomir.

@scamarzana