Image: Dominique Gonzalez-Foerster

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Arte

Dominique Gonzalez-Foerster

“En los espacios casi urbanos del MUSAC pueden pasar muchas cosas por la cabeza de la gente”

29 mayo, 2008 02:00

Dominique Gonzalez-Foerster en su obra en Munster. Foto: Roman Mensing / artdoc.de

Conceptos como "situación" y "escenario" son pilares básicos a la hora de entender el trabajo de Dominique Gonzalez-Foerster, artista francesa que inaugura el sábado su individual en el MUSAC y que será la antesala de su inminente desembarco en la Sala de las Turbinas de la Tate Modern londinense. Los suyos son trabajos en los que "estar", lugares para "experimentar".

Dominique Gonzalez-Foerster nació en Estrasburgo en 1965 pero ella, más que francesa, dice que querría ser un cruce entre brasileña y japonesa. Son, está claro, sus "escenarios" favoritos. Viajera incombustible, trabaja sobre el lugar y transforma sutilmente los espacios proponiendo nuevas formas de experiencia. A ésto lo llama ella "tropicalización". Los suyos no son proyectos cerrados. Cada uno de ellos es, en número, tantos como sensaciones suscita en quien los experimenta.

En octubre se desvelará su proyecto en la Sala de las Turbinas de la Tate Modern cuando todavía repica el eco de su intervención en Mönster, un pequeño "museo" en el Promenade de la ciudad alemana en el que vimos versiones a escala de algunas de las piezas que han participado en las sucesivas ediciones del Proyecto de Escultura. El trabajo se llamaba, significativamente, Roman de Mönster (Novela de Mönster). Y es que la literatura es una de las grandes obsesiones de la artista, algo que el visitante de Nocturama, su exposición en el MUSAC, vivirá en primera persona. Su trabajo suscita la experiencia colectiva pero hay también algo de autobiografía, con guiños a un largo e intenso camino recorrido.

-¿Qué veremos en Nocturama?
-No será una muestra retrospectiva. Mi intención no es mirar hacia atrás sin más bien hacia delante y explorar la idea de exposición como medio. Será un paseo por diferentes ambientes, desde la lluviosa Promenade hasta Cinelandia, donde podremos ver algunos de mis filmes, pasando por una biblioteca horizontal y por el Solarium. Allí se puede uno sentar antes de asomarse a un muelle para contemplar Nocturama.

-¿Le ha aportado nuevas perspectivas el espacio del MUSAC?
-Estos del MUSAC son espacios casi urbanos y sus muros están en las antípodas de los del típico white-cube. Este tipo de espacios, tan grandes, me viene muy bien para pensar mi trabajo en términos de exposición pues no sólo es una arquitectura específica con la que dialogar. Aquí la experiencia temporal aflora inmediatamente si tenemos en cuenta que se pueden tardar tres minutos en recorrer una sala. En semejantes espacios pueden pasar muchas cosas por la cabeza del visitante. Pienso, por tanto, que la arquitectura del lugar es, en este caso, esencial.

-Cualquiera que se acerque a su trabajo se topará con el término "tropicalización". ¿Qué quiere decir exactamente?
-Es un proceso abierto que puede tener muchos significados. No debemos entenderlo como algo cerrado sino muy variable. Tenemos la acepción lógica relacionada con la zona del trópico, como sus drásticas variaciones climáticas, su precoz y variada vegetación… pero también hay mucho de color, de materiales y sonidos, algo conectado quizá con lo juvenil, lo orgánico, con lo festivo y lo carnavalesco. Se trata de aportar una experiencia distinta y más intensa a nuestro contexto europeo, más controlado y ordenado.

-¿Tiene que ver con la introducción de la ficción en la realidad?
-No necesariamente. Se trata de explorar nuevas posibilidades. Musil decía que "si hay un sentido de la realidad, también debe haber un sentido de la posibilidad.

Arte y literatura
Gonzalez-Foerster tiene en la literatura otro de sus soportes fundamentales. En el MUSAC veremos una de sus bibliotecas horizontales, como la que montó en la casa de Lorca de Granada. "Los libros y el espacio de los libros siempre han sido mi punto de partida para trabajar. Son mi material, como el ladrillo para el constructor. Leo muchísimo. En casa tengo una alfombra sobre la que ha venido apilando libros durante años. Muevo las pilas, las cambio de lugar, añado nuevas pilas… Creo que buscar libros es también una manera de trabajar. En estas piezas trato de hacer visible ese proceso de trabajo, convertirlo en algo transparente".

En la inauguración estará presente Enrique Vila-Matas, que hará una lectura como ya hiciera el pasado noviembre en Granada con motivo de Everstill/siempretodavía...
-Conocí a Vila-Matas en la Huerta de San Vicente este año pero despues de leerlo tanto ya tenía la sensación de que le conocía. En cuanto lo conocí personalmente quise vincularle de algún modo con esta exposición. El espacio y la arquitectura son esenciales pero también lo es la realidad que rodea a la personas. Nos vimos en París y hablamos de habitaciones atestadas de libros. Volvimos a encontrarnos en Barcelona y seguimos hablando. Me fascina cómo conecta la literatura y las ciudades, las películas y los hoteles, la arquitectura y los libros… Leer a Vila-Matas le lleva a uno a encontrar nuevos libros y nuevos caminos.

Tambien se podrá ver, como avanzaba la artista, un conjunto de sus películas más aplaudidas. En sus trabajos audiovisuales hay tiempos quebrados, elipsis y una intensa relación entre contexto, imagen y receptor. ¿Qué proponen estas películas?
-En León hemos montado un espacio para ver las películas que se llama Cinelandia. Es una referencia al libro de Gómez de la Serna que traza una conexión entre cine y espacio urbano, y también a una estación de metro de Río de Janeiro, en frente del Teatro Municipal, que es una versión, en menor escala, de la ópera parisién de Garnier. En Cinelandia se podrán ver 8 películas que describen diversas situaciones en diferentes lugares del mundo. Todas tienen una relación directa con los diferentes ambientes de la exposición. Cinelandia juega aquí el rol de un archivo móvil, una gran biblioteca visual.

-¿Y el agua? Parece tener un papel importante en su trabajo fílmico. ¿Cuál es su simbología?
-Casi todas las situaciones que registro tienen de algún modo relación con el agua. Ya sea en el mar, en fuentes, en la lluvia, el agua tiene para mí la simbología de los cambios emocionales, el ánimo que varía, que fluye. Tiene mucho que ver con esa búsqueda de un terreno fértil y fresco que hago a través de la "tropicalización" de la que antes hablábamos, algo parecido al "motion is emotion" (el movimiento es emoción) que propugnara Douglas Sirk.

La conciencia del espectáculo
-¿Cuál es su relación con el espectáculo? Es algo que parece tener mala prensa pero usted le saca un buen partido…
-Mi interés por lo espectacular nos retrotrae al siglo XIX, a los panoramas, al primer cine… todas aquellas atracciones en donde se requiere una presencia física, vivir la experiencia.

-En la Sala de las Turbinas las connotaciones de lo espectacular son evidentes. ¿Cómo lo afronta?
-Primero traté de percibirlo como si faltara algo en el espacio de la sala y más tarde comencé a verlo desde el prisma de un turista o de un futurólogo. Es curioso ver cómo la gente trata de imaginarse qué es lo que habrá a continuación. Quizá sea porque, pese a su escala, al entrar en la sala se pueda pensar el espacio como cuando entras en un teatro. Pero también es interesante ver cómo ese espacio tiene ya su pequeña historia: los artistas que la han intervenido han formado ya un interesante palimpsesto.