La historia del Blockbuster de Alaska y la coquilla de Russell Crowe

La historia del Blockbuster de Alaska y la coquilla de Russell Crowe

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La historia del Blockbuster de Alaska y la coquilla de Russell Crowe

John Oliver compra varios objetos de la subasta del divorcio del actor australiano y se los regala a un videoclub de Alaska.

El programa Last Week Tonight de John Oliver en HBO acostumbra a hacer maniobras publicitarias hilarantes, como el día en que compró figuras de cera de varios presidentes de EEUU y rodó el trailer de una película con ellas. O cuando montó su propia iglesia, Nuestra Señora de la Perpetua Exención.

Sin embargo, su última jugada ha sido aún más divertida de lo acostumbrado. Todo comenzó en su último programa, después de hablar de la existencia de algunos Blockbusters gestionados de forma independiente en Alaska, donde la cobertura de Internet es mucho peor y servicios como Netflix o HBO son menos populares.

A continuación, pasó a hablar de la subasta en Sotheby´s por el divorcio de Russell Crowe. Al comentar que algún irresponsable había comprado la coquilla que llevaba el actor australiano en Cinderella Man por 7.000 dólares, Oliver comenzó la historia con malas noticias: “Tengo una mala noticia: no hemos sido nosotros. Salvo que sí, ¡por supuesto que hemos sido nosotros!”.

John Oliver y la coquilla de Russell Crowe

El caso es que Oliver reconoció haber comprado distintos artículos en la subasta, entre ellos la coquilla de piel (“para saber a qué olían las pelotas de Russell Crowe en 2005”) y que el programa se los regalaría todos al dueño del último Blockbuster de Anchorage (Alaska).

“La gente nos ha estado llamando y viniendo. Quieren saber cuándo vendrán estos artículos”, afirmó el director general de videoclub, Kevin Daymude. Anchorage está que arde con el tema. Entre los artículos, una capucha que llevaba Crowe en Robin Hood y un chaleco de Los Miserables.

“No tenía ni idea de que iba a hacerlo”, explicó Daymude a la prensa local, asegurando que estarán “muy honrados de mostrar la colección” y que no tienen ni idea de por qué ha sido su videoclub el elegido, de entre los tres que quedan abiertos en Alaska.

Lo que está claro es que se siente agradecido y cree que va a suponer más negocio para su empresa. “Son recuerdos de películas y todos estamos en el negocio del cine”, señaló al Hollywood Reporter.