Wazypark desarrolló una app para el móvil.

Wazypark desarrolló una app para el móvil. EE

Empresas Wazypark

Wazypark: el convulso final de la startup que asombró con su 'app' para aparcar

Congregó a grandes inversores de internet en España, pero la falta de un modelo de ingresos y el enfrentamiento con varios socios han desembocado en un preconcurso.

Deslumbró a algunos de los más prolíficos inversores de internet. Generó una gran expectación con su aplicación para facilitar el aparcamiento en calles de grandes ciudades. Pero ahora, la ‘startup’ española Wazypark se enfrenta a un convulso final con un preconcurso de acreedores y un enfrentamiento de algunos inversores minoritarios con el fundador y máximo accionista. Son aquellos que entraron en la última ronda de financiación ‘in extremis’ de finales de año y que se plantean denuncias ante los tribunales por no haber contado con toda la información.

En estos dos años y medio de actividad, Wazypark logró atraer a más de 600.000 usuarios registrados -pero sin encontrar un modelo de ingresos recurrentes- y fue ambicionada por una compañía, que valoró poner sobre la mesa más de 10 millones para adquirirla. Conquistó a inversores como Antai (de fundadores de Wallapop), Bonsai Ventures o mentores de la aceleradora de ‘startups’ Seedrocket, junto con tres entidades bancarias. Sin embargo, ni logró cerrar esa venta, ni consiguió crear servicios que generaran esos ingresos.

El arranque

Pero, ¿cuál es el origen? Wazypark arranca en 2014. Carlos Rodríguez Vargas crea junto con varios socios una compañía con la que resolver el problema del aparcamiento en las grandes ciudades. Era el germen de la compañía que aterrizó en 2015 en el Campus de Seedrocket, una de las aceleradoras españolas más destacadas.

Tras ganar la decimotercera edición, la ‘startup’ logró 300.000 euros de muchos de los mentores de la aceleradora. No facturaba ni un euro y su tracción no era muy destacada. Pero creían en su potencial.

En paralelo surgió el primer encontronazo con los inversores. El origen del fundador, que también había creado la compañía Quadram.mob -dedicada a la creación de ‘apps’ móviles y que en aquel 2015 facturaba 750.000 euros-, no convencía a algunos de esos socios. La consecuencia: Rodríguez tuvo que firmar un acuerdo de exclusividad en el que se estipulaban las horas que podía dedicar a su otra 'startup'. “Puede que incluso no dejara de trabajar nunca para ella”, lamenta uno de los inversores, que prefiere mantenerse en el anonimato, algo que niega en rotundo el aludido.

Varias rondas… pero sin modelo de negocio

La compañía mantenía el pie pisado a fondo en el crecimiento de los usuarios. Recibieron una segunda inversión de cerca de medio millón de euros con la que se valoró, según admitió recientemente en una charla el fundador, en 3 millones de euros. Después llegaron los préstamos participativos con Caixa, Bankinter y Sabadell, de 100.000 euros cada uno.

Pese a ello, la compañía cierra el año 2015 sin apenas ingresos (1.700 euros en todo el ejercicio) y unas pérdidas de 125.000 euros. Sigue sin haber un modelo de negocio sólido. Pero aún no habían saltado las alarmas. Comenzaron a probar algunas vías de ingresos de manera infructuosa. La principal: un sistema de puntos con el que premiar a los que liberan una plaza con descuentos y servicios a través de acuerdos con empresas como Iberia o Repsol. En 2016 se trató de vender a los usuarios productos relacionados con el coche: desde seguros hasta complementos. “Hemos abusado un poco de la inteligencia del usuario”, admitía el fundador en aquella charla.

#FirstTuesday| Carlos Rodríguez, founder & CEO en Wazypark

En mayo de 2016 llegó la inyección de Media Digital Ventures, el fondo español especializado en ‘media for equity’ (compran acciones a cambio de publicidad en grandes medios de comunicación). Fueron 400.000 euros, aproximadamente, según los datos aportados por Carlos Rodríguez, para anuncios en televisión.

La venta frustrada a un tercero

En este contexto, llegó el acercamiento a un socio industrial. Tal y como reconocen varios de los socios inversores, se entabló una negociación para la posible venta. El precio -se llegó a hablar de unos 15 millones de euros- y, sobre todo, la forma en la que se llevaron a cabo esas conversaciones acabó, según sus testimonios, frustrando una gran operación.

“Tras varias reuniones de muy alto nivel con el industrial, todo parecía estar bastante encauzado pero de repente se cortó”, apunta Rodríguez, quien admitía que deberían haber sido “menos ambiciosos” en ese precio fijado. “Inicialmente se habló de una cantidad y propusimos una operación con una cantidad algo mayor”, admite.

Finales de 2016, llegan los problemas

El año 2016 avanza y las cosas empiezan a complicarse conforme llega el final de año. El dinero escaseaba y se cerraba la última ronda, que supone la inyección de un último balón de oxígeno de 150.000 euros de dinero en efectivo (más la conversión de los préstamos participativos de los bancos). No fue una operación fácil por muchas razones. Tras el desestimiento de Caixa, llegó el de las otras dos entidades. Finalmente, la ronda fue muy inferior a lo previsto.

En ese contexto es cuando entran José María Torroja (inversor de compañías como Gigas, Ducksboard o Touristeye) y Walter Kobylanski (Gigas). El primero decide entrar con cierta prisa, tal y como él mismo lo reconoce, lo que obliga a dividir en dos tramos la operación para que entre antes de que concluya el ejercicio 2016. “Tenía la necesidad de reinvertir el dinero de otra inversión”, asegura el propio Torroja.

Torroja mantuvo una reunión con el fundador. Y, según su versión, no recibió toda la información. “Si fuera así, no hubiese acometido la inversión”, apunta. Es algo que Rodríguez niega rotundamente: “Él vio un ‘deck’ de inversión con unas estimaciones en un supuesto de ronda de más de 550.000 euros en efectivo y vio como la ronda bajó hasta 150.000 euros y sólo se preocupó de llegar a tiempo con su subvención”.

Dimisión en bloque de los consejeros y amenazas de denuncias

Según precisa Rodríguez, los fondos se recibieron en la segunda semana de diciembre. El 5 de abril, meses después de cerrar esa operación y recibir los fondos, el emprendedor se presenta ante el consejo. La compañía tenía dinero en caja, después del último balón de oxígeno, aunque no abundaba. El emprendedor asegura que los últimos intentos por generar ingresos fueron infructuosos y que se necesitaba más dinero para seguir invirtiendo o que, en caso de que no fuera posible, había que plantearse cerrar de manera ordenada. Ante esta posición, dos de los consejeros dimitieron y él, también consejero, hizo lo propio. Fue el principio del fin.

Algunos de esos inversores lamentan que no se hiciera suficiente para lograr esas vías de ingresos con las que mantenerse a flote. Rodríguez responde que entre la fecha de inversión y principios de abril se hacen dos actualizaciones sobre la aplicación. Una de esas actualizaciones tenía el objetivo de probar la monetización directa. “Fue la última bala”, defiende.

Finalmente, una junta general de accionistas el 21 de abril nombra como administrador único al fundador -él puso la condición de que lo asumía siempre y cuando fuera para cerrar “de manera ordenada” la compañía- y arranca un proceso que se inicia con el despido de los siete empleados con los que contaba y que tiene como objetivo tratar de vender los activos antes de presentar un concurso. Sin éxito. “No ha conseguido ningún comprador”, lamenta Torroja, quien, al igual que otros inversores, reconoce que la base de datos era un activo interesante. En este sentido, denuncia falta de interés por parte del emprendedor.

El fundador se defiende: “He tratado en la medida de lo posible vender la base de datos pero es una base de datos muy minada y quemada, pues hemos mandado publicidad de cualquier tipo a los usuarios para tratar de monetizar”.

Para Torroja, este final significa una “tomadura de pelo”. Y, según asegura, ha aportado documentación a sus abogados para estudiar una posible demanda. Otros inversores han mostrado a este medio, en privado y bajo condición de anonimato, su disconformidad con la forma de actuar de Rodríguez, aunque no se plantean actuar. Otros en cambio, también bajo la misma condición, se muestran más comprensivos. ¿Teme Rodríguez esta demanda? “Me parece ridículo; tenemos las cuentas auditadas; todas y cada una de las juntas de socios y consejos han sido aprobados por unanimidad”.

Un futuro abocado al cierre

El pasado mes de junio, el juez admitió a trámite el preconcurso de acreedores de la compañía solicitado el 2 de junio. Están a la espera de que le asignen administrador concursal. “Queda liquidar la compañía y que el administrador vea qué deuda se tiene con los acreedores y qué dinero hay en caja”, asegura el emprendedor. Él precisa que el capital actual permitirá liquidar el 50% de la deuda. Queda por ver qué se hará para afrontar el resto.

Tras unos meses convulsos, Wazypark afronta su final. Y lo hace con polémica. Queda por ver si se es capaz de cicatrizar la herida.