Francisco González y Carlos Torres Vila, presidente y consejero delegado de BBVA.

Francisco González y Carlos Torres Vila, presidente y consejero delegado de BBVA. EFE

Empresas Compass

BBVA recorta más de un 70% el valor contable de su primera gran ‘startup’ comprada

Pagó 117 millones de dólares por Simple en 2014. Desde esa fecha ha recortado su valor en 89 millones.

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Era enero de 2012. El emprendedor Shamir Karkal esperaba que la de ese día fuera una de tantas presentaciones de su empresa Simple a inversores. Lo había organizado el inversor privado Dave McClure, uno de los grandes nombres del ecosistema. Para su sorpresa, entre su audiencia se encontraba Francisco González, presidente de BBVA, una de las entidades inversoras del fondo de McClure.

En aquel momento, no pensaba que dos años después aquel asistente de excepción iba a ser quien sacara la chequera para hacerse su compañía, desarrolladora de un banco móvil. Tres años después de estar bajo el paraguas del segundo banco español, la ‘startup’ ha perdido más de un 70% de su valor contable inicial tras tres ajustes consecutivos ejecutados en las cuentas de la filial estadounidense de la entidad. “Las valoraciones de las firmas ‘fintech’ tienen una volatilidad natural que puede generar ‘impairment’ (ajustes) que se han de reflejar según las normas contables de Estados Unidos”, justifican fuentes oficiales del banco. Y advierten: “Mantenemos nuestro compromiso con Simple, creemos en la valor de la firma y su equipo gestor”.

Quién es Simple

Era la primera vez que BBVA salía de compras en el ecosistema ‘startup’. A través de su filial estadounidense, Compass, compraba Simple. Fundada en 2009 por Joshua Reich (CEO, Shamir Karkal (responsable financiero) y Alex Payn (responsable de Tecnología y antiguo ingeniero de Twitter) y con actividad desde 2012, la tecnológica desarrollaba un banco móvil que estaba llamado a revolucionar el sector bancario. En febrero de 2014, la entidad española formalizaba su primera gran adquisición. Pagó 117 millones de dólares para hacerse con una empresa que hasta ese momento había recaudado en torno a 17 millones.

¿Cuál era el objetivo al comprarla? “La experiencia de cliente de Simple no tiene parangón en el mundo de la banca digital”. Son las palabras del propio Francisco González tras la operación. Ese era el objetivo: tratar de aprovecharse de esa tecnología. “Simple reforzará nuestra transformación digital global y, al mismo tiempo, BBVA proveerá a Simple de los medios para maximizar su enorme potencial de crecimiento”, completaba el directivo.

Las cifras que había detrás de la compañía eran muy atractivas. En 2013 había logrado ser el intermediario financiero en 6,6 millones de transacciones y había manejado más de 1.700 millones de dólares en esas transacciones. Una de las características estrella de su interfaz era la de ‘objetivos’ (goal, en inglés) que permitían a los clientes poder programar ahorros automáticos.

¿Cómo ha sido el ajuste?

Su adquisición se ejecutó en 2014. Ese mismo ejercicio lo cerró la filial norteamericana con un ajuste contable de 12,5 millones de dólares del valor de este activo. Al año siguiente, el ajuste fue de 15 millones. El último y más reciente, llevado a cabo este año, asciende a 60 millones de dólares, tal y como confirma una portavoz oficial de la entidad financiera. Esta reducción fue adelantada por el medio estadounidense Portland Business Journal.

En total, suman 89 millones de dólares de ajuste contable, sobre el papel. Se trata de un 76% respecto a los 117 millones de dólares en los que valoraron la compañía en la adquisición anunciada en febrero de 2014.

Desde la compañía recuerdan que estos ajustes contables no afectan BBVA, sino sólo a su filial norteamericana. Y afirman que si hoy tuvieran que vender la 'startup' estadounidense "sería por un valor superior al del precio de compra, aunque por supuesto no hay ningún plan ni interés por hacer tal cosa".

¿Por qué el ajuste?

Desde la compañía, fuentes oficiales achacan este ajuste a la “volatilidad” de las valoraciones de las ‘startups'. “Una volatilidad natural que puede generar ‘impairments’ que se han de reflejar según las normas contables en Estados Unidos”, explican. Una portavoz oficial reconoce que la compañía no ha conseguido los objetivos marcados, pero internamente para el banco, sigue siendo muy relevante.

Una de las preguntas que surgen con estos ajustes tiene que ver con la valoración a la que se cerró la transacción hace ahora tres años. ¿Se pagó demasiado por la empresa? En 2014, uno de sus inversores originales Simple, Matt Harris (responsable del fondo Bain Capital Ventures), afirmaba: “Puedo decir que no estoy decepcionado. Cada vez que inviertes a una valoración de siete cifras y vendes a una valoración de nueve cifras sin recaudar mucho capital entre medias es un buen día… La probabilidad de que Simple tenga un impacto global más pronto bajo el paraguas de BBVA es mucho mayor”.

En el momento de la compra, Simple contaba con una base de clientes en Estados Unidos -sólo opera en este país- que superaba la barrera de los 100.000 (cinco veces más que un año antes). Hasta ese momento había recibido casi 16 millones de dólares. La última ronda, de 2,2 millones de dólares, fue en junio de 2013 y su valoración no se dio a conocer.

No hay datos oficiales sobre el negocio de la ‘startup’ en ninguno de los documentos de la SEC de la filial estadounidense. La única referencia que se tiene de su negocio la dio el propio consejero delegado del banco, Carlos Torres, durante la conferencia con analistas en la presentación de los resultados del cuarto trimestre de 2016. “Simple está creciendo muy bien, adquiriendo más de 30.000 clientes al mes con un coste de adquisición bajo y con un NPS [métrica que mide si los clientes recomendarían ese servicio] creciendo”.

“Si bien la rentabilidad es una consideración importante en términos de inversiones en innovación, también estamos interesados en intangibles, como son el conocimiento, el aprendizaje y la cultura que aportan firmas como Simple y que van permeando en el banco”, explican esas fuentes oficiales. La entidad, según aseguran, mantiene “su compromiso con Simple, cree en el valor de la firma y en su equipo gestor, pues sigue creciendo y amplía su número de clientes en EEUU de manera muy significativa”. A ello, unen que está permitiendo “una transferencia de conocimientos realmente valiosa para entender cómo crear una experiencia de usuario diferenciadora”. En este sentido, reconocen que algunas de esas ‘lecciones’ aprendidas se han traducido en nuevos servicios en otros países, como la funcionalidad de ‘Mis metas’ implantada en España, que permite organizar los ahorros para cumplir aspiraciones vitales y que se inspira en el ‘Safe to Spend’ de Simple, que se convirtió en una de sus características más valoradas.

Otras compras e inversiones

La de Simple fue la primera gran adquisición de BBVA. Pero no ha sido la única. Ha habido más. Estas compras representan una de las vías para tratar de avanzar en la digitalización del banco. Justo después de la de la estadounidense llegó la de la española Madiva Soluciones, dedicada a servicios de ‘big data’ (explotación de grandes cantidades de datos). En 2015, la compañía sacó la chequera para hacerse con el estudio de diseño estadounidense Spring Studio (a través de la filia estadounidense), centrada en la experiencia de usuario en la web, y con el 29,5% del banco móvil británico Atom. Las dos últimas operaciones son: la finlandesa Holvi y la mexicana OpenPay. ¿Se mantendrá esta política de compras? "La compra seguirá siendo una opción importante, pero para llegar a firmarla se requieren muchos factores: que encajen con los objetivos personales de los emprendedores, tener un proyecto común con BBVA o que el precio sea razonable", apuntan fuentes oficiales.

La otra vía de inversión del banco es el capital riesgo. Hace casi dos años lanzó un fondo de inversión en 'startups' con sede en Estados Unidos. La dotación: 100 millones de dólares. A estos sumó otros 150 millones de dólares, con posterioridad. Se invierten a través de Propel, el vehículo inversor a través del cual entra en el accionariado de las empresas. Entre las invertidas, todas ellas centradas principalmente en territorio norteamericano, hay algunas dedicadas al bitcoin, a las transacciones digitales o a la gestión de las finanzas personales.

¿Qué espera el banco de todas esas inversiones? Una rentabilidad "que supere al promedio del sector, que es del 20%, ya sea a través de una salida a bolsa o de adquisiciones directas". ¿Por qué todas esas operaciones no se llevan a cabo en compañías españolas? “En España hay poco 'fintech' desarrollado hasta el punto de tener una relación mayor… No hay más misterio”, según resaltaba el director del Centro de Innovación de la entidad, Gustavo Vinacua, durante el Fintech Summit del pasado año 2016.

“Colaboramos, invertimos y  compramos empresas que complementan nuestra estrategia y aceleran nuestra transformación; estas inversiones son relevantes por las oportunidades que nos ofrecen: entradas en nuevos mercados, atraer talento, y desarrollar  nuevos modelos de negocio”, reconocía Francisco González en una entrevista en la web corporativa del grupo. Ahora, cinco años después de asistir a esa reunión para conocer más sobre Simple, el banco que preside ha tenido que revisar a la baja la valoración de su primera gran compra.