En el año 934, las tierras de Soria marcaban la elástica frontera entre los dominios cristianos y Al-Ándalus. Mientras las tropas califales recuperaron la gran fortaleza de Gormaz, Ramiro II de León ordenó refortificar el castillo de Osma, erigido sobre la misma roca en lo alto de un cerro. Allí, su pequeño contingente resistiría las embestidas del poderoso ejército de Abderramán III, primer califa de Córdoba, formado por una temible multitud de arqueros.

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A pesar de la superioridad numérica, los musulmanes se vieron incapaces de sortear las pronunciadas pendientes de 45 grados que rodeaban la pequeña alcazaba y se retiraron derrotados. Lo más curioso de todo es la interpretación que ambos bandos hicieron de la batalla. Según una crónica cristiana, la hueste de Abderramán III demostró una enorme cobardía por no subir las laderas para luchar; sin embargo, desde otro texto andalusí, los cobardes fueron los hombres de Ramiro II por no abandonar la fortaleza y combatir en campo abierto. 

Durante casi un siglo —en 989 el califa Almanzor conquistaría la fortaleza, recuperada nuevamente por los cristiano en 1011—, el castillo de Osma marcaría la principal línea del reino de León en la defensa de la frontera del Duero y sería el epicentro de algunos de los acontecimientos más trascendentales de la llamada Reconquista. Fue un enclave jalón, estratégico, hasta que pierde su importancia en 1104, cuando Alfonso VI conquista Medinaceli y esa barrera ficticia comienza a descender hacia el sur.

Una de las puertas de entrada al castillo de Osma.

Desde ese momento, las fuentes históricas se van olvidando de Osma de forma paulatina: en el siglo XIV, además de actuar como cuartel para las tropas de María de Molina en su lucha por el trono de Castilla contra los infantes de la Cerda, el obispado rellenó parte de la fortaleza con tierra para construir unas dependencias episcopales. Durante la Guerra de Sucesión se sabe que los partidarios de los Borbones barajaron dinamitar el castillo porque se han hallado perforaciones para las minas; y en el siglo XVIII, buena parte de los sillares de origen romano, procedentes del yacimiento cercano de Uxama y que se utilizaron para levantar las torres y la muralla, se sacaron para la construcción de la catedral del Burgo de Osma.

Fue esta una de las fortificaciones cristianas más antiguas e importantes de la Península, ahora estudiada e intervenida gracias un Plan Director impulsado en 2006 y liderado por el arquitecto Fernando Cobos y el arqueólogo Manuel Retuerce. Las últimas excavaciones, finalizadas este año, han arrojado los hallazgos de una necrópolis plenomedieval con unos 25 cuerpos y un acuartelamiento de barracones militares del siglo XIV, aledaños a la muralla sur y donde también han aparecido los vestigios de dos letrinas utilizadas por los soldados.

Restos de los barracones del siglos XIV. Luis Alejandro García

A pesar de ser "un castillo totalmente ignorado", en Osma se han encontrado "elementos extraordinarios", según los expertos. El más llamativo es un tipo de saetera —una ventanilla muy estrecha abierta en la muralla por la que se disparaban flechas— de la época de Ramiro II inédita en el resto de España, que solo aparece en Tierra Santa durante la Primera Cruzada. "Y uno de los primeros constructores de castillos cristianos en Tierra Santa es un soriano hijo de uno de los señores de Osma", cuenta Cobos.

En una de las paredes, asimismo, se han hallado unas marcas de cantería, la firma de los ingenieros de la época, algo muy extraño al tratarse de una construcción tan antigua y que solo encuentra parangón en la Mezquita de Córdoba. "Osma es muy interesante porque no hay castillos tan antiguos y tan completos, tan bien conservados de la Corona de León, con esos elementos tan singulares", señala Manuel Retuerce; y destaca la torre pentagonal de la que apenas sobreviven los cimientos, los sillares romanos o el arco de entrada, cuyas jambas fueran robadas y por eso no se puede determinar si era de herradura (árabe) o de medio punto (cristiano).

La necrópolis

A lo largo de las prospecciones arqueológicas se han ido diferenciando distintas fases constructivas: si bien existen vestigios de la Edad del Bronce, la primera fortificación se realizó por mandato de los condes de León a principios del siglo X. Luego Ramiro II, Almanzor y Fernando I de Castilla en el siglo XI irían blindando el castillo con diferentes elementos y materiales que se aprecian a simple vista. "Toda la construcción interior era de madera porque como no hay ningún suelo horizontal tenía que hacerse con postes para sostener entablados y construir las estancias", explica Retuerce, especialista en fortificaciones medievales.

La parte central del castillo sería cubierta con tierra en el siglo XIV para levantar las dependencias episcopales, quedando también ocultas las peculiares saeteras. Su ocaso se registraría en el siglo XVIII, cuando el grueso de la piedra fue desmantelado para reciclarse en las obras de la catedral. Lo único del recinto que queda por excavar es la zona que se desciende hacia el río, donde se habría asentado la población, pero no hay ninguna intervención proyectada.

Uno de los enterramientos plenomedieval cristianos. Luis Alejandro García

El Plan Director, apoyado por el Ministerio de Cultura, ha servido para consolidar las estructuras del cuerpo y las puertas principales de la fortaleza, así como la habilitación de un recorrido básico entre las estructuras de las distintas épocas, entre otras cosas. En definitiva, para rescatar una joya patrimonial única olvidada y que se encontraba en grave riesgo de pérdida, haciéndola visitable al público, que todavía sigue arrojando hallazgos sorprendentes, como las tumbas con oquedades para fijar los cráneos o las escalonadas que contienen tablas de madera, un ritual funerario hasta ahora solo documentado en la necrópolis cercana de Almazán.

Y los primeros estudios antropológicos de los esqueletos hallados en Osma, datados en torno al siglo XII, ofrecen también resultados curiosos: todas estas personas padecieron sarro desde la infancia y la mayoría trabajó transportando pesados materiales a sus espaldas. Las mujeres, sobre todo, desempeñaron labores que les obligaban a pasar mucho tiempo en cuclillas, aunque se desconoce el qué concretamente. Otro de los misterios sin resolver del castillo de Osma.