Les presento a Karl. Por mucho que les hayan hablado de él, no tiene nada que ver con Marx. Son dos personas que comparten nombre y apellido. Uno nació en el siglo XIX y otro en el siglo XX. El Marx forjado hace un siglo guardaba sólo apariencia aleatoria con el Karl que vivió hace dos. Para tratar de aclarar las diferencias entre personalidad y leyenda, entre realidad y artificio, Gareth Stedman Jones -un catedrático de Historia de las Ideas inglés, en pleno lavado político del filósofo alemán- ha escrito un inmenso volumen titulado Karl Marx. Ilusión y grandeza (Taurus), donde trata de situar al protagonista (de quien el mercado celebra el bicentenario de su nacimiento) de vuelta al siglo XIX, antes de que las elaboraciones póstumas sobre su personalidad y sus logros fueran confeccionadas. Pero, ¿y quién es Karl Marx en el siglo XXI, cuando al capitalismo le interesa más su melena que sus ideas?

“Hay cuestiones del marxismo que deberíamos seguir pensando. Si para Marx el hombre tiene un papel determinante en la naturaleza, el hombre se hace a sí mismo, ejerciendo su propia voluntad. Esto también es la esencia del capitalismo, pero es que el verdadero teórico del capitalismo fue Marx”, explica el autor a este periódico para aclarar que la ideología marxista y el propio Marx son cosas muy distintas. Incluso se plantea si el auténtico Marx, sin la mano incendiaria de Engels, podría haber influido en los pioneros del socialismo.

Un fotograma de la película El joven Karl Marx.

¿Quién era Karl y quién fue Marx?

Quiero cuestionar la noción de que Marx es un icono monumental como Moisés con las tablas de la ley del marxismo. Esta visión arranca con los socialistas alemanes en 1880 y que se expandió a la URSS. Quiero desmontar esto. Por eso hablo de Karl, para diferenciar entre Marx y el marxismo, porque los planteamientos del materialismo dialéctico están más relacionados con la lectura de Engels que con los escritos de Marx. Engels dice que Marx demuestra que el capitalismo, por sus contradicciones internas, acabará derrumbándose solo. Pero es mentira, es un mito. Los socialdemócratas alemanes están ansiosos, quieren saber cuándo se derrumbará el capitalismo y Engels les asegura que en el volumen dos de El Capital está la fórmula. Pero no hay nada. De hecho, se atreve a tachar una palabra de Marx y a cambiarla por otra más contundente, cuando dice que el capitalismo se verá “sacudido”. Engels la altera y pone “derrumbe”.

Hace seis años, el Banco Sparkase lanzó una tarjeta de crédito MasterCard con el rostro del fundador del socialismo, convertido en la legitimidad del capital (financiero). ¿Por qué el capitalismo le ha perdido miedo a Marx? ¿Ha transformado el capitalismo a Marx en un suvenir y merchandising?

Absolutamente, claro. El capitalismo hace un mito de cualquier cosa. Por eso es importante restaurar la imagen original de Karl Marx.

El autor, Gareth Stedman Jones.

¿Si fuera una marca (si es que no lo es), qué propiedades vendería el producto Karl Marx en el mundo del mercado?

El capitalismo lo quiere transformar en una reacción inmadura, que cree que es muy fácil derrumbar lo que hay para construir otra cosa. Puedes ponerle esa etiqueta. En Inglaterra, ahora, Jeremy Corbyn es alguien al que medio millón de personas tienen como un ídolo, pero saben muy poco de historia y de economía pero es su ídolo.

¿Qué ha quedado de Marx en Jeremy Corbyn?

Boh, nada. Si acaso su tozudez, que se niega a cambiar de idea.

¿Necesita el socialismo, con todas las derrotas que acumula en Europa, unas gotas de marxismo para revivir?

El punto de partida no puede ser volver a Marx, pero el socialismo necesita repensar algunas partes de su filosofía como el desempleo tecnológico.

¿Quién le ha hecho más daño a Marx: Stalin, Engels o el capitalismo, que ha llevado su cara a camisetas y llaveros?

El capitalismo, porque no tienes que creer que Marx inspirara a Stalin. Marx intentó tener una teoría del capitalismo, pero hay muchas cosas que no consideró. En ese sentido, Marx es uno de los teóricos del capitalismo como producto histórico y por eso tiene todavía una contribución que hacer. No podemos esperar a un mesías que venga a solucionar los problemas. Desde 1917, incluso antes, durante un tiempo la Unión Soviética parecía un modelo de éxito alternativo al capitalismo, pero las democracias occidentales, tras la II Guerra Mundial, crearon nuevas fórmulas. Las condiciones laborales en aquellos años mejoraron y por eso ahora el capitalismo no tiene rival ni alternativa. Por eso sus peores defectos pueden perpetuarse sin que nadie los cuestione.

¿La recuperación de Marx es una resistencia?

Sí, pero sólo con eso no se llegará lejos. Tiene que haber nuevas ideas que comuniquen a la gente que se pueden hacer cosas mejores, que hay algo mejor.

¿No lo encuentra en ningún partido político?

No.

¿Ni en la nueva izquierda?

No hay nueva izquierda. Quizá en España, sí. Pero en Inglaterra, no. Y no creo que con Corbyn la cosa mejore.

¿Qué podemos aprovechar entonces hoy de Marx? Una recomendación.

Criticar el neoliberalismo y demostrar que la gente tiene el poder con la imaginación, que tiene poder para controlar los instintos del neoliberalismo. Los neoliberales dicen que son naturales e incontrolables. La gente puede cambiar la dirección. El poder de la gente para tomar el control es un pensamiento fundamental de Marx.

En el sur de Europa ya no queda trabajo, ¿ha quedado anticuado el discurso de Marx o es más útil que nunca?

Hemos visto desde el siglo XIX cómo se ha precarizado el trabajo, con las innovaciones tecnológicas. Cuando empecé a investigar, trabajaba sobre las formas laborales del siglo XX en Londres. Y creía que lo habíamos desterrado, pero estamos de vuelta. El origen del socialismo era sustituir una sociedad basada en el Estado (1789) por una sociedad gobernada por los que trabajaban. Pero ahora que cada vez hay menos trabajadores, es un colapso. Hay gente que habla de la renta básica, pero no resuelve el problema de la dignidad del trabajo. ¿Cómo restituyes eso? Ahora la gente respira por tener un trabajo, cualquier tipo de trabajo.

¿Y en Londres? ¿Qué haría hoy Marx allí?

Le resultaría muy familiar la falta de trabajo, el nivel de vida estancado. Aunque apoyaría muchísimo a nuestro alcalde actual, Sadiq Khan (laborista), con una visión muy positiva para crear más puestos de trabajo. Él rechazó regresar a Prusia, porque su mujer quería quedarse en la ciudad.