El máximo responsable de la Real Academia de la Lengua (RAE) mantiene que “el idioma lo crea el propio pueblo que lo habla”. Será verdad entonces que los académicos no beben gin tonic sino yintónic, algo que nos cuesta creer a los que consumimos este mejunje desde tiempos imberbes. También aseguran que no inventan palabras, que no las promocionan, que no piden a los hispanohablantes que las usen. “Lo que hace es recoger las palabras que están realmente en la lengua”, ha dicho Darío Villanueva sobre las funciones del Diccionario. Hasta los hipsters del PP han sido vistos en la cafetería del congreso apuntándose a la moda por el módico precio de dos euros la copa.

¿De verdad yintónic es una de las formas que el diccionario necesita recoger? Ya habían crucificado la elegancia del cóctel al poner de moda su consumo, con el pepino y las uvas asomando por la copa. De la noche a la mañana pasamos de consumir una bebida para viejos a tomar una cóctel para modernos. El Diccionario se ha sumado a la fiebre por el combinado y ahora lo incluye en su última edición: yintónic. Me temo que hará falta tomarse unos cuantos pelotazos antes de torturar el término anglosajón y escribirlo como recomienda la RAE. Busquemos en el CREA (Corpus de referencia del español actual), donde la Academia recaba la "información exhaustiva acerca de una lengua en un momento determinado de su historia", para comprobar la eficacia de las adaptaciones. Veamos si es o no cierto que las adaptaciones están, como insinúa el señor Villanueva, realmente en la lengua.

YINTÓNIC

La RAE lo define como adaptación plena al castellano del inglés "gin tonic". ¿Adaptación plena? ¿Realmente creen los académicos que alguien se atrevería a escribirlo en un papel? Más inadaptado es imposible. Para colmo, si lo tratamos como la palabra compuesta que fue una vez, te encuentras con dos lexemas: "yin" y “tónic”. El primero está registrado en el DRAE como "fuerza pasiva o femenina que, en síntesis con el yang, constituye el principio del orden universal". Ahora habrá que añadir un nuevo significado relacionado con este asunto, supongo. También tendríamos el lexema "tónic". La RAE se escuda en la tilde como símbolo de la adaptación. Ya puestos, podían haber adaptado también el término a las costumbres morfológicas e incluso fonéticas del castellano. Si mi abuelo se entera de que "tics", "clics" y "picnics" son palabras plenamente adaptadas al castellano, le da un patatús aunque sólo sea al intentar pronunciarlas. Evolución, sí. Pero mantengan la esencia. 

Yintónic: 0 apariciones en el CREA.

Gin tonic: 71 apariciones en el CREA.

Veredicto: INADAPTADO.

Una cata de Whisky.

GÜISQUI

Otro clásico de las adaptaciones aberrantes. En este caso, además, el extranjerismo crudo es elegante y sofisticado: "whisky". Muchos abandonaron este maravilloso elixir, símbolo de la cultura celta, sólo por no soportar esa diéresis que corona el término. ¿Cómo le explicaremos a los futuros filólogos que "güisqui" viene del gaélico "uisce beathadh", que significa «agua de vida»? Por favor, hay un salto etimológico que mata el encanto. Recapaciten. Tenemos a Antonio de Nebrija con las manos en alto, así que acepten el uso del término whisky sin más, en cursiva y con toda esa fanfarria. Pero no sigan por este camino. 

Güisqui: 118 apariciones en el CREA. 

Whisky: 1843 apariciones en el CREA. 

Veredicto: INADAPTADO.

Una sobremesa con coñac.

COÑAC

Hay que reconocer que esta adaptación desprende algo de elegancia, señores académicos. Lo cierto es que haber incluido nuestra querida "ñ" en detrimento de la combinación francesa "gn" me parece un movimiento sublime. No obstante, me sigue chirriando ese sonido oclusivo al final de la sílaba. Además, los franceses han conseguido que se prohíba denominar "cognac" a los licores destilados fuera de Francia, como si nuestro brandi de Jerez no estuviera a la altura. Quizás "coñá" hubiera sido una forma redonda de adaptarlo y, a la vez, de vengarse. Así, tan español. Pero, en fin, no nos quejemos y reconozcámosle al César lo que es del César. 

Coñac: 892 apariciones en el CREA. 

Cognac: 146 apariciones en el CREA. 

Veredicto: ADAPTADO.

BRANDI

Se trata de una adaptación de la voz inglesa "brandy", que es por imperativo legal la forma en la que se deben designar los coñacs destilados fuera de Francia. En este caso, con el cambio perdemos empaque pero sigue sin parecerme mal del todo. Nos decantamos por la letra latina en lugar de la griega como único signo adaptativo. En fin, innecesario pero no sangrante. Que, tratándose de la Academia, no es poca cosa. Por cierto, desde aquí aprovecho darle todo mi apoyo a la “i griega”, que desde que la Academia decidió cambiar su nombre por “ye” parece alicaída. 

Brandi: 3 apariciones en el CREA. 

Brandy: 360 apariciones en el CREA. 

Veredicto: INADAPTADO.

Proceso del champán, en el Larousse de 1922.

CHAMPÁN

Me temo que esta es la adaptación perfecta, querida Academia. Para diferenciarnos morfológicamente de la voz francesa "champagne", nos limpiamos la combinación "gn", otra vez, para dar paso a la españolísima "ñ" y, además, para no volvernos locos con la sílaba tónica, mantenemos el sonido agudo del extranjerismo tildando la última "a". Muy bien. Ni manejamos cacofonías ni tenemos que utilizar extraños símbolos ni nos vemos obligados a forzar nuestra capacidad fonética. Que sea el CREA quien dicte sentencia. 

Champán: 850 apariciones en el CREA. 

Champagne: 287 apariciones en el CREA. 

Veredicto: ADAPTADO.

VODCA

Otro acto de vandalismo con el inconfundible sello de la RAE. La incontestable medida que se ha tomado para diferenciarnos del extranjerismo crudo es adaptar el fonema oclusivo /k/ a la grafía que dicta nuestra esencia castellana. Vale, las lenguas eslavas son hueso duro de roer, pues bailan acentos prosódicos, diptongos, íes latinas y griegas... Pero, ¿de verdad era necesario? Eso sí, reconozco que me ha sorprendido el conservadurismo de vuestra adaptación, pues con el historial en la mano me esperaba un "bozca" o similares. Mejor así, tenues, como ausentes. 

Vodca: 0 apariciones en el CREA. 

Vodka: 346 apariciones en el CREA. 

Veredicto: INADAPTADO.

CÓCTEL

Esta forma se me ha atragantado. No comulgo ni con ella ni con su correspondiente forma cruda "cocktail". Además, atendiendo al significado de la RAE ("Bebida compuesta de una mezcla de licores a la que se añaden por lo común otros ingredientes"), creo que carece de la elegancia necesaria. ¿Alguien se imagina en la barra de un bar, a altas horas, pidiendo un cóctel? Por si fuera poco, parece ambiguo (¿Se refiere el señor a un cóctel de frutos secos?) y en América se decantan por la versión aguda (coctel). No, el término no es santo de mi devoción. No obstante, si he de elegir prefiero la adaptación "cóctel", pero con los dedos índices y pulgar sobre la nariz. 

Cóctel: 594 apariciones en el CREA. 

Coctel: 163 apariciones en el CREA. 

Cocktail: 100 apariciones en el CREA. 

Veredicto: ADAPTADO.

Vermú o vermut de grifo. CC

VERMÚ

Otro acierto de la gestión académica. Para designar el "licor compuesto de vino, ajenjo y otras sustancias amargas y tónicas, que se toma como aperitivo", la RAE se ha inclinado por la adaptación "vermú" en lugar del extranjerismo "vermouth". Aunque, el parecer, el CREA no está de acuerdo con este juicio, me gusta la gestión del diptongo, la desaparición de la combinación "th" y el mantenimiento de la sílaba tónica. Todo un éxito. ¿Ven como no es tan difícil? 

Vermú: 33 apariciones en el CREA. 

Vermouth: 42 apariciones en el CREA. 

Veredicto: INADAPTADO.

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