Es el yacimiento romano más importante de Madrid por tamaño y cronología, pero paradójicamente también el más desconocido. Los vestigios de Roma en Carabanchel, un distrito del sur de la capital, se camuflan bajo el suelo del parque Eugenia de Montijo, el recinto de la ermita de Nuestra Señora de la Antigua —la iglesia mudéjar más antigua de la comunidad— y los escombros de la antigua cárcel. Otros, casi a la luz en un gran descampado, los pisan todos los días los vecinos del barrio. En total, el sitio comprende unas 44 hectáreas que nunca han sido excavadas de forma científica ni gozan de protección patrimonial.

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Esa situación es la que pretende revertir el Colegio Profesional de Arqueología de Madrid. El pasado 14 de abril solicitó al Gobierno regional la categoría de Bien Interés Cultural (BIC) para el yacimiento, cuya ocupación abarca desde época carpetana (siglos IV–III a.C.) hasta la actualidad. La propuesta es el resultado de la colaboración de un grupo de trabajo multidisciplinar integrado por arqueólogos, historiadores, arquitectos, medioambientalistas, historiadores del arte o voluntarios de Carabanchel que se creó en octubre de 2019, justo después de que se lograse paralizar una iniciativa municipal de instalar huertos urbanos en la zona.

A pesar del potencial del sitio, las únicas prospecciones efectuadas en las últimas décadas se relacionan con proyectos urbanísticos. "Con el sistema que tenemos en Madrid para el funcionamiento de la arqueología profesional, la inmesa mayoría de las excavaciones va ligada a obras", explica Carlos Caballero, portavoz del Colegio de Arqueólogos. La declaración de BIC implicaría que cualquier edificación que se impulse en la zona estaría acompañada de un seguimiento arqueológico. También se espera que atraiga a investigadores profesionales para que analicen un unicum patrimonial en Madrid capital.

Las primeras noticias que se conocen del yacimiento se remontan a 1819, cuando la Real Academia de la Historia informó del hallazgo de una villa altoimperial y un fabuloso mosaico en la quinta del conde de Miranda del Castañar —Carabanchel era entonces un conjunto de fincas nobiliarias y casas de veraneo—. Las teselas, que en la actualidad se exponen en el Museo de San Isidro, representan una imagen de las cuatro estaciones y han sido fechadas entre los siglos I-II d.C. A principios del siglo XX salieron a la luz más restos, pero el sitio aguarda desde entonces un estudio sistemático.

La arqueóloga Laura Fernández, que está realizando una tesis doctoral sobre el yacimiento, destaca que la extensión sugiere que podría tratarse de una ciudad. "Hemos ido sacando la información a cuentagotas. La cronología no está clara del todo porque solo se han hecho sondeos en sitios concretos, pero la ocupación parece prácticamente ininterrumpida desde época prerromana. Tener algo así en Madrid es increíble", valora.

Hallazgos continuos

Carlos Caballero apunta que ha habido intervenciones en tres sitios: en el recinto de la ermita y su cementerio como parte de unos trabajos de rehabilitación, donde se han documentado restos de estructuras romanas y un horno de producción cerámica; en la conjunción entre la Vía Carpetana y la calle del Pingüino, zona en la que han salido a la luz varias construcciones romanas y los vestigios de época carpetana; y en las inmediaciones de la estación de metro de Eugenia Montijo. Ahí los arqueólogos se volvieron a encontrar con la presencia de la Antigua Roma.

Cada prospección se ha saldado con algún tipo de descubrimiento. Laura Fernández destaca los de una escultura en bronce muy pequeña de una Minerva, tambores de columnas mencionados por los vecinos, monedas, numerosas tejas o piezas de cerámica. La arqueóloga apuesta por musealizar los restos para aumentar el valor del barrio. "También me encantaría que se hiciesen actividades en el yacimiento con estudiantes. No es incompatible construir edificios con conservar el patrimonio", zanja.

De la vasta extensión que comprende el yacimiento solo hay dos zonas inventariadas en el catálogo arqueológico de la Comunidad de Madrid y cuentan, por lo tanto, con el nivel mínimo de protección patrimonial. Una de ellas es donde se descubrió el mosaico. Desde el Colegio de Arqueología se advierte también del riesgo de expolio en las zonas más expuestas, donde cualquiera puede acometer una remoción de tierra sin ningún tipo de control. En 2005, después de que la presión vecinal detuviese la construcción de una calle junto al cementerio de Santa María la Antigua, ya pidieron la declaración como BIC. La lucha se ha reavivado en los últimos meses ante el deterioro de la zona y un nuevo proyecto urbanístico. Carabanchel clama para convertirse en un nuevo Complutum.