En 1922, el explorador británico Howard Carter encontró el que por hoy es el mayor descubrimiento de la historia del Antiguo Egipto. Era el sarcófago de Tutankamón, el faraón niño, quien había sido enterrado en el Valle de los Reyes en 1323 a.C. cuando apenas tenía 19 años. Su tumba fue profanada poco tiempo después, por lo que el complejo funerario fue entonces tapiado concienzudamente para evitar nuevos saqueos y quedó oculto bajo tierra durante más de 3.000 años. Casi un siglo más tarde del hito de Carter, el célebre egiptólogo Zahi Hawass acaba de encontrar en Luxor una antigua ciudad que iguala su hazaña.

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Bajo las arenas de Luxor se escondía El Ascenso de Atón, una ciudad perdida durante tres milenios que ha emergido gracias al equipo de arqueólogos que comenzó a excavar en la zona en septiembre del 2020. En el pasado, muchas misiones fallaron en su intento por encontrar esta histórica urbe también conocida como la Ciudad Dorada Perdida

Fundada por el faraón Amenhotep III, noveno rey de la dinastía XVIII, gobernó Egipto desde el 1391 hasta el 1353 antes de Cristo. Bajo su control, la prosperidad egipcia alcanzó su apogeo. En lugar de extender sus fronteras, prefirió enriquecer las tierras sobre las cuales ya reinaba. Durante las tres décadas que fue faraón, la recién descubierta ciudad debió ser el mayor asentamiento administrativo e industrial de la época en la zona. El egiptólogo Carlos Blanco, quien confiesa a este periódico que aún necesita "asimilar" la noticia, asegura que "Egipto brilló como en ningún otro tiempo" a lo largo de esta dinastía del Imperio Nuevo.

Restos de la ciudad perdida de 'El Ascenso de Atón'.

El Ascenso de Atón siguió activo bajo el mandato del sucesor de su fundador, Akenatón, y perduró al menos hasta los tiempos de Tutankamón y Ay. De hecho, el proyecto arqueológico tenía como misión principal dar con el templo mortuorio de Tutankamón. Pero a las dos semanas de empezar, la misión arqueológica se llevó una gran sorpresa cuando empezaron a aparecer ladrillos de adobe por todas partes. Poco a poco, los arqueólogos comenzaron a desenterrar la gran ciudad.

La Pompeya egipcia

EL ESPAÑOL se ha puesto en contacto con Francisco Martín Valentín, doctor en Ciencias de la Religiones y experto en Amenhotep III, quien se encuentra actualmente en Luxor por invitación de Hawass. "Al parecer se trata de un barrio con construcciones cuyas puertas se sellaron cuando fue abandonado por algún acontecimiento importante, quizás la muerte de Amenhotep III", comenta el egiptólogo. En este sentido, este núcleo de población se mantuvo hermético y sin alteraciones, con el paso del tiempo como único agresor: "El descubrimiento nos permitirá investigar sobre una ciudad que quedó paralizada y suspendida en el tiempo, prácticamente intacta, en un momento determinado hace 3.500 años (algo así como Pompeya y Herculano)".

Hasta ahora han logrado desenterrar varias áreas de la ciudad, donde se han encontrado una panadería, una gran cocina con hornos y piezas de cerámica para el almacenamiento de alimentos en la que debió trabajar un gran número de personas, así como un barrio administrativo y residencial. También han localizado un área de trabajo con moldes para la producción de amuletos y demás objetos decorativos y una zona para la fabricación de ladrillos empleados en la construcción de templos y que llevan el sello con el nombre el faraón Amenhotep III."Desde luego, sabemos que, desde el punto de vista urbanístico, se trataría de la mayor ciudad intacta del Egipto faraónico", informa el experto español.

Proyecto de excavación del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto en la tumba de Amenhotep Huy. TBEDMAN©IEAE

La ciudad se encuentra en buenas condiciones de preservación, con unos muros casi completos y con estancias llenas de objetos de la vida cotidiana. El propio Zahi Hawass ha señalado que los resultados de la excavación del enclave suponen "el mejor de los descubrimientos" de la historia del país, y que "hará regresar al turismo".

Revisar el pasado

El complejo ha revelado nuevos datos que podrían cambiar el curso de la historia. Francisco Martín Valentín, junto con la licenciada en Historia Antigua y egiptóloga Teresa Bedman, dirige el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, que ya en la década anterior encontró cerca del área de El Ascenso de Atón, en la tumba de Amenhotep Huy, un visir de Amenhotep III, unos documentos que probaban que Amenhotep III y su sucesor Akenatón gobernaron conjuntamente durante un tiempo —probablemente en el año 37 de reinado del primero—, hecho que no se contemplaba previamente.

"Hoy podemos decir que nuestros trabajos han dado su fruto: el establecimiento seguro y definitivo de la trama cronológica de este trascendente momento histórico", apunta Martín Valentín. "A partir de ambos descubrimientos, el nuestro, y el del Dr. Zahi Hawass, la cronología del final de la dinastía XVIII, debe ser, revisada y recortada, para plantear una nueva visión de los personajes que fueron sus protagonistas", agrega.

Asimismo, se espera que el descubrimiento arroje luz sobre una de las incógnitas que siempre han querido descifrar los estudiosos de esta antigua civilización: ¿Por qué Akenatón y Nefertiti decidieron trasladarse a Amarna?

Amarna es la región en la que el faraón Akenatón erigió su nueva capital en el quinto año de su reinado. Este joven faraón, sucesor de Amenhotep III, era conocido como Amenhotep IV hasta que abandonó su propio nombre. A partir de que se nombrara Akenatón optó por despreciar al dios Amón para rendir culto al Sol. No lo hacía como los demás egipcios, en su representación como humano o animal, sino que veneraba el mismo disco del sol.

Akenatón y Nefertiti junto con sus tres hijos. Arriba, Atón.

El renovado faraón llamó Atón a este disco solar y trató de imponer a la población egipcia su particular creencia. El científico Isaac Asimov recoge en su obra Los egipcios (Alianza), que Akenatón fue el "primer fanático religioso conocido de la Historia, a menos que contemos a Abraham, el cual, según la leyenda judía, destrozó los ídolos de su ciudad natal de Ur por convicciones religiosas".

Construyó templos y preparó todo un ritual para este único dios. Sin embargo, la incapacidad de inculcar la nueva fe más allá de a sus cortesanos y familiares, le llevó a trasladarse a una nueva ciudad que tendría el nombre de Aketatón, su nueva capital ubicada en Amarna. Sus restos se encontrarían en el siglo XVIII y ahora, gracias al hallazgo de la Ciudad Dorada Perdida, se amplía el marco académico. "Se abre, sin duda, una nueva época en la investigación del momento que vio la primera revolución política y religiosa que conocemos en la historia de la humanidad, con la posibilidad de investigar muchísimos materiales prácticamente intactos e inéditos".

El Ascenso de Atón representa una vela más en un candelabro que intenta alumbrar un pasado confuso, a veces inalcanzable por la oscuridad que lo rodea. Al igual que la tumba de Tutankamón marcó un hito en la historia de la egiptología, Zahi Hawass puede hacer lo propio con esta última excavación. Al fin y al cabo hay mucho por conocer todavía. Tal y como relata Francisco Martín Valentín, "este periodo de la historia de Egipto fue el antecedente de las grandes religiones monoteístas de la historia; el judaísmo, el cristianismo y el islam que todavía hoy configuran el pensamiento y las creencias de miles de millones de seres humanos en el mundo".