A diferencia de lo que se suele creer, muy pocos pensaban que con el año 1000 d.C. se terminaría el mundo. Este mito generalizado en la sociedad carece de fundamento sólido, puesto que el sistema de datación que contaba los años desde el nacimiento de Jesucristo no fue aceptado por la Iglesia católica hasta el 1500 —aunque dichos calendarios existían desde el siglo VI—.

Noticias relacionadas

El inicio del siglo XI destacó por otros motivos que la historiadora Valerie Hansen desgrana en su reciente libro publicado en español por Paidós, El año 1000. En él, la profesora de la Universidad de Yale trata de terminar con las especulaciones sobre unos siglos desconocidos para una gran mayoría que defienden la carencia de desarrollos culturales importantes y encuentros geopolíticos entre pueblos.

Mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón a América y antes de la gesta de Andrés de Urdaneta, que logró documentar una ruta a través del océano Pacífico desde Filipinas hasta Acapulco, el mundo comenzaba a modernizarse bajo unas rutas que conectaron a las grandes civilizaciones que poblaban la tierra.

Gran ciudad china alrededor del siglo XII. Museo Guimet

"El año 1000 constituye el comienzo de la globalización. Es entonces cuando las rutas comerciales que se crean en todo el mundo permiten que los bienes, las tecnologías, las religiones y las personas abandonen sus lugares de origen y se trasladen a nuevos destinos", inicia Valerie Hansen en su obra. La escritora recalca que actualmente vivimos en un mundo determinado por las interacciones que surgieron en aquel lejano siglo.

Los protagonistas de esta historia son los vikingos, los habitantes de América, África, China y Oriente Medio. "Intercambiando mercancías por productos que no habían visto antes, estos exploradores abrieron rutas terrestres y marítimas que constituyeron el verdadero comienzo de la globalización", insiste Hansen.

Vikingos

A lo largo de tres siglos, desde aproximadamente 750 a 1050, los pueblos de Escandinavia encadenaron numerosas incursiones y saquearon numerosos enclaves de Europa a bordo de sus drákares. Leif Erikson, quien llegó hasta las costas canadienses y es considerado el verdadero descubridor de América.

Fue allí donde por primera vez interactuaron europeos y americanos —y la primera vez en la que lucharon entre ellos—. En este sentido, el intercambio entre ambos pueblos, de una u otra forma, tuvo que darse. En Groenlandia se han llegado a encontrar dos puntas de flecha que procedían de América, mientras que en Goddard Site (Maine), se halló un penique nórdico de plata acuñado entre los años 1065 y 1080.

La embarcación más lujosa hallada en una tumba es la de la reina Oseberg. WikiCommons

Aunque las expediciones nórdicas no fueran puramente comerciales, tal y como señala la autora, "conectaron redes comerciales ya existentes a ambos lados del Atlántico, iniciando así el proceso de la globalización". Asimismo, los vikingos también llegaron hasta el Mediterráneo y el este de Europa, conformándose como puente y testigo de las rutas orientales y las rutas panamericanas.

Asia, África y Europa

En este primer episodio comercial entre civilizaciones, Europa quedaría en un segundo plano a diferencia del desarrollo económico del siglo XVI. "Los viajeros que se encontraban en el camino en el año 1000 estaban mucho más próximos entre sí desde el punto de vista tecnológico, a diferencia de lo que ocurrió en 1492, cuando las armas de fuego permitieron a los europeos derrotar a todo el que se interponía en su camino", apunta Hansen.

La artesanía tradicional desapareció y el mundo se convirtió en un terreno donde lo que sucedía en un lugar afectaba en gran medida a los habitantes de otras tierras: "Nuevos itinerarios unían diferentes partes del mundo, y las mercancías, las personas y las religiones se desplazaban por esas rutas. La continua demanda de esclavos en Constantinopla, Bagdad, El Cairo y otras ciudades provocó el desplazamiento forzoso de millones de personas de África, el este de Europa y Asia central, siglos antes de que comenzara el comercio trasatlántico de esclavos".

De hecho, hubo un tiempo en el que "esclavo" y "eslavo" no solo eran palabras casi idénticas, también eran sinónimos. No solo se comerciaba con esclavos. En el Índico, lejos del núcleo asiático y musulmán, el comercio de maderas, plantas y productos aromáticos también era considerable.

De esta manera, ya en el siglo X y XI se hicieron grandes viajes casi de la misma longitud de la odisea de Colón hacia América. Estos trayectos se realizaban entre la península de Malaca y Madagascar, separados por 6.500 kilómetros de mar.

El mundo actual

El año 1000 d.C. se conformó como un punto de inflexión para la historia. Eran los chinos quienes, a fuerza de sus exportaciones, tenían más relaciones comerciales con naciones extranjeras que ningún otro pueblo.

Tal y como señala la autora, no es que los chinos estuvieran preparados para la globalización, sino que vivían ya en un mundo globalizado. Enviaban sus preciadas cerámicas al y artículos manufacturados a sus clientes en Oriente Medio, África, la India y el sureste asiático, mientras que estos suministraban productos a los consumidores de China.

Valerie Hansen considera que no todo el mundo se benefició de esta nueva era. Muchos pueblos se quedaron por el camino y creencias minoritarias quedaron en el olvido. "A quienes se abrieron a lo desconocido les fue mucho mejor que a los que rechazaron toda novedad", comenta la escritora. "El mundo del año 1000 se parece mucho más al de hoy en día en el que chinos, árabes y estadounidenses son auténticos rivales de los europeos", agrega.