El 30 de abril de 1945 Adolf Hitler decidió poner fin a su vida. Poco después de las dos de la mañana, el führer se despidió de los guardias, sirvientes y personal médico que aún se encontraban en el búnker. Los días previos se habían desarrollado en episodios coléricos que venían acompañados de silencios eternos. Afuera, el ruido de las balas alemanas y soviéticas. El líder nacionalsocialista repasaba cada decisión llevada a cabo durante la guerra, y entre todos los temas pendientes, se arrepintió de que los esfuerzos del Reich para movilizar al mundo musulmán no hubieran sido lo suficientemente efectivos.

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El sentido común no haría mal en sospechar que un régimen xenófobo que jerarquizó las razas en función de su pureza se aliara con una civilización oriental de tez mayoritariamente oscura carecería de sentido. No obstante, la complejidad de la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de aumentar la cantidad de combatientes llevaron a la Alemania nazi a tratar de seducir a una religión de cientos de millones de fieles.

"Fue entre 1941 y 1942 cuando Berlín comenzó a promover una alianza con el mundo musulmán contra supuestos enemigos comunes, en particular contra el Imperio británico, la Unión Soviética y los judíos", apunta David Motadel, historiador de la London School of Economics. El autor ha publicado recientemente de la mano de Alianza Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi, donde analiza profundamente los detalles sobre los musulmanes que empuñaron un arma por el Tercer Reich.

Bosnios musulmanes en la Wehrmacht.

"Los alemanes se presentaron como amigos de los musulmanes y defensores de su fe. Al mismo tiempo, empezaron a reclutar a decenas de miles de musulmanes para la Wehrmacht y las SS", señala Motadel en su libro. Para ello, el régimen nazi empleó grandes cantidades de dinero en un sistema propagandístico que reclutara al mundo islámico. Pretendían que hicieran la guerra santa a los Aliados.

Islam y nazismo

El islam no solo era un grupo religioso cuyos seguidores podían ser explotados en el campo de batalla, también en el ámbito de la geopolítica. El Imperio británico contenía bajo sus vastas tierras millones de habitantes musulmanes y que se levantaran frente a la autoridad inglesa en plena guerra suponía un gran peligro. Winston Churchill, concretamente, se tomaba "el antiimperialismo islámico muy en serio". 

Por su parte, los alemanes comenzaron a contactar a líderes religiosos que expandieran las palabras de unión entre Hitler y Alá. El dignatario islámico bosnio Muhamed Pandža o el legendario muftí de Jerusalén, Amin al-Husayni, defendieron los intereses alemanes y alentaron a sus seguidores a la yihad contra los británicos, franceses y estadounidenses.

A medida que pasaba el tiempo, Alemania dejó a un lado ciertos puntos claves de su ideología para tratar de ganar la guerra. "Las directrices raciales se relajaron súbitamente", considera Motadel. En este sentido, el führer comenzó a ser considerado entre círculos islámicos como un héroe que había luchado contra el judaísmo.

Dios -«vosotros decís Alá, que es lo mismo»- había enviado al führer, que primero libraría a Europa y después a todo el mundo de los judíos

"¿Hay algo que separe a los musulmanes de Europa y de todo el mundo de nosotros, los alemanes? Tenemos objetivos comunes. No hay base más sólida para la cooperación que tener objetivos e ideales comunes. En los últimos doscientos años Alemania no ha tenido el menor conflicto con el islam", expresó Heinrich Himmler a un grupo de comandantes musulmanes de Bosnia. "Dios -«vosotros decís Alá, que es lo mismo»- había enviado al führer, que primero libraría a Europa y después a todo el mundo de los judíos", agrega el autor.

Musulmanes por Hitler

Corría el año 1941 cuando la Wehrmacht empezó a reclutar hombres en sus tierras ocupadas. Un año después, la mayoría de los integrantes de las llamadas Legiones Orientales eran musulmanes. Si Hitler era escéptico acerca del reclutamiento de hombres que no fueran alemanes -ucranianos, bielorrusos, eslavos...-, los musulmanes eran "los únicos soldados en los que de verdad se podía confiar y apoyaba su reclutamiento incondicionalmente".

Estos musulmanes procedían de distintos países europeos, de los Balcanes principalmente, y se calcula que lucharon en las filas de la Wehrmacht alemana alrededor de 300.000 seguidores de Alá. Estuvieron presentes en Stalingrado, en Yugoslavia, Francia o Italia. Incluso seis batallones tomaron parte en la defensa de Berlín en 1945.

A diferencia de los musulmanes europeos, los árabes no tuvieron tanta presencia en las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi. "A finales de mayo de 1942 solo habían reclutado a 130, y había otros 50 a punto de alistarse", matiza el escritor. Aunque la cifra ascendió los meses siguientes, la Legión Árabe fue todo un fiasco. "Tras varios intentos decepcionantes de usarlos en el frente, a lo que hay que añadir que cada vez había más deserciones, el Alto Mando del Ejército decidió transformar las formaciones árabes en unidades de trabajo. En comparación con otras formaciones musulmanas, las unidades de voluntarios árabes resultaron ser muy desleales y un completo fracaso", agrega Motadel.

Asimismo, las Waffen-SS, lideradas por Himmler, también tuvo en sus filas a musulmanes de los Balcanes. "Mientras que la Wehrmacht fue la primera en empezar a reclutar musulmanes y movilizó a muchos más que Himmler, las SS se convirtieron en la fuerza principal en la movilización militar de musulmanes hacia el final de la guerra", concreta el escritor.

Al igual que los alemanes, su destino fue fatal. Poco a poco, los Aliados invadían cada kilómetro de suelo europeo y los musulmanes empezaron a abandonar una lucha que no era la suya. Muchos desertaron, otros acabaron siendo prisioneros y algunos fueron ejecutados por partisanos de Tito o comunistas del Ejército Rojo. El reciente libro de David Motadel recupera este desconocido suceso que sin duda influye en el análisis y la comprensión de lo que significó la Segunda Guerra Mundial.

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