En la Edad Media, una violación también podía convertirse en un juicio mediático. Pero en vez de resolverse en los tribunales, el caso se dilucidaba con sangre de por medio, con el rey como testigo y con Dios decantando la balanza desde allí arriba. Dos hombres, dos campeones —el agresor y el esposo de la víctima—, enfundados en unas armaduras inamovibles, de veintisiete kilos, además de la lanza, las dos espadas, el hacha y la daga que se les permitía, se jugaban la vida —y el honor, principalmente esto— en una lucha a muerte. Era un sucedáneo de justicia que podía aglutinar a una multitud de varios miles de personas, que debía contemplar la lid en un sobrecogedor silencio.

Noticias relacionadas

Uno de estos juicios por combate más famosos ocurrió en la Francia de finales del siglo XIV, en el contexto de la Guerra de los Cien Años. El 29 de diciembre de 1386, en el monasterio parisino de Saint-Martin-des-Champs, casi dos kilómetros al norte de Notre-Dame, el caballero normando Jean de Carrouges y el escudero Jacques Le Gris, antiguos amigos —el segundo era el padrino del hijo del primero— fueron citados en el campo de combate sabiendo que solo uno de ellos podría quedar en pie. Fue un caso que suscitó tanto interés, que ni el fallecimiento el día anterior del heredero al trono de Carlos VI canceló el duelo. 

El pleito giraba en torno a la veracidad de la salvaje violación que había sufrido Marguerite de Carrouges, la mujer de Jean, cuando se alojaba en el castillo de Campomesnil, en la actualidad una aldea tranquila del campo normando. Según el relato de la dama, Le Gris había montado una artimaña para dejar sin defensa la hacienda y poder saciar su apetito sexual con la bella esposa del hombre que se había tornado en su más férreo enemigo tras la disputa por unas tierras. Maniatada y amordazada, el escudero abusó de ella con la ayuda de un cómplice, que terminó con una amenaza: "Señora, si le decís a alguna persona lo que ha sucedido aquí, quedaréis deshonrada. Si vuestro marido se entera de ello, puede incluso que os mate".

Combate a pie con espada. Ático de los Libros

Pero Marguerite le contó a su esposo, que hacía poco que acaba de regresar de una nefasta campaña bélica en Inglaterra, lo que había sucedido. Jean de Carrouges lo denunció ante el rey y el Parlamento de París, institución que estimó que el litigio solo se podía resolver con un juicio por combate entre las dos partes —un atajo que había negado sistemáticamente desde hacía medio siglo y que nunca más volvería a decretar—. La fascinante historia de este episodio caballeresco con tintes de ficción policiaca lo reconstruye con gran interés y de forma muy entretenida Eric Jager, especialista en literatura medieval, en El último duelo (Ático de los Libros).

El libro es una crónica milimétrica de los hechos construida como un gran reportaje, muy ricamente contextualizada —desde la eterna guerra entre Francia e Inglaterra en aquella época hasta el mecanismo de los procedimientos judiciales por combate, que contaban con un ritual de preparación exagerado con la presentación de los contendientes, la afirmación de sus cargos, el examen de las armas o tres grandes juramentos, uno de ellos agarrados de las manos— y con altas dosis de suspense que empujan al lector a buscar en Google quién fue el vencedor del combate, un resultado que no desvelaremos en esta reseña.

Marguerite se despide de Jean antes del duelo, según una ilustración de Jean de Wavrin. Ático de los Libros

También contribuye a explicar esa seducción por el acontecimiento el componente morboso: un suceso macabro y sexual que se resuelve con violencia, de una forma que hoy se considera todavía más salvaje. No obstante, ya entonces había algunas voces contemporáneas que tildaron a los juicios por combate "una de las prácticas judiciales más bárbaras de la Edad Media". En Inglaterra, por ejemplo, no serían declarados ilegales hasta 1819.

Es, lo que se suele decir en estos casos tirando de tópicos, una historia de película, y tanto que Ridley Scott ya prepara para finales de este 2021 la adaptación cinematográfica del libro de Eric Jager, que cuenta con un elenco de grandes nombres confirmados: Matt Damon (Jean de Carrouges), Adam Driver (Jacques Le Gris), Ben Affleck (Carlos VI) y Jodie Comer (Marguerite de Carrouges).

La obra del crítico literario estadounidense también propone una reflexión sobre la (in)moralidad del ser humano respecto al sufrimiento de su vecino y su irracionalidad, ejemplificado en este caso en la figura de la mujer violada. Marguerite no solo puede perder para siempre a su marido en la justa mortal: si su esposo cae, la razón, por obra divina porque así se habrá decidido religiosamente, la tendrá el otro caballero; y en ese caso ella habrá cometido perjurio y mentido sobre un crimen tan grave como un abuso sexual. Su destino será entonces morir en la hoguera.