Hace unos 2.500 años, un edificio monumental de época tartésica ubicado en el actual municipio de Guareña, Badajoz, fue escenario de un lujoso banquete ritual y un enorme sacrificio de al menos sesenta animales. Al término de la ceremonia, la construcción fue destruida y quedó sellada con sus escombros y otros materiales, transformándose en un gran túmulo de tierra que sobreviviría hasta la actualidad. Ahora, las investigaciones arqueológicas han convertido al yacimiento de Casas del Turuñuelo en uno de los descubrimientos más significativos de los últimos años perteneciente a la protohistoria peninsular.

Noticias relacionadas

El sitio constituye un ejemplo único para estudiar los últimos momentos de la cultura tartésica a finales del siglo V a.C. y ha arrojado una serie de hallazgos espectaculares tanto a nivel arquitectónico como material. El proyecto Construyendo Tarteso, dirigido por los investigadores del Instituto de Arqueología del CSIC y sobre el que recientemente se ha estrenado el documental La habitación de los dioses, ha sacado a la luz desde 2014 parte del majestuoso complejo y de la historia que allí tuvo lugar.

"Hasta la fecha nunca se había documentado en el Mediterráneo Occidental un edificio construido en tierra, fechado en el siglo V a.C., que conserve en pie sus dos plantas constructivas. Este hallazgo nos está permitiendo documentar técnicas constructivas inéditas hasta el momento para la cultura tartésica, hasta el punto de que la invención de muchas de ellas o su introducción en la Península Ibérica se atribuía al mundo romano", explica a este periódico Esther Rodríguez González, codirectora de las investigaciones junto a Sebastián Celestino Pérez.

Excavaciones de los caballos hallados en el patio de Casas del Turuñuelo. Construyendo Tarteso

Por ejemplo, una de esas sorpresas es la presencia de una bóveda de ladrillo en la estancia principal, donde también se ha documentado un altar en forma de piel de toro, más de un centenar de platos y cuencos y una bañera o sarcófago esculpido sobre un bloque de mortero de cal. En la llamada "habitación del banquete", donde se prepararon los alimentos consumidos durante el ritual, se han recuperado cerámicas de lujo y utensilios de cocina, como un caldero de bronce, una parrilla o unos cuchillos de hierro.

No obstante, uno de los elementos más significativos del yacimiento es la magnífica escalera que conecta el vestíbulo con un patio de 125 metros cuadrados de superficie, la zona excavada de mayores dimensiones y que también ha arrojado impresionantes descubrimientos. Lo llamativo de la escalinata son sus seis primeros peldaños, levantados con bloques de mortero de cal, un elemento constructivo del que no se tenía registro hasta la conquista romana y que demuestra la pericia de los constructores del edificio de Casas del Turuñuelo.

Los pies correspondientes a una escultura de origen griego, la primera documentada en la Península Ibérica. Construyendo Tarteso

Las últimas campañas de excavaciones —desde 2018 están paralizadas por las negociaciones de la Junta de Extremadura con los propietarios de la finca para su compra— se han centrado en ese patio, donde se ha identificado una hecatombe de animales. Los arqueólogos han hallado los restos de 52 caballos, cuatro vacas, cuatro cerdos y un perro, algunos de ellos desmembrados y que pudieron ser consumidos durante el banquete ritual. El análisis de los huesos, que ayudará a resolver este interrogante, se publicará próximamente. "Sin duda, será una obra de referencia, pues hasta la fecha es el sacrificio de animales más grande documentado en el Mediterráneo y el primer estudio que aborda el conocimiento de una cabaña ganadera completa", destaca Esther Rodríguez, investigadora del CSIC.

La destrucción

El sellado de un edificio tartésico como el de Casas del Turuñuelo a través de un ritual fue un fenómeno habitual a finales del siglo V a.C. y principios del IV a.C. en el valle medio del Guadiana. No se ha podido confirmar todavía si se trata de un palacio o un santuario en el que se desarrollaron, además de actividades religiosas, funciones políticas y transacciones comerciales. Tampoco el motivo por el cual los miembros de esta sociedad prerromana destruían sus monumentales construcciones.

"Siempre se ha aludido a la llegada de los pueblos del norte, lo que presionó a las poblaciones del Guadiana a ocultar sus construcciones y marcharse", explica la codirectora de Construyendo Tarteso, un proyecto reconocido en 2018 con el Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq. "Esta teoría está perdiendo cada vez más peso dado que la ocultación de un edificio de estas características supone muchos días de trabajo y mucha mano de obra. Frente a ello, hemos abierto una nueva vía de análisis que explora la posible existencia de un cambio climático, amplios períodos de sequía o de lluvias, que obligasen a la población a desplazarse y buscar un mejor espacio para el desarrollo de la vida".

Los hallazgos en el patio, que presenta dos tipos de pavimento —uno de arcilla apisonada y un pasillo de grandes lajas de pizarra—, no se circunscriben exclusivamente a los restos animales y evidencian las relaciones comerciales de la cultura tartésica con otras civilizaciones. Destacan tres ungüentarios de pasta vítrea policromada típicos del mundo púnico, un sistema ponderal inusual de siete pesas de bronce, el primer vestigio de lana documentado en la Península Ibérica, cuatro cuencos de vidrio procedentes del norte de Grecia y los pies de una escultura de mármol extraído de las canteras del monte Pentélico, junto a Atenas, también la más antigua documentada en suelo peninsular.

"La presencia de los materiales de importación nos indica la existencia de un comercio mediterráneo en el que están participando los asentamientos del interior peninsular, alertándonos sobre la existencia de rutas comerciales que van más allá de los contactos costeros, lo que sin duda nos marca la importancia económica y política que edificios como el de Casas del Turuñuelo tuvieron durante la I Edad del Hierro", analiza Esther Rodríguez.

A pesar de los numerosos y sorprendentes descubrimientos, los arqueólogos advierten de que todavía queda mucho por investigar —apenas se ha prospectado un 20% de la superficie total del túmulo—, como el área de la planta inferior. "La próxima campaña está destinada a concluir la excavación de la estancia norte, donde documentamos los restos de un individuo inhumado, y del patio, donde quedan por concluir la excavación de tres caballos, los pasillos perimetrales y la puerta oriental, entrada principal a este espacio", cierra la codirectora del proyecto. Casas del Turuñuelo todavía tiene muchos secretos que desvelar.