El sonido de los disparos y los gritos de los civiles eran el pasado. En agosto de 1945, hacía más de dos meses desde que Adolf Hitler había muerto y Alemania se había rendido. Mientras en el Viejo Continente se trataba de reiniciar una vida de paz al margen de la destrucción, a miles de kilómetros al este el combate continuaba.

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Cuando comenzó la batalla de Okinawa, en Europa se encontraban a tan solo un mes del final de la guerra. La idea era conquistar aquella isla a tan solo 500 kilómetros de Japón para atestar un golpe mortal que desembocara una derrota nipona. De esta manera, la Armada de los Estados Unidos y sus aliados reunieron una flota compuesta por 330 buques de guerra y 1.139 buques de transporte.

Durante dos semanas los americanos atacaron Okinawa con cargas de artillería hasta 21 veces más potentes que el bombardeo a las defensas nazis en el Día D. 170.000 estadounidenses desembarcaron en las playas de la isla y fue allí mismo, mientras luchaban contra las fuerzas japonesas, cuando conocieron la noticia del final de la guerra en Europa. A ellos les tocaría aguantar hasta el 21 de junio, cuando por fin la isla fue tomada.

Desembarco estadounidense en la isla de Okinawa, el 13 de abril de 1945. Administración Nacional de Archivos y Registros

Esta cruenta batalla se llevó consigo la vida de alrededor de 20.000 hombres, mientras que las bajas japonesas ascienden hasta los 100.000. Por otro lado, 7.000 japoneses se rindieron, una cantidad insólita hasta aquel momento. Asimismo, Okinawa no era una isla inhabitada. La batalla alcanzó a aproximadamente 40.000 civiles.

Simon Bolivar

Entre todas las bajas que hubo, la muerte del célebre teniente general Simon Bolivar Buckner, Jr. fue una de las más relevantes a nivel simbólico y mediático. Nacido en Kentucky en 1886, era hijo de de Simon Bolivar Buckner (padre), hijo de un general que combatió a favor de los confederados en la Guerra de Secesión.

Siguió los pasos de su padre y se enroló en el Ejército. Tras varias operaciones en Alaska, fue movilizado a Hawái para iniciar los preparativos de la batalla de Okinawa. Allí fue donde un proyectil le alcanzó el pecho.

El teniente general Simon Bolivar Buckner, Jr.

Las heridas eran demasiado graves y Simon Bolivar Buckner, Jr murió el 18 de junio de 1945, tan solo tres días antes de la victoria final. Su muerte resultó ser la víctima americana de mayor rango a lo largo de la contienda. 

Los soviéticos por el norte

Pese a la derrota japonesa en una zona tan crítica como Okinawa, la guerra parecía alargarse. "Era un claro aviso de lo que les esperaba a los americanos si invadían las principales islas japonesas", se explica en el documental La II Guerra Mundial en color. Estados Unidos estimaba que de seguir así, 250.000 vidas americanas más se perderían si Japón no terminaba de rendirse.

Ni siquiera las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, en la que murieron 80.000 y 40.000 personas, retiraron al Imperio japonés de la guerra. No obstante, los enemigos se le incrementaban.

Marineros estadounidenses y soviéticos en Alaska, celebrando la rendición del Imperio del Japón en 1945.

Joseph Stalin había afirmado en 1943 que una vez derrotado el Tercer Reich, Japón sería su objetivo. Así, el 8 de agosto de 1945, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón y comenzó la batalla de Manchuria, donde los comunistas invadieron el Estado títere japonés de Manchukuo. Solo entonces, cuando ambas potencias de ideología antagónica amenazaban la supervivencia de Japón, decidieron estos poner fin a la guerra.

El 15 de agosto sucedió lo que debía haber ocurrido meses antes. Aquel día el Océano Pacífico dejó de absorber cadáveres La guerra había terminado también en el Pacífico y la Segunda Guerra Mundial, la última a esta escala, ponía el punto y final que tanto se esperaba. Este 2020 se cumplen 75 años del cese de fuego en el Pacífico.