La escena corresponde a una discusión acontecida en diciembre de 1962 en el penal de Burgos, la "universidad" de los comunistas encarcelados por el franquismo, entre el preso vasco Ramón Ormazábal y Manuel Moreno Mauricio, antiguo guerrillero y secretario de organización, librado de la pena de muerte por la inverosímil intervención de Eva Perón. El primero reclama pasar a la acción ante los vientos de cambio que agitan España y tambalean los pilares de la dictadura. Aquí no hemos venido a estudiar, exclama a sus camaradas. El segundo, más pragmático y curtido, rebaja sus ánimos. Así arranca y así se titula el nuevo libro de Enric Juliana (Badalona, 1957), editado por Arpa, unas memorias particulares y personales sobre el régimen de Franco, las guerras en el seno de sus opositores clandestinos y los primeros compases de la democracia. "En esta obra he querido explicar cómo veo y entiendo el país", señala el periodista. Y también rescatar a personajes relevantes que no salen en la fotografías.

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¿Por qué a partir de la figura de Manuel Moreno Mauricio se pueden vertebrar las cuatro décadas de dictadura y los primeros años de democracia?

Él vive tres episodios que lo explican todo. Es un hombre que ingresa en la militancia política al estallar la guerra bajo el concepto de que había que organizarse para ganar. Va al exilio, combate a los alemanes con las Fuerzas Francesas del Interior y al acabar la guerra hay un momento importantísimo que se ha explicado poco: el primer impulso de aquellos jóvenes que intentan la ocupación del Valle de Arán y crean distintos focos guerrilleros dentro del país. Toman decisiones que son de altísimo riesgo pero conscientes de que había alguna posibilidad de éxito.

De hecho, Moreno Mauricio es condenado a muerte.

Y se salva de forma absolutamente rocambolesca. En la prisión vive otro momento fundamental, los años 60, cuando en España vuelven a producirse cambios: la dictadura sale del aislamiento, consigue abrirse políticamente en un momento que se dirigía a la bancarrota… El Plan de Estabilización produce una serie de cambios que fueron muy rápidos —entre 1960 y 1974 el crecimiento anual de la economía fue del 7%—. Y ahí se revela el núcleo del libro: la discusión entre presos comunistas ante los cambios que perciben y cómo se lee. Es una nueva bifurcación de visiones dramática porque significa hacer unas cosa u otras; y desemboca en otro debate político fuera de la cárcel, la disidencia de Semprún y Claudín…

Después, Manuel todavía vive la muerte de Franco, la llegada de la democracia y otros dilemas. La sociedad les dice que muchas gracias por lo que han hecho como oposición pero nuestra apuesta es Europa y no queremos dar protagonismo político a aquellos que han estado en el combate, tanto franquistas como comunistas. Es la historia del siglo. En esa biografía personal están elementos básicos del siglo xx vividos desde esta óptica.

Viendo cómo se expresa ahora el país, sería imposible la Transición

En el libro también incide mucho en la figura del economista Joan Sardà Dexeus, que pasó del republicanismo a ser el pilar del Plan de Estabilización del franquismo. El salvador de Franco. ¿Se ha olvidado su papel?

Los economistas lo tienen muy bien considerado, hay un reconocimiento muy claro. Lo que ocurre que es un hombre que no quiso nunca tener protagonismo político. No quiso ponerse de puntillas en la foto del desarrollismo pese que había concebido el plan en sus aspectos más importantes. Su paradoja me parece extraordinaria para romper con esas visiones maniqueas de la historia.

Simpatizó con ERC, asesoró a Tarradellas en 1937 para realizar los decretos que armaron la economía de guerra de la Generalitat, se marcha al otro lado, a Burgos, donde tenía familia, su tío le ayuda a blanquear el expediente, logra ubicarse como catedrático de Economía en Santiago y al cabo de un tiempo se va a trabajar a Caracas como asesor del Banco Central de Venezuela. Entra en contacto con el FMI y con el Banco Mundial. Y Mariano Navarro Rubio, ministro de Hacienda, le propone dirigir el servicio de estudios del Banco de España por sus contactos. De los tecnócratas que empiezan a urdir la apertura económica de España, Sardà es el que estableció las líneas básicas.

Y usted escribe que desde 1959 la política económica de España ha seguido el mismo camino: turismo e inversiones extranjeras.

España no ha cambiado en política económica desde 1959. Ha habido modulaciones, interpretaciones a derecha e izquierda. Fuentes Quintana, Miguel Boyer, Solbes, Rato, Nadia Calviño… Yo no veo irrupción. Esto sobre todo se ve si lo comparas con otros países. En Portugal, por ejemplo, hay un momento de ruptura en 1974 con las nacionalizaciones. Y en Francia con Mitterrand.

Portada de 'Aquí no hemos venido a estudiar'. Arpa

¿Un legado positivo de la dictadura?

Bueno, creo que el Plan de Estabilización marca una impronta muy importante que es la apertura al exterior, que es lo que ha caracterizado la economía española desde entonces, y las angustias del momento actual vienen de ahí. ¿Porque de qué estamos hablando? De cómo recuperar el turismo y de la industrialización. Pues estos eran los dos pilares del plan de 1959.

Pero al mismo tiempo que se ponía en marcha esta modernización, la represión siguió siendo implacable hasta el último suspiro, como se ve en la cárcel de Burgos.

Había liberalización económica, no política. De ahí la discusión que tienen los presos que luego cobra fuerza dentro del PCE. Unos ven que hay huelgas, que el franquismo está cayendo porque la gente protesta en la calle; pero hay otros que dicen lo que está pasando es que al mejorar las condiciones de vida la gente está perdiendo el miedo, la tensión social se incrementa y se expresa, pero no quiere decir que la dictadura vaya a caer, sino que se va a enfrentar a otras dinámicas.

Y formaba parte también de la discusión del régimen. El gobierno quedó dividido, se produjo un enfrentamiento muy duro que duró dos años entre los tecnócratas y los que venían del "Movimiento", los de la camisa blanca y la camisa azul. Era una lucha de poder, pero tenía un trasfondo ideológico. Para los falangistas el levantamiento de 1936 tenía como objetivo el restablecimiento de la armonía social y la superación de la lucha de clases. En el momento en que los tecnócratas dicen que hay que acelerar el capitalismo, los otros saben que volverá el conflicto social. Los falangistas lo perciben como algo que de alguna manera agredía su concepción de lo que tenía que ser España.

La monarquía no va a caer porque habría que abolir la Constitución, y eso no va a pasar

¿Qué queda del franquismo en la España actual?

España ha cambiado mucho en todos los aspectos, se ha democratizado y hay ya una gran mayoría de españoles que nacieron después de la muerte de Franco. Nunca habíamos tenido un país educado en democracia. En la República no dio tiempo… ¿Queda nostalgia del franquismo? No, muy poca, ni siquiera los que hoy hacen planteamientos de extrema derecha invocan demasiado el franquismo. Todo aquello está muy muerto. Los que creen que la respuesta a los problemas actuales debería hacerse bajo sesgos más autoritarios no se atreven a reivindicar a Franco.

Lo que sí queda, y esto nos costará más de lo que creíamos, son dos cosas: las estructuras del poder que había democratizar más en profundidad, como las relaciones en algunos sectores de la judicaturas. Y después queda la herida de la Guerra Civil, que es más profunda. No hay riesgo de volver a la Guerra Civil, pero esta ahí, el día que hace mal tiempo duele.

¿Y cómo la curamos de una vez por todas?

Con paciencia y empeño. Los enfrentamientos fueron tan duros que han dejado un dolor muy profundo que va pasando de generación en generación. Viendo cómo se expresa ahora el país, sería imposible la Transición. Fue posible porque sus protagonistas eran los hijos y nietos de los que hicieron la guerra. Tenían una premisa absoluta: no hay que volver a repetir aquello. Y ahora es distinto, es el momento de los bisnietos, tiene un carácter más sentimental y simbólico.

Esta semana, en el plano político, veíamos a Vox rememorar el asesinato de Calvo Sotelo y utilizarlo contra el PSOE. ¿Preocupa el resurgimiento de estos discursos guerracivilistas?

En 1977 se levanta alguien en el Congreso rememorando el asesinato de Calvo Sotelo y el país enmudece. Ni siquiera a Blas Piñar, el único diputado de extrema derecha, se le ocurriría. Ahora sí porque ha pasado el tiempo. Creo que hay una tremenda frivolidad. Todo esto tiene un componente teatral muy grande, forma parte menos del pasado de lo que nos parece. Forma parte de lo inquietante del futuro. Son réplicas de lo que ha significado Trump en el mundo como mutación política. El lenguaje de que tienes que llamar la atención constantemente, y esto está actuando como un patrón internacional. Si pones a Calígula de emperador te salen cien Calígulas en las proyecciones del Imperio romano.

La historia del PSOE es dramática, su gran mérito es no haberse roto nunca

¿Las guerras civiles internas son inherentes a la izquierda? Lo vemos en el libro y también en la actualidad.

Sí, porque mantener estable una organización política es muy difícil a menos que forme parte de algún instrumento del poder. La historia de la democracia en lo que se refiere a estas organizaciones es la historia de la inestabilidad. La historia del PSOE es dramática, su gran mérito es haber sobrevivido, no haberse roto nunca. Una de sus fuerzas es que le ha pasado de todo pero al final está ahí. Fíjate en lo que sucedió cuando echaron a Sánchez… La relación entre la sociedad y los partidos es compleja, bastante utilitaria. El reto de Unidas Podemos es no romperse. La gente valora mucho el sufrimiento de los políticos.

En el epílogo se pronuncia de forma muy pesimista en cuanto al futuro de lo que llama la "modesta España". ¿La epidemia nos dejará una sociedad más enfrentada?

Desearía que las cosas saliesen bien, pero tengo temores que los he querido expresar ahí. ¿Ahora mismo qué tenemos? Una crisis sanitaria que no remite, que no sabemos cómo acabará, una crisis económica en ciernes de dimensiones desconocidas, un lío tremendo en la UE a la hora de decidir las ayudas a los países más afectados; tenemos la monarquía en crisis, el sistema de partidos, la crisis territorial de Cataluña abierta, que no se cierra, con elecciones en otoño… ¿Falta algo más?

Visto así, el panorama es desolador.

Aunque creo que esto, situado en el contexto histórico ya nos habría conducido al fondo del mar ¿Por qué aguanta el país? Porque estamos en la UE y porque los españoles son demócratas; y pese a todos los problemas del momento, la mayoría sigue creyendo en una solución positiva. El problema vendrá cuando esta gente empiece a disminuir. Para mí la clave está en Europa, pero vamos a pasar una dura prueba. Lo que temo es una agudización de las tensiones y una desmoralización pública. El tema de la monarquía es lo que más me preocupa, pero no en el sentido como dicen algunos de que va a caer. No va a caer ni a corto ni a largo plazo porque está inscrita en la Constitución, habría que abolirla y eso no va a pasar. El problema con el Rey emérito es la desmoralización publica porque puede tener efectos negativos para el sistema democrático. Este factor es crucial para próximos meses y el problema de Juan Carlos I es que va en detrimento de la moral cívica.