El castro de Viladonga, situado en la provincia de Lugo, uno de los yacimientos que más datos han arrojado sobre la cultura galaico-romana, sigue siendo una caja de sorpresas. En la anterior campaña de excavaciones, los arqueólogos, liderados por Miguel Ángel López Marcos, descubrieron un aljibe monumental con una capacidad para almacenar más de 80 metros cúbicos de agua. El hallazgo fue "un bombazo" porque cambiaba la historia del asentamiento: el depósito, desarrollado bajo las murallas del poblado, data del siglo III a.C. y constituye la evidencia de que el recinto ya fue ocupado en una etapa prerromana.

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Los nuevos trabajos de investigación, iniciados el pasado mes de diciembre y que se han visto interrumpidos un tiempo por la crisis del coronavirus, se centraban en terminar de excavar el aljibe y consolidarlo. Pero hace unos días, el arqueólogo y conservador ha desenterrado un auténtico tesoro: un hacha votiva única, también del siglo III a.C. Se trata de una pieza de bronce de 13 centímetros de longitud y 22 gramos con una decoración compleja, mucho más rica que la de otros ejemplos documentados en Cariño (A Coruña), Lalín (Pontevedra) o Mondoñedo (Lugo).

"Es el hacha votiva mejor conservada y mas espectacular de las que hay en Galicia", explica a este periódico Miguel Ángel López, ahora director de restauración del proyecto de puesta en valor del castro de Viladonga impulsado por la Xunta. "Es una pieza que está asociada a ritos sacrificiales desarrollados en la segunda Edad de Hierro en el noroeste peninsular, que probablemente llevase colgada al cuello un chamán durante la ofrenda. El hecho de que haya tres animales representados de la da una riqueza enorme". Además de los los sogueados o el torques, el colgante describe un prótomo de toro, un jabalí en la zona mesial, y un prótomo de carnero en la zona distal.

El arqueólogo Miguel Ángel López, en el momento de descubrir el hacha votiva. Cedida por el protagonista

El extraordinario hallazgo se ha registrado en una zona del aljibe que también permanecía inédita, que no se pudo excavar la campaña anterior porque las lluvias invernales llenaban de agua el depósito, y donde han salido a la luz unas escaleras de acceso "que potencian su monumentalidad". En el fondo, en unos niveles muy bajos, la paleta de Miguel Ángel López, quien también conduce una misión arqueológica en Egipto, desenterró el hacha sacrificial junto a una fíbula de travesaño, vestigios de cerámica, carbones y huesos animales.

"Otra de las cosas únicas del aljibe es que generó un ambiente anaeróbico que que ha permitido conservar los restos óseos, algo rarísimo en Galicia por la humedad del suelo", destaca el experto. Ahora los analizarán en el laboratorio para obtener pistas sobre la dieta que tenían estos habitantes galaicos, una información poco conocida por la ausencia de evidencias a estudiar.

Detalle del prótomo de toro, en la parte de arriba del hacha. Miguel Ángel López

Tanto el aljibe, construido sobre la roca y que debió de estar cubierto por las losas que se han documentado en la zona, como el hacha votiva son dos nuevos atractivos del castro de Viladonga, un yacimiento de imponente presencia en el paisaje del noreste de la Terra Chá lucense y en donde se llevan realizando excavaciones arqueológicas desde los años 70. En el museo del sitio se conservan hallazgos sobre todo de los siglos II-V d.C., de época romana, aunque algunos también se remontan a los siglos II y I a.C. Ahora, la historia y la ocupación de poblado se retrotrae un poco más atrás en el tiempo. 

"La gran estructura se desarrolla en origen bajo la muralla, lo que garantiza su antigüedad del siglo III a.C. y constituye una construcción única hasta ahora en el yacimiento de Viladonga", valora Miguel Ángel López, y señala que con toda seguridad habría más aljibes en el asentamiento. Para reconfirmar esta cronología, los arqueólogos también han localizado restos de estructuras vegetales, de cabañas, sobre las que posteriormente se construirían las casas de piedra, algunas con varios pisos, de "una complejidad brutal".

Imagen aérea del Castro de Viladonga, con el museo al fondo. Museo de Viladonga

Si en Viladonga ya había una pequeña sociedad asentada antes de la llegada de los romanos, ¿es posible que se registrara un asedio? "No hay vestigios de ello, no hay evidencias de armas. Es un proceso de aculturación que tenían más que ver con los pactos", sentencia el investigador. Viladonga sigue siendo un enclave fundamental para el estudio y la reescritura de la historia del mundo castrexo.